Me siento insignificante, una emboltura vacía gritando en el silencio de mi propia oscuridad. Siento que cada esfuerzo no es más que cenizas de mi propia existencia que se disuelve entre mis dedos, un pequeño grito inútil en un pozo sin fondo donde solo rebota el eco.
Estoy harta de este teatro, de alimentarme con la basura de mis propias mentiras. Me digo que "puedo lograrlo" como quien le miente a un niña pequeña para que no llore, pero ya no soy esa niña, solo soy una pendeja que sabe que el consuelo es falso. El autoengaño ya no me sirve de anestesia. Ahora, el simple hecho de existir es una labor titánica.
Despertar no es un inicio, es una lucha constante. Siento el cuerpo de plomo, las extremidades fundidas con el colchón por un terror paralizante... ese miedo atroz a que un día, finalmente, mis fuerzas se rindan del todo. Hay una tentación oscura en dejar que las sábanas se vuelvan mi tumba, en desaparecer bajo el peso de mi propia desidia.
Solo quiero que el mundo deje de sangrar por mi culpa. Solo quiero dejar de verla a ella lastimada por mi ignorancia. Perdón por ser un saco sin emociones y empatía. Lo siento. De verdad, yo solo lo siento...













