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La Iglesia, la izquierda y la eutanasia
La recién extinta Teledonosti, ahora reconvertida en la televisión de la diócesis, emitía el otro día un programa donde aparecía el Obispo de San Sebastián en modo youtuber haciendo lo que sería –siguiendo con la jerga del interné– un Q&A (Questions and Answers), es decir, respondiendo a las preguntas de sus seguidores y del Señor. Quizás vaya por ahí la modernización de la Iglesia Católica.
En un monólogo donde respondía extensamente a un feligrés, el Obispo Munilla comentó que la vuelta a la normalidad, a la era post-pandemia, no podía pasar por permitir la eutanasia. Sin ser yo sospechoso de católico, le tengo que dar más razón que a un santo (Nunca mejor dicho). Nos están vendiendo la falta de cuidados y la dejación de funciones por parte del Estado en pro de la libertad individual como algo progresista, y vamos directos hacia la barbarie.
Estando en plena pandemia con más de 80.000 muertos que en un año habitual, según el INE; sin una ley de cuidados paliativos cuando decenas de miles de personas están sin recibirlos, según la AECC; por no hablar de los casi cuatro millones de parados con los que acabó el 2020. Resumiendo, sin garantizar una vida digna nos hablan de un inexistente “derecho a la muerte”. Resulta irónico pero mientras la Iglesia razona, las izquierdas absorbidas por el neoliberalismo, celebran aquello que los fachas gritaban de “viva la muerte”.
2 de noviembre: Aniversario del asesinato de Pier Paolo Pasolini
Le preguntaban en la revista «Vie nuove» sobre dar paga a los desempleados, algo que nos queda actual con el Ingreso Mínimo Vital, y esto contestaba el bueno de Pasolini:
«Cuando la limosna deja de ser un hecho privado y se convierte en un hecho estatal, oficial, entonces se convierte en una monstruosidad: humilla al obrero que recibe la limosna, y humilla al empleador obligado a darla, humilla al país en que esto sucede.
[...] Nosotros (los comunistas) no queremos limosna: nosotros combatimos y luchamos para que en Italia deje de haber paro, para que los salarios sean dignos y no para que los ricos prodiguen una pizca de humillante beneficios».
Las bellas banderas - P.P.P.
Contra la eutanasia y la izquierda neoliberal
Cada vez que llega la izquierda al gobierno, se replantea el debate de legalizar la eutanasia. Quizás sea por la “sensibilidad” producida en la sociedad española por la oscarizada película “Mar adentro”, pero el asunto entre nuestros parlamentarios, sobre todo por parte de las izquierdas, se trata con más moral que razón.
Como ya es costumbre en la triste política nacional, cuando el debate se planteó el pasado mes de septiembre, se hizo de manera maniquea y con argumentos falaces. Algún que otro parlamentario, con cierta superioridad moral, insinuaba que no apoyar la ley de eutanasia era algo así como alinearse con la extrema derecha o derecha extrema. De hecho, en un intento de retratar a la bancada derechista, el diputado Íñigo Errejón les preguntaba a ver dónde había quedado el liberalismo que tanto defienden. Es decir ¿Dónde queda el derecho del individuo a morirse como quiere?
A decir verdad, el expodemita no anda mal encaminado. La eutanasia moderna viene de la idea liberal del utilitarismo de John Stuart Mill, que sostiene que el único fin deseable es la felicidad. Según los utilitaristas, la vida se vuelve inútil en cuanto el dolor supera al placer. Por lo tanto, en el momento que una enfermedad se vuelve eterna, la vida deja de tener sentido y se debe ponerle fin. Es aquí cuando los defensores de la eutanasia nos plantean un falso dilema entre morir y sufrir. A día de hoy, la tecnología que hay desarrollada es suficiente como para que los enfermos no sufran y mueran tranquilamente sin necesidad de que alguien los mate. Además de la morfina y demás medicamentos que se utilizan para reducir el dolor, están los cuidados paliativos. Este tipo de cuidados, que se encarga de prevenir y aliviar los dolores de los enfermos, hay que matizar que son cuidados profesionales. Por consiguiente, cuando se habla del sufrimiento del paciente y de los familiares, el debate es falso. No porque no exista ese sufrimiento como tal, que obviamente sí que es real, sino porque en el momento que se omite la opción de los cuidados paliativos, no hay una elección libre de los pacientes a elegir entre vivir o morir.
¿Realmente existe en España la opción de los cuidados paliativos? Cualquiera que se haya interesado un mínimo en este tema sabe perfectamente que los cuidados paliativos no están suficientemente financiados como para desarrollarse de manera adecuada a todos los que los necesiten. En el mejor de los casos, las izquierdas apuestan por una eutanasia por compasión. Es decir, acabar con la vida del paciente para que deje de sufrir. Aunque la intención puede ser benévola, en el momento que se traspasa la línea donde ya no es la enfermedad la que mata al paciente, sino que es una persona la que se encarga de ello, se exculpa al Estado del cuidado de las personas porque se acepta como válida la opción de la muerte. De esta manera, se crea una demanda de la muerte que pone en peligro las vidas del resto.
Aun así, los partidarios de la eutanasia, desde su presunta benevolencia, pueden pretender hacer de la excepción la regla, valga el oxímoron. Cuando se da el debate, es habitual ver cómo ponen un ejemplo donde el acto de la eutanasia se da como algo poco frecuente. Pero ¿Qué nos asegura que sea excepcional? La ley está claro que no. No hay más que ver el caso de los Países Bajos, donde la eutanasia está legalizada desde los noventa, y este mismo año debatían aprobar la eutanasia para personas mayores de setenta años “cansados de vivir”. En ese mismo país, se dio el caso de una chica adolescente que pidió –y le concedieron– la eutanasia por tener depresión. En un contexto donde las ideas liberales están en expansión y la vida –sobre todo de nuestros mayores– importa cada vez menos (no hay más que ver la gestión de las residencias de ancianos durante la pandemia del Covid19), la eutanasia no tardaría en extenderse con facilidad.
Legalizar la eutanasia a día de hoy supondría dos cosas: Primero, un nuevo nicho de mercado; el mercado de la muerte. Por supuesto, los menos pudientes quedarían fuera de poder acceder a los cuidados paliativos. Convirtiendo así la eutanasia en una maquinaria de matar pobres. Segundo, un ahorro del gasto para el Estado. Estamos en una situación que se prevé que las pensiones serán inasumibles, por lo menos como las hemos conocido hasta ahora. Casualmente, esta medida beneficiaría al ahorro por parte del Estado al tener menos ancianos que asumir en el sistema de pensiones. No sólo eso, la eutanasia ahorraría los gastos en cuidados paliativos, ya que es más beneficioso envenenar a miles de ancianos que curar y cuidarlos.
Quien plantee este debate y afirme defender un “derecho a la muerte” inexistente sin tener en cuenta la lógica de la sociedad capitalista, es un idealista y por lo tanto, un reaccionario. Mientras tanto, las izquierdas parlamentarias, absorbidas por el liberalismo, se dedican a proclamar lemas vacíos como “poner las vidas en el centro” mientras reivindican la muerte mediante la dejadez de los cuidados por parte del Estado. A todo esto, hago la misma pregunta que Errejón pero del revés: ¿Dónde está la izquierda de inspiración socialista que reivindica el bienestar de las personas frente a los beneficios del capital?
Soviet Donostia
Michel Clouscard sobre el neocapitalismo: «Esta inversión [del capitalismo] consiste en atribuir al productor (proletariado) el negativo de nueva sociedad, y en atribuir al consumidor libertario el positivo revolucionario.»
Podemos: Ni carne, ni pescado
12 de abril de 2020, domingo de Resurrección para los cristianos, pero aquí en Euskadi la fecha de Pascua es sinónimo de Aberri eguna (Día de la patria vasca). Como curiosidad, por las circunstancias que ha provocado la crisis sanitaria, este Aberri eguna es el primero en muchos años en celebrarse de manera conjunta entre todos los nacionalistas, ya que se han visto obligados a hacerlo desde los balcones colgando ikurriñas.
El día de la patria vasca no es celebrado por todos los vascos, solamente por las formaciones abertzales. Este año, además de los habituales PNV y EH Bildu, Podemos Euskadi, a su manera, también llamó a la celebración. Después de hacer un comunicado más cursi que una tonelada de algodón de azúcar, en el que reniegan de la palabra «aberri» (Patria) para hablar de «herri» (Pueblo), pedían a la ciudadanía vasca que desde los balcones echaran un irrintzi.
En las elecciones generales del 2016 que acabó ganando Rajoy, Podemos perdió su duelo particular con el PSOE por convertirse en la primera fuerza de oposición, al no producirse el sorpasso. Una de las razones principales por la que no sucedió ese adelantamiento fue porque Podemos prometió un referéndum para Cataluña, porque entendían —y todavía entienden— que lo contrario al constitucionalismo defendido por las derechas españolas, es el separatismo que defienden los independentistas. Llegó el otoño del 2017 con los separatistas catalanes dispuestos a proclamar la independencia, y se pusieron de lado ante el 1 de octubre y la posterior simulación de declaración de independencia. Ni los independentistas les agradecieron el gesto, ni consiguió simpatías entre los catalanes no independentistas. Y es que en política cuando se sigue una estrategia ambigua, aunque lo disfracen de pragmatismo, no se llega muy lejos.
La formación morada en su cada vez más larga trayectoria, sigue sin aprender de los errores que cometió al principio de su andadura. Cuando Podemos Euskadi decidió no apoyar la huelga de enero convocada por los sindicatos nacionalistas, les lincharon; quisieron presentar a una candidata que no era vascoparlante —como en su día el PNV con Ibarretxe—, y les volvieron a linchar. El PNV, por su parte, no quiere saber nada de ellos a no ser que sea para pactar presupuestos. Pero Podemos, que parece sufrir un síndrome de Estocolmo con los nacionalismos periféricos, vuelve a intentar quedar bien con ellos y no se dan cuenta de que no los quieren en sus trincheras, que los desprecian por el mero hecho de tener un «proyecto español».
El «aguirrerismo» de Iñigo Urkullu
El PNV posiblemente sea la organización política con los objetivos más claros de todo el panorama español, aunque les duela este último calificativo. Pese a las diferencias que se puede tener con los jeltzales, la meritoria gesta de sobrevivir 125 años en política es como para felicitarles, sobre todo, teniendo en cuenta el convulso siglo XX en España. Y todo esto sería imposible de conseguir sin tener unos ideales claros.
La crisis del Covid-19 está agrietando polémicas que estaban de antes en el tablero y una de ellas es la cuestión territorial. Con el decreto de Estado de alarma, el Gobierno español recupera competencias que hasta ahora estaban en manos de las Comunidades Autónomas. Los dirigentes nacionalistas de Euskadi y Cataluña, no han tardado en salir a protestar por esta «invasión de competencias» o como llaman ellos, «155 sanitario». He aquí donde se ve la diferencia entre el fanático e inepto Torra y el taimado Urkullu. Mientras el President se dedica a lloriquear por el supuesto autoritarismo español, el Lehendakari golpea, retrocede y se protege cual boxeador. Es que el PNV, como explicaba al principio, tiene muchos años, viene con los deberes hechos y la lección aprendida. En la Guerra Civil el Lehendakari José Antonio Aguirre dio una auténtica lección de oportunismo político, tendiendo la mano a izquierda y derecha, a la República primero y a los sublevados después, pero le fallaron los tempos y por eso tuvo que huir exiliado, no sin antes dar una puñalada letal a los republicanos.
Este es el motivo por el que retrocede hábilmente el PNV, dejando a los de Torra como lo que son, los más tontos de España (y probablemente de Europa). Saben perfectamente que golpear ahora a este gobierno débil de nacimiento, podría tener la respuesta de las derechas nacionales más pronto que tarde. De ahí que los nacionalistas vascos, de manera astuta, se reserven para la batalla final, porque el desmantelamiento del Estado cierto que es lento, como le recriminan sus adláteres de EH Bildu, pero es una estrategia más terminante. El sibilino y aguirrerista Urkullu lo sabe y esperará lo necesario para ejecutarla, que después de 125 años, algo saben en Sabin Etxea.
Transferencias y la trampa del federalismo
Ahora que por fin hay gobierno, el PNV ya ha dicho que quiere negociar la transferencia de la Seguridad Social al Gobierno Vasco. El PSOE, por su parte, está dispuesto a negociar lo que sea por seguir en el poder. Por otro lado, tenemos la lucha por las pensiones que es una lucha digna y legítima. A día de hoy, es la única reivindicación del Estado que une a personas de todo el territorio. Pero cuando se reivindica unas pensiones dignas para Euskadi se está dejando de hacer por los pensionistas del resto de España
En enero en el País Vasco se nos presenta una huelga por las pensiones convocada por sindicatos y plataformas nacionalistas y yo me pregunto ¿Qué harán cuando se dé la transferencia los que hasta hoy reclamaban pensiones dignas –sólo– para Euskadi? ¿No se dan cuenta que con su visión nacionalista están dividiendo a los trabajadores de toda España? ¿O acaso eso es lo que pretenden? De todas formas, sea o no benévola la intención de los convocantes de la huelga, le están haciendo el caldo gordo al Gobierno y a la derecha nacionalista. Mientras tanto, como diría la canción, la burguesía ríe.
EURO2020 BAI!
Como la gran mayoría sabrá, el año que viene, 2020, se disputa la Eurocopa de fútbol masculino. Esta edición tiene varias peculiaridades que la hacen especial. La primera, es que a diferencia de las anteriores ediciones, el campeonato no se disputa en un solo país, sino que se celebran en varias ciudades de toda Europa. Esas ciudades son entre otras Dublín, Londres, Roma, San Petesburgo… y Bilbao. He aquí la segunda peculiaridad de esta Eurocopa. Que la ciudad vizcaína sea sede de la Euro2020 supone que la Selección española vuelve a jugar en el País Vasco, y esto es algo que no sucedía desde 1967.
Cómo no, este hecho ha levantado polvareda y han sido varios los colectivos (nacionalistas y de izquierdas en su mayoría) que han alzado la voz contra este evento deportivo. Seguramente, el más importante en España desde Barcelona 92’. Aunque han justificado con varias razones el rechazo a la Eurocopa, el que más peso tiene -y no nos vamos a engañar- es que España va a jugar en Euskadi y el ensalzamiento españolista que va a haber. Bilbao será la sede de la Selección durante la fase de grupos y esto supondrá que la mayoría de la afición española esté en la capital vizcaína. Y si hay algo que pone nervioso al nacionalismo vasco es ver banderas españolas más allá de los ayuntamientos y demás administraciones. Pero, ¿De verdad es motivo para enfadarse o ruborizarse ver banderas, camisetas y bufandas españolas por Euskadi? La verdad es que no. De hecho, es motivo para alegrarse. Pero no porque vayamos a ver un episodio de pasión por España, sino porque la situación de que “La Roja” juegue en Bilbao no va a salirse de la normalidad. Y esto es así, ahora mismo la situación que se vive en Euskadi es la más normalizada desde la Guerra Civil. Porque después de 40 años de dictadura en la que Franco impuso una idea de España mediante una guerra, vinieron otros 40 en donde ETA mataba a aquel que pensaba diferente. Afortunadamente, eso acabó.
Es por eso que yo recomiendo que si son ustedes seguidores de la Selección española, vayan a Bilbao a disfrutar del fútbol. Y si no lo son, pues no vayan y disfruten del verano lo mejor posible. Pero si se cruzan con alguien por la calle que piensa diferente, respétenlo. ¿No es hora de que los vascos y vascas disfruten de la selección como les dé la gana?
Si ganas menos de 1000€, si tienes que compartir un piso con 4 personas más para tener dónde vivir, si no puedes permitirte comprar nada de primera mano, si tu única tranquilidad económica te la da que siempre puedes volver a casa de tus padres… no es que seas joven, no es que seas “precario”: es que eres pobre. Y sin embargo, la “vida precaria” de los jóvenes (la pobreza), lejos de ser vista como un drama, está fantásticamente considerada para la mayoría, un paso necesario y normal - siempre que no seas de la Dinastía Botín o Rockefeller - para llegar algún día a tener un trabajo decente. Como yo ya empiezo a ser viejo, recuerdo cuando hace unos años el mileurismo era un drama. Ahora, quien cobra más de 1000 euros es un privilegiado, pero las calles siguen vacías, no arden los bancos y políticos y empresarios pasean tranquilos por la calle. La victoria ideológica del capitalismo a día de hoy es tal que convertimos en virtud cualquier miseria que nos traiga. Bajo el lema del “anti consumismo” llenamos nuestras habitaciones, siempre temporales, de muebles y adornos que recogemos de la basura, de soluciones “recicladas” que se convierten en signo de identidad y forma de vida y no en una necesidad. “No necesitamos tanto para vivir” es el lema. Es cierto, pero esta forma de vida reciclada sólo es posible porque a unos pocos les sobran muchas cosas que nosotros reutilizamos. La ideología dominante puede convencernos de que usamos bicicleta y no coche porque somos ecologistas y no porque no podamos ni soñar en estar pagando plazos con unos míseros salarios que sólo están garantizados por seis meses. A día de hoy, no hay nadie mejor considerado socialmente que una persona que se defina como “dinámica, flexible, abierta a nuevas experiencias, de todos sitios y ninguna parte, sin rumbo fijo por la vida”. Pero no somos nosotros los que lo hemos decidido que esto sea un valor, sino quienes han destruido los derechos laborales hasta que no nos queda otra que vagar de ciudad en ciudad, de país en país, agarrándonos a lo primero que salga intentando encajar en lugares de los que probablemente nos marchemos antes de que nos sintamos en casa. Y quien único sobrevive en este mundo son los que tienen la habilidad de adaptarse constantemente a situaciones nuevas. La amistad, las relaciones amorosas… todo tiene fecha de caducidad cuando no tenemos nada sólido a lo que agarrarnos, pero una vez más el capitalismo tardío, incapaz de ofrecer a un trabajador un puesto fijo, nos vende esta inestabilidad emocional como una serie de experiencias enriquecedoras que te hacen crecer en la vida. Las emociones y las personas que las producen se convierten en un objeto de consumo inmediato usar y tirar. Quien no vive en una montaña rusa emocional, no sólo es un aburrido, es que no vive. Quien no se va a buscarse la vida fuera, es un fracasado. El que es introvertido y no es capaz de soportar tantos cambios, tiene una patología que tratarse. Lo que antes era la dura experiencia de la emigración ahora tiene un programa en TVE que lo convierte en la gran aventura de ganarse la vida fuera del país. Y no hablemos de quienes no tienen estudios universitarios que les facilite esa gran aventura. Literalmente, no hablemos de ellos, porque para ellos no existen. Quien posee los medios de producción material - decía un señor muy viejo y obsoleto, o eso dicen - posee también los medios de producción espiritual. O dicho de otro modo, los propietarios de las grandes empresas, grandes bancos y grandes medios de comunicación tienen el poder de insertar en nuestras cabezas los valores personales, políticos y sociales que se adapten a su mercado laboral para que ellos siempre salgan ganando. Y, lo que es más, son capaces de que crean que esos valores son creación individual nuestra. E incluso vistos como radicales y progresistas. Habrá que esperar, entonces, a ver qué pasa cuando empecemos a encontrarnos con demasiada frecuencia la nevera vacía. Igual nos levantamos de una puta vez. O igual decimos que comer aire es la dieta más sana y natural que hay. La sensación de vacío, sin embargo, está ahí aun teniendo el estómago lleno.
No eres moderno, eres pobre.
«Quien no conoce nada, no ama nada».
20 canciones
1. Sean bienvenidos - Barricada
2. Haifisch - Rammstein
3. Hay poca rock n' roll - Platero y tú
4. Inmortal - La oreja de Van Gogh
5. Ni tú ni nadie - Alaska y Dinarama
6. El ritmo del garage - Loquillo
7. Mierda de ciudad - Kortatu
8. Libre - Berri Txarrak
9. Un bolero en Berlín - Los chikos del maíz
10. Por la boca vive el paz - Fito & Fitipaldis
11. El clan de los rebels - Hell Beer Boys
12. Thundestruck - AC/DC
13. Lau teilatu - Itoitz
14. Maneras de vivir - Rosendo
15. Duintasunez eutsi - Des-kontrol
16. Corazón de tango - Doctor Deseo
17. Ellos dicen mierda - La polla records
18. Ituringo arotza - Mikel Laboa
19. Going out in style - Dropkick Murphys
20. What a wonderful world - Joey Ramone
Joaquín Sorolla (Es. 1863-1923) Sol y mar, San Sebastian/Donostia (1912)
El tambor feminista
El Tambor de Oro vuelve a ser noticia y otra vez, desgraciadamente, la polémica es la protagonista. Para el que no sepa, este premio lo entrega todos los años el Ayuntamiento de San Sebastián a aquella persona o entidad que mejor represente a la ciudad. Este año la polémica surge a partir de que el grupo municipal de EH Bildu propusiera que este año los candidatos al premio -después de que las candidaturas populares donde se incluían hombres se hubieran aceptado- solo fueran mujeres. De esta manera para compensar la injusticia histórica que habían sufrido durante tantos años. La propuesta fue aceptada por los grupos municipales Irabazi, PSE y el anterior mencionado, EH Bildu.
La injusticia a la que se refieren los concejales abertzales es la de que desde 1967 (año en el que se empieza a otorgar el premio) solo han sido siete las mujeres ganadoras. Algo que es injusto e irrefutable con los datos en la mano. Según el argumento más sensato dentro del irracionalismo del feminismo posmoderno es que esto ayudará a visibilizar a las mujeres. Pero, ¿Visibilizar el qué, exactamente? ¿Que durante muchos años la sociedad ha sido machista y que todavía en muchos casos sigue siéndolo? Enhorabuena a los concejales feministas por descubrir el fuego. Sin embargo, somos muchos y MUCHAS los que creemos que las mujeres no sufren de discapacidad alguna y tampoco necesitan de cuotas de igualdad para poder competir contra hombres. Al final los «izquierdistas progres», como son los partidos que votaron a favor de la propuesta discriminatoria, se delatan ellos solitos con afirmaciones como las que hizo el teniente de alcalde, el señor Gasco (PSE) diciendo que Richard Oribe ganó el año pasado porque en San Sebastián somos una ciudad inclusiva que sabemos reconocer a una persona con discapacidad (¡Cómo si el nadador no hubiera hecho méritos ganando las dieciséis medallas olímpicas que tiene!). Y se ve que todo esto lo hacen por ponerse la chapita feminista y así captar el voto de un movimiento que está en auge. Porque en realidad, las mujeres les importan un bledo.
Los concejales favorables a la propuesta deberían permitir a los ciudadanos donostiarras que sean ellos mismos los que elijan el candidato más idóneo, al igual que se hizo la edición pasada. Y que dejen también de imponer sus ideas con disfraces de tolerancia, diversidad y feminismo.