flashback, jihoon x zara
participantes: Kang Ji-Hoon y Jung Zara.
marco temporal: noche del 14 de Febrero, fiesta de San Valentin.
***NOTA: Se trata de la continuación a esta conversación.
J: Tanto Cyan como Zara parecían estar conectados, ¿es que ambos iban a insistir en cuanto a la princesa? Al escuchar a la asesora de imagen hablar, el príncipe de Nueva Asia no pudo evitar rodar los ojos—. Descuida, el desagrado es mutuo —y esperaba que no fuese capaz de idear un plan tan estúpido como aquel, además no tenía pensado aceptar dicho destino. El siguiente tópico que la menor había decidido tocar en su conversación no era su favorito, mas estaba agradecido que dejasen de hablar sobre la princesa. Jihoon se cruzó de brazos y observó un punto fijo por unos minutos, pensando en qué debía responder—. Podría decirse que una vez, cuando tenía diecisiete años… —confesó, recordando entonces el rostro de la muchacha—. Era una persona muy dulce y demasiado torpe —bajó la mirada, dejando que una sonrisa divertida se dibujase en su rostro—. Supongo que me enamoré de su calidez, de la forma en la que siempre intentaba cuidar de los demás y con suerte podía no tropezarse al caminar —sin darse cuenta, rió un poco. Seguía apreciando a esa muchacha, mas su corazón había dejado de alborotarse con cada vez que su rostro cruzaba su mente tiempo atrás—. Por ella dejé de luchar un par de meses, solía llorar cada vez que volvía con heridas en mi cuerpo y no era agradable verla así —recordaba perfectamente cada una de esas escenas, la menor esperándole con lágrimas en sus ojos al ver que, otra vez, había salido lastimado. Jihoon suspiró y se medio giró hacia su acompañante—. Pero es una historia aburrida, no creo que quieras saber todo… ¿Cómo estará ella ahora? —preguntó al aire, dando a entender que había pasado un tiempo ya desde que no le veía.
Z: Decidió dejar el tema atrás, buscar una tregua en el futuro ya que en ese momento no había mucho más contenido qué decir, sobretodo porque ella analizaba las cosas en una manera poco realista; En una que servía sólo para remover el mal humor en el príncipe. Su mirada parda se pierde en el paisaje ofrecido por esa fiesta, el anonimato de sus participantes y telares coloridos, todos ellos no dejaron pasar de largo su respuesta. Imaginaba esa clase de respuesta, una espina que había sido incrustada en su férreo corazón y qué, parecía, estar cicatrizada pero como toda herida; Esta ahí, lista para ser revuelta en cualquier momento. Zara podría tener una carrera exitosa, ser muy bella, tener carácter y el dinero suficiente como para distraer su mente pero la travesía que el amor traía era un camino que todavía no había recorrido. Su madre se había encargado de incrustarle en la cabeza aquél raciocinio, demostrándole qué era amor de las formas menos convenientes y dejarla fuera de su ala como un ser extremadamente álgido, con imposibilidades de sumergirse en la felicidad genuina. Envidiaba que el joven hubiera tenido su propia historia de amor, una pizca de lo que veía en aquellas películas románticas que tanto le desagradaban, muy lejanas a su realidad. Había sido querida, empujada por las olas de la afición pero de alguna forma u otra escapaba, huía porque no era conveniente, porque de alguna forma u otra le temía. Inspiró, alejando sus cavilaciones, procurando que no regresen por un buen tiempo, y decidió hablar de una vez por todas;─Bueno, a mi parecer es…peculiar tu historia, ¿peleas callejeras, dijiste?─Reitera, captura esa imagen en su cabeza; ¿qué grande es la tormenta que llevaba dentro el joven? A su parecer él era mucho más relajado, algo infantil pero con un aura diferente a la que le había mencionado.─Quizás cuando regreses puedas averiguarlo, no lo sé, son suposiciones.─Se encogió de hombros, restándole importancia cuando, siendo franca, rezaba para que su consejo no le llegara a traer consecuencias.─Al menos que hayas enterrado el pasado.─Se corrige, rogando que el hemisferio que trazaba con los demás no sea disuelto con una pregunta clave que bajaría su guardia al instante.
J: Recordaba a la perfección a quien había sido su primer amor. Era un par de años menor a él, mas no lo parecía. Al recordar la calidez propia de la muchacha, Jihoon sonreía. Sin duda alguna, era un buen recuerdo. La voz de Zara le hizo volver al momento en el que estaba viviendo, alejándose nuevamente de los recuerdos—. Peleas callejeras —repitió, asintiendo con la cabeza—. Solía participar con frecuencia en mi adolescencia… Eran un ingreso extra —creyó necesario agregar, pues, si bien el boxeo le gustaba, no había comenzado a participar en dichas peleas por gusto. Por aquel entonces el trabajo de su madre iba de mal en peor y era difícil mantenerse con sus diferentes trabajos de medio tiempo, ¿qué más podía hacer? No estaba orgulloso de todas las cosas que había hecho en todos sus enfrentamientos, mas tampoco se avergonzaba por haber participado con dicho fin—. Lo que menos quiero es enterrar todo lo que he vivido, no quiero olvidarme de lo que viví ni perder quién soy —era por este mismo pasado que intentaba cambiar las cosas, crear conciencia tanto en quienes se encontraban en la cima de la pirámide social y de los que estaban muy por debajo. Era por todo lo que sabía que hacía todo lo posible para arruinar la imagen del Rey de Nueva Asia y por lo que hacía muchísimas cosas más—. Pero tampoco creo buscarla, no quiero ocasionarle más problemas… —siempre se había considerado un gran problema para ella, especialmente en las primeras semanas después de la muerte de su madre.
Z: Visualiza, con poca imaginación, la violencia a la que fue arrastrado el joven heredero. Las historias que llegaban a sus oídos rozaban casi la ficción, la reina tenía una lengua bastante filosa y su madre no tardaba en sacar esos tópicos a la hora de la cena. Claramente podía imaginar a su primogénita pegando el grito en el cielo cuando supiera con quien se había vuelto cercana en su estadía en el palacio, aquél diablillo que le desagradaba sin ninguna razón coherente. Mordisqueo su labio inferior sin saber qué decir, temiendo cruzar líneas que podrían ser sensibles para el muchacho.─Te veo incapaz de matar a una mosca honestamente.─Admitía que tenía un aura intimidante, cuando se encontraba serio parecía tener murallas a su alrededor pero una vez que se lo conocía podía verse todo lo contrario; Un ave con el ala rota que insistía en querer volar. Justo allí pudo encontrar un punto en donde no congeniaban; Zara estaba desesperada por olvidar su pasado, Illéa era el comienzo pero cada vez parecía ser arrastrada a la tormentosa relación que tenía con su madre. Intentaba ser más amable, abrirse un poco más con los demás pero al final del día siempre se encontraba sola, en el mismo punto.─ Me refería a tu relación con ella.─Comenta, sabe de todas formas que en general es difícil soltar algo que marcó tu vida.─¿¡Tú!? ¿¡Un problema!?─Se permite bromear, cambiar la vibra de la conversación o al menos hacerla un poco más llevadera. Sabe que no era querido por la gente de su palacio, era una carga pesada que parecía hacerse más grande con el pasar del tiempo pero a sus ojos no lo veía tan mal.─Estás muy lejos de eso, al menos para mí.─Podía ser molesto pero no se comparaba con su madre.─
J: Al escuchar a la muchacha, Jihoon volvió a sonreír. Sabía que su madre, quien odiaba verle volver a casa con heridas de diferentes gravedades en diferentes partes de su cuerpo, estaría muy feliz de haberle escuchado a Zara decirle aquello. Gracias a la gran red de mentiras que el Rey había elaborado, eran muy pocos quienes conocían la historia de aquel joven que de la noche a la mañana se convertía en miembro oficial de la familia real. Solo aquellos que le conocieron por aquella época eran capaces de reconocer cuán duro había trabajado para sobrevivir, cuánto había sacrificado—. Nunca he matado a nadie, pero mentiría si te dijese que jamás dañé a nadie de gravedad —no era una faceta que le agradase mostrar a alguien como Zara, mas tampoco le gustaba la idea de ocultar quién había sido. Aprovechó la cercanía de uno de los camareros y tomó de su bandeja dos copas, una de ellas destinada a ser ofrecida a la asesora de imagen—. Fui criado por una madre soltera que había perdido su trabajo y le era difícil encontrar uno nuevo… No podía darme el lujo de elegir para sobrevivir —un plato de comida frente a él era algo que agradecer y el techo sobre su cabeza algo más bien incierto, nunca se sabía cuándo las cosas volverían a empeorar. A diferencia de sus medio-hermanos y los príncipes de otras naciones, Jihoon había tenido una infancia y adolescencia sin lujos. La mayoría de sus ropas eran sacadas de la caridad y creía haber tenido uno o dos juguetes en toda su vida, los cuales había tenido que vender ni bien su adolescencia llegaba—. Los sentimientos cambian con el tiempo, creo que ambos hemos logrado superarlo —si bien no había cruzado palabra con la muchacha por años, creía conocerla lo suficiente como para saber que no viviría en el pasado y seguiría adelante. Escuchó la broma de su acompañante y no pudo evitar reírse, llevándose a continuación su copa a los labios—. Eso es porque me agradas, puedo ser un gran dolor en el trasero si quiero —soltó, divertido.
Z: Eran vidas paralelas obviamente, dos mundos casi opuestos que se habían topado por casualidad del destino y más extraño aún es que se llevaban bien, o al menos hasta ahora. Escuchar su versión de la historia era más que interesante, mostraba la otra cara de la moneda que parecía haber sido enterrada, sin oportunidad de salir al exterior. Comprendía porque el Rey parecía desesperado por ocultar esa matiz oscura de su historia pero por otra parte lavarse las manos simplemente no era la solución final, ni la más favorable.─Imaginaba que sí, de eso no tengo dudas.─Admite tratando de restarle importancia a la confesión difícil de digerir, no quería que el se sintiera mal pero tampoco quería pretender que todo le daba igual, era fácil ir por la última opción para Zara pero esta vez no era lo correcto. Tomo la copa ofrecida, distrayéndose por unos segundos del hilo de conversación que estaban manteniendo. Da un sorbo, oyendo con atención la historia que le estaba contando, muy diferente a la suya pero al fin y al cabo el cariño era algo que Zara no pudo tener, tardo varios años en darse cuenta que sin aquello los demás privilegios que podría tener no valían nada. Nuevamente se encontraba en la enredosa situación de no saber que decir, cuales serían las palabras indicadas para poder sobrellevar ese tópico tan personal (y seguramente doloroso para el muchacho).─Hiciste lo que tenías que hacer, nadie puede juzgarte por ello.─Ni siquiera ella, quien no tardó en convertirse en todo lo que odiaba de su madre una vez que fue creciendo, tuvo suerte de que su terapeuta pudo cortar ese destino marcado pero aún los fantasmas rondaban a la vuelta de la esquina.─¿Ni siquiera ser amigos?─Insiste con picardia, era típico de ella querer buscar algún tipo de flaqueo aunque sabe que no encontraría la información que quería. La copa juega entre sus dedos, oyendo al castaño con una de sus cejas alzadas.─¿Es una clase de amenaza?─Bromea, doblega sus dichos a su manera ya que sabe que el castaño comprendería.─Podría lidiar con eso, aguante cosas peores…─Un suspiro acalla su frase, por su bien prefiere no tocar ese terreno, quizás porque era un tanto vergonzoso contar a los cuatro vientos que su fantástica vida en realidad no era tan mágica como solía pintarla frente a los demás.
J: Había escuchado cientos de rumores sobre quién había sido antes de llegar al palacio, rumores que fueron propagados con el fin de esconder su verdadera historia. Un gran porcentaje de la población de Nueva Asia creía que no era más que un muchacho maleducado y desagradecido con su padre, creyendo en las mentiras que se les había contado. Jihoon fue un niño con una buena infancia, jamás le faltó un techo ni un plato en su mesa e incluso había tenido una gran educación (la cual, por supuesto, no había sabido apreciar)… O al menos eso decían las historias propagadas por el mismísimo Rey en público. El príncipe extranjero se medio giró hacia su compañera y mantuvo una sonrisa sincera en su rostro—. Quizás haber venido hasta aquí no haya sido tan malo, agradezco haber conocido a alguien como tú —no estaba acostumbrado a que las personas estuviesen de su lado y si bien no era una experiencia nueva, sí una que rara vez se daba. Volvió su mirada al frente, bebiendo de su copa. No volvería a tocar el tema de las peleas callejeras con Zara a menos que ella fuese quien quisiese hacerlo, podía notar su incomodidad y prefería evitarle el mal rato—. Si fuésemos amigos, podría volver a enamorarme de ella y eso sí sería un problema —soltó, dejando escapar una carcajada. En realidad dudaba de poder volver a enamorarse de aquella muchacha, sus sentimientos habían quedado en el pasado y parecían no ser capaces de volver. Al escuchar el comentario de la asesora de imagen, enarcó una de sus cejas—. Si tu madre es como la Reina, apostaría lo que fuese a que así es —tenía entendido que eran amigas y Jihoon tenía la teoría que nadie con buen carácter, ni corazón, podía tener tal relación con la bruja mayor.
Z: Conoce a la perfección las historias que nacían en ese palacio, ecos que se escuchaban en cada rincón del país, buscando tapar algo tan simple y complicado a la vez. Dudaba que algún ciudadano, en su raciocinio, buscara la otra versión de la historia, de hecho creía que ninguno tenía las agallas para exponer al mismísimo Rey, a excepción de Jihoon claro. La confesión del castaño cae como un baldazo de agua fría, provocando dudas e incluso la intención de pedirle que se retracte pero de alguna forma u otra se mantuvo callada por unos cuantos segundos.─¿Molesta? ¿engreída?─Busca bromear, agregar un tinte diferente a dicho tópico, quizás porque nunca había oído algo así. Era típico de ella dar una mala impresión, tarde o temprano sus demonios salían al exterior y transformaban todos sus procesos en cenizas. No sabía en que punto llegaría la hora de decepcionar al joven príncipe pero sabía que ese destino ya estaba escrito.─Uhm, ya veo.─Comenta al pasar, sin ánimos de volver a tocar el tópico ya que parecía enterrado, y hasta cierto punto ella podía ser insistente. Da otro trago, siendo el último de su copa y luego vuelve la mirada al castaño, no sabe que información podría dar de ella. ¿Qué tal si ella pierde el trabajo por su culpa? Claramente no llegaría con vida a su casa, y es por eso que con un simple asentimiento da una respuesta algo certera.─No es exigente con el arroz pero con otras cosas sí.─Por ejemplo: Los trabajos que hacía Zara, sus comienzos son casi inexistentes ya que su primogénita se encargaba de romperlos, delante de sus ojos y sin ápices de arrepentimiento. Carraspea, intenta dejar el sabor amargo de aquél recuerdo atrás:─Debo volver a mi trabajo, los demás príncipes me necesitan.─Se excusa, apoyando su copa vacía en la mesa que decoraba el salón.
J: Rió por lo bajo, dejando una sonrisa en el rostro. Quizás se estaba volviendo loco, soltando demasiado sentimentalismo por todos lados—. Me refiero a alguien en quien creo poder confiar, es fácil hablar contigo —explicó, hablando con seriedad. A pesar de no conocer del todo a Zara, creía poder confiar en ella. Incluso se había planteado el contratarla como asesora de imagen personal cuando todo se acabase, buscando no perder contacto. Bebió lo poco que quedaba en su copa, escuchando con atención lo que la muchacha tenía que decir—. Espera —soltó abruptamente, bajando la copa hasta la mesa y tomándole por la muñeca para evitar que se fuese—. Has hecho un gran trabajo, me atrevo a decir que es el mejor traje que he usado —alagó, dedicándole una amplia sonrisa en lo que soltaba su muñeca.
Z: No se calificaría como alguien fácil, de hecho con el paso del tiempo se volvía mucho más enredosa pero comprendía a la perfección a lo que se refería. Tenía la costumbre de acallar todos sus pensamientos y guardárselos, soltando algunas mentiras que podrían sonar bonitas aunque hasta el momento su sinceridad con el heredero era pura, quizás porque no tenía problemas al oír lo que ella tenía para decir.─Tal vez.─Supone con un misterio forzado, estaba claro que no sería capaz de traicionarlo principalmente porque era muy individualista, no soltaría información de él por ahí, suficiente había hecho el Rey. Estaba lista para perderse nuevamente entre el amontonamiento de gente pero nuevamente es detenida, es el príncipe quien detiene su andar y la obliga a observarlo con curiosidad.─Lo sé, si fuera malo no estaría aquí.─Suelta socarrona, usualmente cuando entregaba su trabajo no solía recibir el reconocimiento que merecía como en Nueva asia, algo que lastimaba su ego pero era demasiado orgullosa para decirlo.─Una pena que no los uses seguido, te ves guapo.─Acota antes de desaparecer de la escena.










