SROOKE|SEASON THREE
Llevar las pizzas en el asiento delantero de su coche definitivamente no había sido una buena idea, pues el delicioso olor que salía de de las cajas calientes era demasiado para tolerar. Agradeció a los cielos cuando finalmente llegó a la casa de su novia, pues no creía ser capaz de soportar su necesidad de comer mucho tiempo más.
Se bajó de su auto lo más rápido que pudo, cargando las pizzas en una de sus manos, mientras con la otra ponía la alarma de su vehículo y tocaba el timbre al llegar a la puerta. Se le empezaba a hacer agua en la boca cuando vio que Brooke finalmente lo atendía. —Tengo hambre —anunció, con sus ojos abiertos como platos. — Y yo — respondió la inglesa, luego de proferir una risilla en atisbo de que le había dado gracia que se recibieran de aquel modo. Haciéndose a un lado para dejarlo pasar, en cuanto Sebastian atravesó el umbral Brooke se estiró lo suficiente como para irrumpir en su mejilla con un suave beso — Imagino que alguna tiene anchoas… — insinuó Brooke, enarcando ambas de sus cejas casi en un tono de amenaza. ¿Es que era tan difícil de entender que pidiera al menos una mitad, un cuarto con anchoas? Siempre se le olvidaba, y Brooke siempre quedaba antojada. Cerrando la puerta una vez que Sebastian se hubo adentrado del todo, él podría percibir cómo en la planta alta Brandon tocaba una pieza de rock con su guitarra eléctrica. — ¿Cómo estás, feo? — cuestionó entonces y al fin, ladeando la cabeza hacia un lado para, después de mirarlo de reojo y con picardía, encaminarse hasta el sillón donde se dejó caer sentada. En esa ocasión vestía delicada, tenía unas alpargatas, un vestido floreado en colores pasteles y una trenza diagramada de costado que caía sobre uno de sus hombros — Ven, ven — llamó con la mano, aún estando de espaldas a él, pues estaba acomodando lo que estaba dispuesto sobre la mesa ratona que tenían enfrente del sillón: los vasos, la coca en botella de vidrio y varios bouls con snacks salados para disfrutar. En la tele, aguardaba la presentación en DVD de la película “Lady in Water” Sebastian no tardó en seguir a su novia con las cajas en mano, aunque no se adentró a la cocina sin haber saludado a Brandon con ese "Hola, cabeza de toronja" tan propio de él. Dejó las pizzas encima de la mesada, y entonces aprovechó que estuvieran fuera del alcance de la mirada del hermano de la muchacha para acercarse hacia sus espaldas y plantarle un beso en el cuello y otro más en su hombro. —Te ves preciosa hoy, Kenth —le aseguró, aunque ambos sabían que ella estaba hermosa todo el tiempo, aún cuando iba desarreglada. O, por lo menos, eso era lo que a él le parecía; después de todo, le gustaba mucho esa castaña, más de lo que le había gustado cualquier otra, y era por eso que estaba siempre atontado alrededor de ella. Era un ángel para sus ojos. Dejó otro beso más, esta vez en su mejilla derecha, antes de echarse hacia atrás, sin perderla de vista, como si temiera que fuera a escapársele o algo por el estilo. —Traje anchoas, pero sólo porque empieza a gustarme a mí también —bromeó, sonriendo con sorna. Ante el primer beso recibido, Brooke Kenth encogió el hombro aletargadamente y de manera sutil. Aquel gesto suponía cuan irresistible encontraba el contacto de su piel contra la de ella, pues si tenían química física era más que evidente, tanto que la piel de la inglesa se estremeció poco a poco para alcanzar mayor esplendor con su tercer beso. Sonreírle al girar la cabeza para mirarlo por sobre su hombro fue lo siguiente que hizo la muchacha, guiñándole un ojo luego para estirarse y atrapar los labios de Sebastian en una mordura que procuró lastimarlo, cumpliendo con su cometido, y al ver la mueca de dolor de él Brooke frunció la nariz antes de repararlo con un pico que plantó sobre sus labios. Estaban muy cariñosos últimamente, y precisamente no era algo que molestara a Brooke en lo absoluto; que su hermano y su mejor amiga estuviesen juntos y esperando un bebé la ponía más que contenta, la diabetes se había acallado por un buen tiempo, y ella y Sebastian estaban en su mejor tiempo de relación. Ya iban cuatro meses, y qué rápido pasaba el tiempo. — Así me gusta — concedió la castaña antes de separarse lo suficiente como para devolverle la esfera íntima a Sebastian. Sirviendo coca en ambos vasos, Brooke abrió una de las cajas de pizza para disponer una porción sobre cada plato — No traje cubiertos — dijo espiándolo de reojo, sin tardar en tomar la porción con su mano y mordisquear el queso que se derritía, pretendiendo escapar de la masa. Movimiento que resultó sexy a ojos de Sebastian, claro, sobre todo al no quitarle la mirada de encima — A ti te va gustando las anchoas y a mí ser un animal comiendo — añadió, esbozando una gran sonrisa que por detrás escondía una risilla pícara y confidente al momento de anclar su mirada traviesa sobre la de él, una mirada que ansiaba salir ilesa de aquel comentario que, a fin de cuentas, había dicho con buenas migas. El aludido soltó una risa por lo bajo, negando con su cabeza mientras agarraba una porción de pizza él también. —No, nunca podrías ser un animal, Hoyuelos —le aseguró, alzando una ceja de forma que se entendiera que había mucho sentido escondido detrás de sus palabras. Entonces, dejó su comida en el plato, y se acercó hacia ella para pasar su dedo pulgar sobre el labio inferior de la joven. —Te quedó un poco aquí... —informó, para luego sonreírle y depositar un beso en sus labios. Estaba atontado, y mucho más tranquilo que lo normal, y eso era raro. Sobre todo, porque Sebastian Fells siempre había sido un chico que se guiaba por sus hormonas y por el momento; pero con ella no era así, y ambos lo sabían. Compartían un vínculo mucho más profundo, uno que ninguno de los dos terminaba de entender, pero sobre el que descubrían más y más día a día—. Tenemos que llevarte a clases de cómo comer, Kenth, eres un asco —bromeó, aunque era evidente que aquello no le molestaba en lo absoluto—. Alguien tiene que enseñarle buenos modales a nuestros hijos. Y a continuación, se mordió la lengua, y su rostro se paralizó. ¿Qué era lo que acababa de decir? ¿Desde cuándo Sebastian hablaba sobre esas cosas? —Era chiste —se apresuró a aclarar, aunque no sonó demasiado convencido. Ya la había asustado, estaba seguro. Demonios. La sorpresa e incredulidad antes las palabras dichas por Sebastian pintarrajearon el rostro entero de Brooke Kenth. Poco a poco, la inglesa fue apagando la sonrisa que sus labios tendían por todo lo anterior, y perdiendo la fuerza que sostenía sus manos, optó por, segundos después, dejar la porción de pizza nuevamente dentro de la caja. — ¿Qué has dicho? — preguntó con la voz colmada de curiosidad y picardía; sin tardar demasiado la morena dibujó sobre sus labios una sonrisa traviesa que procuró aplacar pero que lejos de hacerlo, acabó por transformarse en una risilla para cuando aproximaba su cuerpo al de él, abriendo los ojos verdes grandes como platos, observándolo de reojo coquetamente — Me pareció escuchar “hijos”… — dijo, señalándose la oreja como si estuviera sorda, pidiéndole con aquel gesto que repitiera lo que había dicho que, definitivamente, la había tomado con la guardia baja y en el mejor de los momentos. Aunque bueno, también era cierto que no podía creer lo que él le había dicho, realmente lo consideraba el mejor cumplido que podía haberle hecho, pues Brooke sabía cómo era Sebastian antes de ponerse en serio con ella. Y no era de los que vislumbraba un futuro, ¡menos que menos hijos! Pero, sin dejarle tiempo libre para responder, Brooke condujo sus manos a la camisa que Sebastian vestía, poniéndose a jugar con las solapas que escoltaban su cuello a lo que anclaba la mirada sobre su tarea. — ¿Quieres tener hijos conmigo? — cuestionó entonces, suavemente, alzando la mirada que se estancó sobre la de él, y no pudo evitar sonrojarse aunque sea levemente ante tal cercanía, ante tal confesión que la hizo quererlo incluso mucho más de lo que podría imaginar. Sebastian rió por lo bajo, echando su cabeza hacia atrás un momento para luego volver su mirada hacia la de Brooke una vez más. —¿Yo? —le preguntó, haciéndose el desentendido, antes de llevar sus manos hacia la cintura de la joven, para abrazarla con suavidad pero firmeza. Fingió pensárselo un momento, aunque en realidad era él quien había soltado esa bomba, por lo que finalmente le acarició la mejilla a la castaña, y le acomodó un mechón detrás de su oreja con dulzura. —Por supuesto que quiero tener hijos contigo —murmuró al cabo de un rato, con un tono de voz dulce que nunca antes había conocido en su vida. Y entonces, depositó un beso sobre los labios de la joven Kenth, para luego rozar su nariz con la de ella. — ¿Y sabes por qué es eso, Hoyuelos? —inquirió, riendo por lo bajo—. Porque te amo. Sí, era la primera vez que lo decía. Pero ya iba siendo hora. La amaba, y no se asustaría de decirlo. Ella debía saberlo. Y cuando Brooke fue capaz de comprender el peso de las palabras que Sebastian acababa de despedir de entre sus labios, una bola de fuego que se subdividió se instaló sobre sus mejillas para sonrojarla al mismo tiempo en el que lo tomaba a Sebastian por el cuello, con convicción, aunque él podría notar que, por primera vez en esos cuatro meses que estaban juntos, la había pillado con la guardia baja y sus manos temblequeaban de los nervios. — Oh Dios mío — reaccionó sorpresivamente segundos después en los que había persistido en silencio, así que rompiendo con la seriedad que había atacado su rostro, curvó sus comisuras en una sonrisa lo suficientemente ancha como para acabar enseñando los dientes — Oh Dios mío —murmuró de nuevo, incluso los ojos se le empañaron sutilmente por los sentimientos que la embargaban. Estúpida diabetes, estúpidas reacciones intensas. Tuvo que bajar la mirada escondiéndola de la de él para poder sentirse menos vulnerable — Creo que me dará un pico de azúcar — dijo, no porque él había sido tierno sino por tanto sentimiento junto, y realmente esperaba que Sebastian lo comprendiera. Tras coger el aire que él le había arrebatado con la confesión, Brooke subió su mirada una vez más, poco a poco, paseándola por los labios finos y anchos de Sebastian, su nariz hasta llegar a sus ojos donde optó por quedarse. Encontrarse nuevamente con él la hizo sonreír una vez más, embobada, incluso sus mejillas diagramaron los dos pozos que él tanto se encargaba de recordarle que tenía — Yo también te amo, Fells — respondió, con la voz suave, baja. Y tras apresar una risilla en su garganta, Brooke se mordió el labio inferior antes de hablar, procurando ocultar la desquiciada sonrisa que embargaba sus labios y que contagiaba a su mirada con una felicidad extrema — Desde que Liz quedó embarazada no puedo dejar de imaginar hijos nuestros — confesó, y alzó la mirada una vez más para mirar a Sebastian y despedir ahora sí una risa frenética que tuvo que ocultar con la ayuda de su mano. Así que, tras acomodarse el pelo en un gesto nervioso, volvió a mirarlo y a hablar — También me gustaría tener hijos contigo ¡pero! — se apresuró en decir, alzando el dedo índice — No ahora, es demasiado temprano — aclaró por las dudas, ladeando la cabeza al arrugar el entrecejo — ¿No crees?













