Ya que la experiencia cinematográfica de El Señor De Los Anillos fue, para mí, una cosa pero-requete-portentosa, sentía un profundo deseo de ver la serie “Los Anillos de Poder”. Pero siete capítulos después, la única razón que tengo para seguir echándole un vistazo a la creación de Amazon, es la curiosidad de saber si la cosa seguirá (para mí, paaara mí) empeorando y hasta qué grado. Por supuesto, podría considerar la posibilidad de que la serie mejore, pero es que en cada capítulo sigo viendo detalles tan sumamente chafos (principalmente en la escritura de la historia), que no le tengo fe a quienes encargaron escribir... esta... cosa. En fin, el capítulo más reciente me dejó cuestionándome acerca de cómo funciona la explosión de un volcán (¿por qué hay grupitos de personajes dispersados por aquí y acullá; cómo rayos quedaron distribuidos así?), así como me recordó el “poder de la negación” que señalan en esa excelsa peli que es “American Beauty” (en Largo Brandipie −y valga señalar que el actor que lo interpreta tiene un aura entrañable, adorable en su papel, su voz es ahogada y cálida; lastimosamente insertado en un ambiente, por decir lo menos, incongruente− es necesaria una dosis muuuy considerable de negación para lanzar en ese minidiscurso esa frase de “We stay true to each other”... ¿qué no iban a dejarte tirado en el camino a tu −muy probablemente fatal− suerte?).
Me da por pensar que, en alguna reunión inicial acerca de lo que iba a ser la serie, dijeron: “No podemos hacer esto bien. No podremos mantenernos a la altura de la fuente original, ni de lo que Peter Jackson hizo, así que, ¿por qué no, deliberadamente, hacemos las cosas chapuceramente (personajes inconstantes, situaciones estúpidas), para que mucha gente nos vea, simple y llanamente, para odiar la serie y despotricar de ella? Plata es plata... Digo: Rating es rating 😁”.