“Son las 17:30 del último día de la década. Hace unos meses pensé que estarías a mi lado, al igual que pensé que estarían mi abuela y ciertos amigos. Y ahora estamos aquí, en el final del primer cuarto de mi vida y no estás. Hace unos meses atrás, estarías conmigo en estos instantes y no estaría escribiendo un texto como el que ahora mismo se encuentra entre tus manos. Hace unos meses pensábamos en lo gracioso que sería que yo te llamara a las 18:00 para gritarte el feliz año nuevo. Pero ya no hablamos y ya no me importas tanto cómo creí que me importabas. Hoy, sé que pasaré a una década nueva, pero de esta me llevo a gente genial. Y entre ellos me llevo al que podría ser el amor de mi vida. Es a él a quien voy a llamar a toda prisa en cuanto toquen las campanadas para decirle que lo amo con toda mi alma y que voy a hacer todo lo humanamente posible para amarle y cuidarle cómo sé que se merece. Porque puede que desapareciéramos accidentalmente de la vida del otro durante unos meses, pero eso no quita que él es de las personas que más cuida de mi. En algunas cosas él también es infantil, pero es su inocencia, su risa, su ser entero lo que quiero en 2020. Terminé el 2018 con el corazón roto, y mira por donde en 2019 por fin lo tengo arreglado. No lo paso contigo, ni con el de hace un año, sino con alguien mejor que le quiero más de lo que os quise. Esta, será mi década, nuestra década”
— María I, “31 de diciembre, el fin de nuestra década”
















