Podemos: Ni carne, ni pescado
12 de abril de 2020, domingo de Resurrección para los cristianos, pero aquí en Euskadi la fecha de Pascua es sinónimo de Aberri eguna (Día de la patria vasca). Como curiosidad, por las circunstancias que ha provocado la crisis sanitaria, este Aberri eguna es el primero en muchos años en celebrarse de manera conjunta entre todos los nacionalistas, ya que se han visto obligados a hacerlo desde los balcones colgando ikurriñas.
El día de la patria vasca no es celebrado por todos los vascos, solamente por las formaciones abertzales. Este año, además de los habituales PNV y EH Bildu, Podemos Euskadi, a su manera, también llamó a la celebración. Después de hacer un comunicado más cursi que una tonelada de algodón de azúcar, en el que reniegan de la palabra «aberri» (Patria) para hablar de «herri» (Pueblo), pedían a la ciudadanía vasca que desde los balcones echaran un irrintzi.
En las elecciones generales del 2016 que acabó ganando Rajoy, Podemos perdió su duelo particular con el PSOE por convertirse en la primera fuerza de oposición, al no producirse el sorpasso. Una de las razones principales por la que no sucedió ese adelantamiento fue porque Podemos prometió un referéndum para Cataluña, porque entendían —y todavía entienden— que lo contrario al constitucionalismo defendido por las derechas españolas, es el separatismo que defienden los independentistas. Llegó el otoño del 2017 con los separatistas catalanes dispuestos a proclamar la independencia, y se pusieron de lado ante el 1 de octubre y la posterior simulación de declaración de independencia. Ni los independentistas les agradecieron el gesto, ni consiguió simpatías entre los catalanes no independentistas. Y es que en política cuando se sigue una estrategia ambigua, aunque lo disfracen de pragmatismo, no se llega muy lejos.
La formación morada en su cada vez más larga trayectoria, sigue sin aprender de los errores que cometió al principio de su andadura. Cuando Podemos Euskadi decidió no apoyar la huelga de enero convocada por los sindicatos nacionalistas, les lincharon; quisieron presentar a una candidata que no era vascoparlante —como en su día el PNV con Ibarretxe—, y les volvieron a linchar. El PNV, por su parte, no quiere saber nada de ellos a no ser que sea para pactar presupuestos. Pero Podemos, que parece sufrir un síndrome de Estocolmo con los nacionalismos periféricos, vuelve a intentar quedar bien con ellos y no se dan cuenta de que no los quieren en sus trincheras, que los desprecian por el mero hecho de tener un «proyecto español».












