Tengo que reconocer que hoy venía calentito calentito. Hasta hace cinco minutos tenía un hinchamiento de huevos importante. Estaba completamente decidido a una de dos: o poner a parir a las partes correspondientes o simplemente dejar constancia de mi hinchamiento genital y despedirme por hoy.
Pero qué narices, de eso hace ya, por lo menos, cinco minutos. Una ducha, el aislamiento de unos buenos cascos que te cantan con alegría, un par de pensamientos positivos, un folio y un lápiz...hacen milagros de los buenos: me vuelvo a ir a la cama sonriendo. Porque sencillamente no merece la pena. A ver, que alguien me lo explique: ¿para qué? ¿Tu a mi me vas a poner así? Ni de coña!!
El día puede haber sido lo que quiera haber sido (que a pesar de lo dicho no ha ido nada mal la verdad), pero al final, por la noche, ya da igual, se pasa página y se sigue, y se sigue sonriendo, porque como no sea así...
Por supuesto no valen sonrisas forzadas, valen las sonrisas de esperanza, de la certeza de saber que mañana va a ser cojonudo. Esa es la sonrisa que vale.
Y ale, ya está, me voy a pintar cuatro rayas y a irme a dormir. Aunque bueno, antes de eso tengo que hacer la foto para poder publicar esto...y luego me quejaré de que no me gustan, manda narices!!