[Para Pais e Educadores] 10 DICAS PARA FORTALECER A AUTOESTIMA DE UMA CRIANÇA ✅Valide suas emoções; ✅Ensine-as a nomear suas emoções; ✅Não a compare com outras crianças, nem mesmo aos seus irmãos, aponte objetivamente o comportamento que ela necessita melhorar; ✅Use seu tempo livre para fortalecer o vínculo entre vocês; ✅Não lhes transmita medos que são apenas seus; ✅Ensine, através de diálogo, que devemos aprender com os nossos erros, sem puni-la por isso; ✅Permita-lhe tomar decisões; ✅Valorize o esforço da criança, não apenas os resultados que você espera; ✅Motive-a; ✅Elabore limites junto com a criança, deixe que participem dessa construção, sem gritos e nem ameaças. #ConverseComSeuPsicologo #EducarComResponsabilidade #CharlotePensadora #crianca #autoestimainfantil #autoestima #paisefilhos #psicologia #psicologiainfantil #terapia #terapiainfantil #orienteme #inspirare #eca #empatia https://www.instagram.com/p/BwAGlrqAjUD/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=401weuej65rc
Educar y criar a un niño es una experiencia muy enriquecedora, a la vez que compleja y llena de retos, los cuales a veces no sabemos cómo afrontar. A los
niños hay que enseñarles los valores de la vida, las normas, potenciarles sus capacidades, favorecer su desarrollo en las diversas áreas, impulsarlos hacia la autonomía… todos los factores necesitan lograr un equilibrio que es difícil de conseguir. A veces tenemos miedo de hacerles daño, puesto que no es fácil pasar de ser un bebé, que tiene todas las necesidades cubiertas y que sólo a través del llanto los padres intentan satisfacerlos, a un adulto, que tiene que regularse por él mismo.
Este paso del nacimiento a la edad adulta pasa por diferentes estadios, estudiados por educadores, psicólogos, pediatras, filósofos…a lo largo de la historia.
A menudo los padres siguen una educación intuitiva, basada en una mezcla entre lo que sus padres les enseñaron, lo que la gente opina, y los resultados que van observando de sus hijos.
Hoy en día contamos con muchísimos libros especializados en la crianza de los hijos y la educación en la escuela. Hay que tener en cuenta muchos aspectos, entre los que quisiera destacar el desarrollo de la autoestima. Porque un niño con mucha inteligencia pero sin autoestima es un niño infeliz. Un niño muy educado y correcto pero que no se quiere es un niño vacío.
Todo el mundo tiene una idea de lo que es la autoestima, pero hay que tener un aspecto claro: tener autoestima no es igual a saber que uno vale. Es decir, uno puede saber que tiene muchas habilidades, o que es atractivo, y a la vez no quererse a sí mismo. Muchas veces, cuando le digo a un paciente que me parece que se quiere poco por la conducta que tiene, me responde: “pero yo me valoro”. Valorarse no es igual a tener una alta autoestima. Evidentemente, quien tiene una buena autoestima se valora más. Porque no se juzga de una forma destructiva, sino que comprende sus limitaciones y lucha para mejorar. Hay casos donde el autoconcepto (lo que pensamos de nosotros mismos) puede estar por las nubes, y la autoestima, por los suelos.
Un ejemplo claro es Salvador Dalí (1904 1989). Él sabía que era un genio de la pintura y que era especial. Pero por dentro no se quería. Nació en el seno de una familia que había perdido un hijo antes que él naciera, al que también llamaron Salvador. Al nacer él, sus padres, fruto de su desesperación por la muerte de su hijo anterior, creyeron que él era la reencarnación de su hermano muerto, con lo que lo adoraron y sobreprotegieron. A los cinco años, un día que fueron a traer flores a la tumba de su hermano, le dijeron que él era su reencarnación.
El problema de Dalí fue que era considerado especial, pero por ser alguien que él en realidad no era: su hermano. Creció sintiéndose invisible, de tal forma que ya de niño intentaba llamar la atención con conductas fuera de lo normal, para conseguir las miradas de los demás. Y así desarrolló una personalidad narcisista, para compensar esa carencia interna. Por eso cuando concedía entrevistas siempre hablada de él mismo en tercera persona: “Dalí es un genio”. Decía él. Él mismo adoraba Dalí, pero no a él mismo. Quería la imagen que se había construido de él mismo. Por eso necesitó tanto a su mujer y musa Gala, porque sin ella él no era nadie.
Este ejemplo tan patológico demuestra la importancia de la autoestima desde el querer al hijo por quien es.
¿Cómo se consigue dar a un niño autoestima?
Queriendo al niño de forma incondicional. El amor incondicional implica que “yo te quiero por quien eres, independientemente de qué haces o cuánto consigues o tienes”. Este principio, tan sencillo a primera vista, tiene una gran complejidad detrás.
Todos los padres creen tener un amor incondicional a sus hijos, porque la relación existe desde que nacen hasta que mueren (salvo excepciones). Los padres los quieren, a pesar de todo. Pero, ¿significa eso que les quieren de forma incondicional? La respuesta es NO.
Querer de forma incondicional no significa “estar siempre ahí” ni “sentir amor por tus hijos”. Hay parejas que siempre están juntas y se quieren, pero que cuando tienen problemas ya no se ayudan, ni se “quieren” tanto. O cuando hay padres que rechazan emocionalmente a sus hijos por no haber estudiado Derecho como el padre. Esto no es amor incondicional. O cuando los machacan moralmente por llevar un pendiente, llegando a la humillación, eso no es amor incondicional. Si estas acciones ya hieren la autoestima de los hijos adolescentes, la herida es mucho más profunda en los niños.
En el caso de la infancia, es muy perjudicial que los padres expresen que se sienten decepcionados de sus hijos porque no son lo suficientemente buenos en su actividad extraescolar o si pierden un partido en su deporte. A veces los padres llaman a sus hijos inútiles porque no han sabido hacer una tarea bien hecha, o no les hablan en todo el día porque ha hecho algo mal. Quitar afecto a un hijo durante un período largo de tiempo es una forma de maltrato. Una cosa es castigarlo durante unos minutos y no hablar con él durante ese periodo. La otra es dejar de mostrar que se le quiere.
Es un problema grave querer a un niño en función de sus logros o méritos. Esto cada vez ocurre más en nuestra sociedad porque se valora más a las personas en función de lo que hacen y tienen. Se ve cada día en televisión a personas que han triunfado por su apariencia física o por lograr llamar la atención de los espectadores. Es decir, por una imagen más que por una integridad moral o una profundidad de pensamiento y de valores.
Esto se ve reflejado en que muchas niñas tienen como modelo a cantantes famosas per ser bellas y enseñar el cuerpo, con letras de canciones vacías la mayoría de los casos. Y los futbolistas más aplaudidos son lo delanteros, los que marcan el gol. Es decir, los que mueven el marcador.
La sociedad valora más al que más sobresale. Aunque todo el equipo haya tenido que maniobrar para que el delantero marque el gol, el héroe es el delantero. Llamémosle Leo Messi o Cristiano Ronaldo. Esos son los que venden más camisetas. Hay padres que no quieren que sus hijos sean el portero: “son los que reciben los pelotazos” dicen.
Esta reflexión sobre los valores de nuestra sociedad es necesaria porque educamos a los hijos en función del contexto en el que vivimos.
Antes he expuesto un claro caso de desprecio por una tarea mal hecha: ponerle la etiqueta de “inútil” a un niño. Pero a veces las ovaciones también pueden ser perjudiciales si los padres analizan y evalúan constantemente lo que el niño hace.
Por ejemplo, si una niña hace en el colegio un dibujo para el día de la madre, lo que el niño necesita oír de su madre es una frase del tipo: “esto es para mí? Oh, muchas gracias, mamá está muy contenta, lo pondremos en la pared”. Una frase fruto de una evaluación/juicio sería: “oh, qué bien sabes dibujar”. O “eres especial haciendo dibujos”.
En parte esto ocurre con aquellos padres que se sienten frustrados con sus vidas. Padres con baja autoestima que esperan que sus hijos sean mejores que ellos. Ya es un error creer que el hijo tiene que ser “mejor”. No hay mejores ni peores personas. No por tener más estudios se es mejor persona. Es muy peligroso dar el mensaje a los hijos de que ellos tienen que llegar más lejos de lo que llegaron los padres. ¿Por qué hay que compararse? Ahí ya se genera una presión sobre el hijo que si no llega a las expectativas de los padres sentirá que les ha fallado. Y se sentirá avergonzado de sí mismo, con un sentimiento de deuda hacia ellos. A menudo son las fantasías de grandiosidad de los padres las que destruyen la autoestima de los hijos, porque los niños ya no crecen en función de quienes ellos son, sino en función de los que los padres quieren que ellos sean.
Por otro lado, tampoco ayuda el sistema de enseñanza obligatoria. Las asignaturas están más centradas al mercado laboral, y tienen una función más práctica e intelectual que emocional.
Eso se refleja en programas como el “Baby Einstein” obsesionados en desarrollar habilidades en los niños, o en actividades extraescolares centradas en la lógica como el Kumon o el ajedrez.
También hay que mencionar a las actividades deportivas. Una cosa es entrenar para superarse a uno mismo y la otra es necesitar ganar a los demás para valorarse. O convertir la vida de un niño en una competición. A menudo se ve en los partidos de cualquier deporte a padres que se pelean entre ellos o que muestran rabia cuando sus hijos pierden. Los deportes pueden resultar muy beneficiosos tanto para la salud mental como la física, pero los adultos tienen que saber guiar al niño para que éste no sea querido en función de sus resultados.
Hay algunos casos que detrás del niño que juega hay el padre que lo dirige y le envía constantemente mensajes que ponen los pelos de punta: “¡machácalos!”, o “hoy tenemos que ganar”.
Por eso hay que ir con cuidado en cómo se eligen las actividades extraescolares. Es importante que no se elijan aquellas con las que los padres sienten frustración propia por no haberlas podido hacer, porque de ahí pueden salir muchas proyecciones. Ni tampoco escoger aquellas que den prestigio y reputación y que permitan a los padres alardear de lo que sus hijos “saben hacer”.
Por ejemplo, es perjudicial apuntar a la niña a ballet si es para conseguir situarse en ciertos círculos sociales.
O no es lo mismo apuntar a un niño a piano para que desarrolle sensibilidad musical que por pretender que vaya al conservatorio y poderle decir a los amigos que su hijo el mes que viene toca en Viena.
Es decir, no hay una actividad extraescolar mala de por sí. Todo depende de las emociones que haya detrás de apuntar a un hijo en una u otra actividad.
Es importante que el niño no se sienta que sus padres le quieren por encima de sus resultados. Eso no quiere decir que los padres no tengan que poner límites ni refuerzos positivos. Pero lo que no puede estar en juego es su estima.
Si crecen en un mundo donde la manera de conseguir amor es en función de los méritos, de mayores seguirán viviendo en función de lo que “es adecuado o toca hacer”. He conocido a muchas personas, por ejemplo, que estudiaron ingeniería porque tenía reputación o porque era lo que los padres esperaban de ellos. O personas que no saben aceptar que su negocio no es rentable porque eso supondría decepcionar a sus padres.
Cuando uno siente que decepciona a sus padres, algo está fallando. Evidentemente nos podemos sentir mal por una conducta de nuestros hijos. Por ejemplo, si nuestro hijo de diez años ha robado una chocolatina, lo adecuado es decirles: “Me duele y me enfada que hayas robado. Ya sabes que robar está mal hecho. ¿Por qué lo has hecho?.
Lo perjudicial sería decirles: “Tantos años de educación tirados a la basura. Hoy me has decepcionado como hijo, no te reconozco. No me esperaba tener a un hijo ladrón. Con todo lo que te he dado, y me lo pagas así. Me avergüenzo de ti”. Etc.
Por eso es importante querernos a nosotros mismos para poder querer a nuestros hijos, independientemente de su nos gustan más a o menos. Porque habrá momentos en la vida donde nos satisfarán más que en otras, y puede haber un hijo con el que conectemos más que con otro, pero siempre los querremos igual.