“Lento y contento, cara al viento”
Así estaba yo, tranquila, corriendo en la cuatrimoto por la arena cerca una caleta de Colán. Con mis tíos encontré ese sitio hace mucho tiempo y fue ahí, regresando a la casa donde escuché en un local a todo volumen por primera vez esa canción. No me gustó tanto como para andar coreándola o tenerla en mi Spotify ni mucho menos para que salga corriendo del baño si la ponían en la discoteca. Podía escucharla, el ritmo iba bien y ya. Eso era todo pensaba yo (por el momento, ja).
La canción me ha perseguido todo el 2019 y parte del verano del 2020. Y desde en Lima creo que fue peor. Estaba en todos lados: la tienda de mi casa, el paradero, la combi, mis amigos. Mientras más intentaba ignorarla, creo la vida se esforzaba por ponerla en todos los lugares a los que iba. Cada vez se hizo más conocida y también se la escuchaba a los niños, a mi sobrinita. La coreaban y gozaban tanto que pensaba yo.. ¿qué es lo que tanto les atrae? O mejor dicho, ¿qué hace que yo la odie tanto?
El coro es fácil, creo que la letra no tiene ningún significado atrevido, prohibido, algo que comúnmente se asocia a este género. Al contrario, creo que solo habla de lo rico que es la vida cuando estás con amigos o alguien que te gusta y todo lo que trae consigo el verano. Pero… ¿y la música? ¿la voz?. En definitiva, fue lo que más me empalagó.
El fondo iba bien pero… esos agudos ¡no! El AutoTune, la mezcla de las voces del remix. No. Recordaba la letra, el lugar en donde la escuché y personalmente creo que la canción no se compara en nada al momento recontra agradable que compartí con mis primos, mi familia y algunos amigos que conocimos esa vez cuando la escuché por primera vez allá.
Definitivamente, fue eso lo que me hizo ponerle la cruz. Quienes le ponían voz a esa historia de “la vida, verano y playa” hacían que no se compare en nada a mi definición de lo que es pasar un tiempo en la playa.
En la industria del reggaetón (o en todas creo) existen canciones de todo tipo y facturación: Aquellas que no son escuchadas poco o que son amadas mucho tiempo después (como las canciones de la serie de Nicky Jam); aquellas que pasan ‘piola’ en su momento y finalmente, las más importantes: esas que son un boom y pegan desde su lanzamiento como “Safaera” y otras que se vuelven tan repetitivas que al final terminan hostigándote (Despacito o Bebecita por ejemplo). Este fue el caso de “Calma-Remix”, que ya tiene más de 9 millones de likes en YouTube pero para mí, hasta ahora, la escucho y pasa todo lo contrario al título: hace ruido en mis recuerdos de lo rico que es ir a la playa.
Fátima (sin calma) Serrato















