El Huaso, parte 41: El Aniversario
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Me quedé sentado al lado izquierdo de mi amigo, esperando que empezara a hablar.
—Bueno, cuando venía para acá me llegó su mensaje, diciendo que no podía seguir conmigo si no le daba la atención que ella necesitaba, así que era mejor que termináramos.
Me quedé en silencio, sorprendido por esta personalidad tan demandante de la Karen, que me revelaba ahora mi amigo. Si bien, cuando la conocí tuve la impresión de ser una persona muy segura de si misma y con las cosas claras, no sabía que era tan controladora, y el Bryan nunca me lo dijo tampoco.
—Quizás, si te demanda tanto tiempo, que no le puedes dar, es mejor que terminen —le comenté—, o al menos que se tomen un tiempo.
—Pero es que no quiero terminar con ella —me dijo, con mucha pena.
Me acerqué a él para abrazarlo. Crucé mi brazo derecho por su espalda y lo apoyé en su hombro derecho, mientras apoyaba mi mentón en su hombro izquierdo.
—¿Y si vas a verla, y conversas con ella? —le propuse—, quizás consigues que se arregle todo. O podemos ir a mi casa y tener nuestra sesión de psicología amateur, conversamos jugando play. Eso nunca falla —nos reímos.
—Bueno, vamos a tu casa —me dijo secándose las lágrimas de la mejilla—. Mañana iré a verla —decidió.
—Tu por mientras te cambias de ropa, y yo voy a ver si encuentro al Huaso para explicarle que nos juntaremos en mi casa —le dije—. Te espero afuera.
El Bryan asintió y salí del camarín. Sentado en las escaleras de la entrada estaba el Huaso, con su celular en la mano.
—Justo te iba a mandar un mensaje —me dijo cuando vio que era yo quien se sentaba a su lado—. ¿Vamos?
—No puedo —le dije, un poco incómodo—. Le dije al Bryan que fuéramos a mi casa para que se relaje. ¿Quieres venir?
—Pero Larry… —se tapó la cara con las manos y respiró hondo.
—Podemos ir el sábado al cine, y aprovechamos de celebrar nuestro aniversario —le dije en voz baja, acercándome a su oreja pero sin hacer contacto físico.
—Bueno… —aceptó sin ganas.
—Pero no te enojes, porfa. Tengo que apoyar al Bryan, que está mal —le expliqué.
—Bueno… —repitió, y se puso de pie—. Dile a ese weon que… —hizo una pausa, luego continuó—, dale mi apoyo. Avísame cuando lleguen a tu casa.
—¿Seguro que no quieres venir? —lo invité.
—Seguro —se dio media vuelta y se fue.
Me quedé sentado, con una sensación rara. El Huaso estaba actuando extraño, como si algo le pasara u ocultara, pero no fui capaz de reaccionar. Vi como cruzó la calle para tomar la micro y le hice una seña de despedida. Él me respondió lanzándome un disimulado beso, lo que me dejó un poco más tranquilo.
Al rato escuché que el Bryan se despidió del portero y me volteé a mirarlo.
—¿Listo? —le pregunté.
—Vamos —mandó él, y nos fuimos a tomar la micro.
Al llegar a mi casa, mis padres aún no llegaban del trabajo, así que nos fuimos directo a mi pieza a conversar y a jugar.
Encendí la Play Station y le pasé el joystick al Bryan, mientras ingresaba el CD de Call of Duty en la consola.
—¿Cómo estas? —le pregunté mirándolo a los ojos, mientras me sentaba a su lado en la cama, apoyado en el respaldo de ésta.
—Un poco mejor. Creo que exageré —dijo con un poco de vergüenza—. Me dio como una crisis de pánico o algo así.
—Cuéntame sobre tu relación con la Karen, ¿por qué reaccionó así?
—Bueno, tu sabes todo, o casi todo —comenzó diciendo—. Ella es maravillosa. Es inteligente, es hermosa. Y por sobre todo, es súper organizada. Le gusta tener todo controlado. Los días en que nos vemos, el tiempo que estamos juntos, las veces que tenemos sexo. Es todo muy estructurado, no hay lugar para la improvisación, o la sorpresa.
—Suena un poco cansador —comenté.
—Si, un poco. Pero a pesar de eso, o quizás por eso mismo, me gustaba mucho. Tu sabes como soy yo, soy super fome y poco ocurrente —dijo con naturalidad, y me reí por su mala impresión de sí mismo.
—¿Fome y poco ocurrente? —le pregunté recalcando las palabras—. ¿Tu?, ¿el mismo Bryan que me bailó muy sensualmente habiendo hablado apenas un par de veces antes?
Se sonrojó ante tal recuerdo.
—Pensé que ya no te acordabai de eso.
—¿Como no me voy a acordar?, fue mi bienvenida al clan, recuerda —nos reímos juntos.
—Bueno, como sea, ya no soy así —se puso serio—. Como que no me nace ser tan espontáneo como antes, así que me sentía super cómodo estando con ella.
Tenía razón. El Victor, que seguía siendo muy amigo con el Bryan, me había comentado que antes era mucho más extrovertido, por decirlo de alguna forma.
—¿Y por qué cambiaste? —le pregunté, ignorando el juego y mirándolo a los ojos.
—¡Te mataron! —me dijo el Bryan, mirando a la TV aún. Me miró y se dio cuenta que lo estaba mirando—. ¿Jugamos otra? —ignoró mi pregunta.
—Dale —sonreí, un poco descolocado por su cambio de actitud.
Continuamos jugando, y volví al tema principal.
—Entonces, lo mismo que te gustaba de la Karen, que fuera tan estructurada, es ahora la razón por la que te patea.
—Si —se rió con inocencia—. Es muy irónico.
Puso en pausa el juego, se inclinó hacia adelante y bajó la mirada. Me acerqué a él para abrazarlo y demostrarle que estaba ahí con él y que podía confiar en mi.
—No quiero terminar con ella —me dijo con tristeza.
—Habla con ella entonces —le recomendé.
—No puedo, tengo miedo.
—¿Miedo de que? —pregunté sorprendido.
—No sé… —se volteó a mirarme. Como yo tenía mi cara apoyada en su hombro, quedamos a mirándonos a unos pocos centímetros de distancia—. ¿Alguna vez has tenido miedo al rechazo?
Me sorprendió su pregunta.
—Soy gay, Bryan. Vivo con miedo al rechazo —le respondí intentando hacerlo reir.
El Bryan sonrió y bajó la mirada, con vergüenza al darse cuenta de su pregunta obvia.
—Bueno, es eso. Me da miedo que me rechace. Por eso preferí venir contigo —explicó.
—Te entiendo. Pero tienes que superar ese miedo —le aconsejé. Me sentía como Pilar Sordo—. Mañana vas a verla después de la práctica. Le llevas algún regalo, unos bombones, porque dudo que le gusten las flores.
—¿Cómo supiste? —se sorprendió con mis habilidades de pitoniso.
—Porque se nota que ella ve más allá de la belleza superficial de algo. Si le regalas una flor se va a fijar en que acabas de matar un ser vivo, que se marchitará a los pocos días frente a sus ojos.
—¿Has estado hablando con ella? —me preguntó sorprendido.
—Obvio, si vamos al mismo taller de pesimismo —se rió de mi broma.
Estaba logrando subirle el ánimo y lo ayudé a planear lo que haría al día siguiente para conversar con su polola.
Eran cerca de las 8 de la noche cuando el Bryan se decidió a volver a su casa.
—Sabes que puedes confiar en mí para lo que sea, ¿cierto? —le pregunté mientras atravesábamos la plazoleta camino al paradero.
—Si, obvio que lo sé. ¿Te cuento algo? —me dijo con complicidad, sentándose en uno de los columpios de la plaza.
—¿Qué cosa? —pregunté expectante, apoyándome en el fierro que sostenía la estructura a su lado.
—Al Pedro no le agrada mucho la Karen —sonrió con inocencia.
—¿Por qué no? —estaba sorprendido.
—No se, dice que no le gusta que sea tan controladora —explicó.
—Bueno, el Pedro es muy inteligente, sabe de lo que habla —tomé partido por el hermano.
—El Pedro también piensa que el Huaso vale callampa. ¿También sabe de lo que habla? —me preguntó, un poco hostil.
—Ya, perdona. Me pasé —me disculpé.
—Eres muy inteligente, Larry. Solo te falta seguir más a tu mente —se puso de pie e hizo una seña con la cabeza—. Ya, vamos, que se hace tarde.
Llegamos al paradero y al poco rato pasó la micro y se fue.
Al día siguiente cuando bajamos a almorzar con el Victor, nos encontramos con el Huaso y la Claudia, que ya estaban comiendo. Vi en los ojos de mi pololo que se alegraba de verme.
—¿El sábado entonces? —me preguntó, con alegría.
—Si —le respondí devolviéndole la sonrisa, y controlando mis ganas de acercarme a besarlo.
—¿Qué pasa el sábado? —preguntó curioso el Victor.
—Haremos una orgía en la sala de urgencias con todos los supervisores —inventé y el Victor se quedó congelado.
El Huaso se rió en silencio por la reacción de su amigo.
—Iremos al cine —contestó el Pato.
—¿De nuevo? —volvió a preguntar, confundido—. ¿No era ayer que iban a ir?
—No pudimos —respondí escuetamente, sin ahondar en detalles.
—¿Y que van a ver? —preguntó con voz suave la Claudia, sumándose a la conversación.
—Jurassic World —respondió el Huaso con emoción.
—La Cata me dijo que era super buena. La fue a ver la semana pasada con el Guille —dijo la Claudia.
—Ojala sea verdad —dije, mirando la hora.
Después de terminar la jornada en el hospital, me fui al caracol a hablar con mi jefe, para asegurarme que no me hubiera reemplazado definitivamente.
Entré a la tienda y estaba el nuevo vendedor que me reemplazaba. Era mas o menos de mi edad, delgado y de piel morena. Bastante lindo a decir verdad.
—¿En que te puedo ayudar? —me preguntó al verme entrar a la tienda, pensando que era un cliente.
—¿Está tu jefe? —le pregunté de inmediato.
—No, ya vuelve, ¿por? —me preguntó confundido.
—¿Eres nuevo?
—Si, comencé hace un par de semanas. ¿Por qué tantas preguntas?
—Por nada —dije con una sonrisa—. Cuando vuelva tu jefe, ¿le puedes decir que vine a hablar con él?
Él solo asintió. Yo me despedí con una sonrisa y salí de la tienda.
Al salir me crucé con el jefe, que venía llegando con unas bolsas de supermercado en la mano.
—¡Larry! ¿Cómo estas? —me saludó mi jefe con su habitual tono condescendiente.
—Bien, ¿y usted?
—Muy bien, gracias. ¿Qué te trae por acá?
—Vine para hablar con usted. Quería decirle que ya me falta apenas un mes y medio de práctica y voy a poder volver a trabajar con usted.
—¡Ay Larry!, lamento que eso no va a ser posible —me dijo fingiendo pena—. Yo sé que te prometí que haría lo posible por mantener tu puesto, pero tu sabes que no me puedo dar el lujo de estar cinco meses sin vendedor.
—Ah —si bien me lo esperaba, no podía evitar sentirme un poco decepcionado.
—Estoy seguro que encontrarás trabajo en cualquier otro lado. Eres un joven muy talentoso y trabajador —palabras de buena crianza, que probablemente no pensaba—. Ya habíamos cerrado todo antes de que comenzaras tu practica, ¿cierto?
—Si —confirmé, haciendo referencia al sueldo y el contrato.
—Entonces, te deseo suerte —dijo con una falsa sonrisa—. Hasta luego —dio media vuelta y entró a la tienda.
Me quedé ahí de pie, sintiéndome muy estúpido. Estaba oficialmente cesante, y aunque en ese momento tampoco tenía tiempo para trabajar, me sentí desamparado. Comencé a caminar para salir de ahí cuando escuché una voz familiar que me llamaba. Era la Vicky, saludándome desde la tienda de al lado.
—¿Qué haces acá? —me preguntó, con una sonrisa genuina de alegría al verme—. ¿Me viniste a ver?
—Vine a ver si aún estaba disponible mi puesto de trabajo —le dije la verdad—. No pensé que seguirías trabajando acá.
—Si, sigo acá. Vengo menos eso sí, por las clases en la u, pero sigo —me contó manteniendo su sonrisa—. ¿Cómo está el Huasito? —me preguntó con tono juguetón, estirando la mano para hacerme cosquillas en el abdomen.
—Está bien, medio enojón, pero bien.
—¿Por qué enojón?
—Por tonteras. Cosas típicas de parejas —dije escuetamente.
—Me sacas pica porque sabes que no tengo pololo y no sé qué son las cosas típicas de las parejas —se hizo la sentida.
Nos pusimos al corriente con nuestras vidas en este par de meses sin vernos, y luego nos despedimos, prometiendo hablar mas seguido, al menos por WhatsApp.
Conversar con la Vicky me había subido el ánimo después de la noticia de mi cierta cesantía. Al llegar a mi casa, llamé por celular al Huaso para contarle todo.
—Al menos ya no te va a acosar el viejo ese —dijo el Pato, intentando ver el lado positivo.
—Pero si nunca me acosó —me reí por la acusación falsa de mi pololo.
—No lo hizo, pero ganas no le faltaron. Si me di cuenta por como te miraba —explicó—. ¿Cómo era el nuevo vendedor?
—Moreno, flaquito. Como de nuestra edad. Bonito… —lo describí, recordando sus características físicas.
—¿Viste? Encontró un clon tuyo. Moreno, flaquito y bonito —repitió—. Ni siquiera la hace pasar piola. Tiene un gusto muy específico.
—Puede ser solo coincidencia —quise creer.
—Imposible. Tu sabes que nunca me equivoco con estas cosas —argumentó el Huaso.
La verdad tenía razón, la mayoría de las veces acertaba en temas de quién le gusta a quién.
Terminamos de conversar al rato, porque el Huaso con la Claudia tenían que continuar estudiando, y aproveché de enviarle un mensaje al Bryan: “Todo bien?”, quise saber, y esperé su respuesta que nunca llegó.
Al día siguiente después de la jornada de práctica, me fui solo a los camarines ya que el Victor se quedó conversando con los otros funcionarios de la unidad, especialmente con una paramédica que le gustaba. Mi compañero había agarrado total confianza con los demás, dejando atrás sus nervios iniciales a la práctica, y volviendo a ser el viejo Victor, simpático y extrovertido.
En los camarines me encontré con el Bryan, que estaba terminando de cambiarse. Se veía tranquilo.
—¿Qué tal te fue, con la Karen? —le pregunté, acercándome a mi casillero que estaba cercano al suyo.
—Mas o menos —me respondió, después de pensarlo un poco. Se quedó en silencio y me miró. Se sentó en la banca tras él y después de unos segundos agregó—. Fui a su casa anoche, le llevé chocolates, como me aconsejaste, y le pregunté qué onda.
—¿Y que te dijo? —le pregunté, sentándome a su lado.
—Bueno, me explicó que no podíamos seguir juntos porque no se sentía cómoda estando con alguien que no tuviera el mismo tiempo disponible para ella, como ella destinaba su tiempo para mí. También me dijo que ella sabía que ese era un problema de ella, el ser tan controladora, pero que no podía cambiarlo, al menos no de forma tan rápida —terminó de explicarme, al ver mi cara de incredulidad con su primer comentario.
—¿Y tu lo aceptaste?, ¿así como si nada?
—Sí. Es lo que tú me dijiste. No puedo estar con alguien que me pida más tiempo del que puedo disponer, y ella lo ve de la misma forma —bajó la mirada, con vergüenza.
—¿Y como te sientes? —me incliné para intentar ver su rostro—. ¿Estas bien?
—Si, estoy bien. Estoy tranquilo. Cuando me explicó eso estuvimos mucho rato conversando, comiéndonos los bombones que le llevé —sonrió por el recuerdo—. Estuvo lindo. Fue una buena despedida de pololeo.
—Me alegro por ti, Bryan, que estés tranquilo —le dije acercándome a él para abrazarlo—. Te mereces lo mejor del mundo, en serio.
—Gracias Larry —me dijo, volteándose a mirarme, quedando nuestras caras a escasos centímetros nuevamente. De improviso se puso de pie y me tomó de la mano para levantarme y darme un abrazo de frente, más cómodo.
—Ahora solo me queda sacarte a pasear y ayudarte a conquistar muchachas —le dije en broma después del abrazo.
—Dudo que eso dé buenos resultados —se rió—. Mejor dediquémonos a terminar esta wea de práctica, que ya estoy chatísimo.
—Si, yo también —coincidí.
Al día siguiente, en la práctica, Ignacio se puso muy exigente conmigo. Me interrogaba a cada rato sobre los procedimientos y los fundamentos teóricos.
—¿Por qué está tan pesadito contigo el Nacho? —me preguntó el Victor durante el almuerzo.
—No sé, preguntale tú, que son tan amigos —le dije, un poco molesto.
—Uuuy, ¿Larry está celoso? —se rió.
—No, no es eso —me calmé—. Solo me molesta que me pregunte tanto, me pongo nervioso y me bloqueo.
—Pero has sabido responder correctamente —me dió ánimos.
—Si, pero igual, me molesta.
Al finalizar la jornada, el supervisor me mandó a hacer una tarea para investigar las posibles reacciones adversas a la administración de un medicamento en específico. Si bien me dio lata, no pudo arruinar mi humor para disfrutar el fin de semana con el Huaso.
El sábado en la noche me puse mi mejor pinta y me fui al cine para encontrarme con mi pololo, y ver la película que tanto habíamos esperado ver. Se veía hermoso, como siempre, y una vez dentro de la sala nos pudimos saludar de beso, con confianza.
Durante la película, el Huaso levantó el apoyabrazos que estaba entre nosotros y me abrazó durante la película, como si estuviéramos sentados en el sillón de la casa viendo tele.
Después de la película nos fuimos a su casa, donde el Huaso me hizo pasar al baño altiro, porque “se le había olvidado arreglar la cama”.
Al salir del baño y entrar a la pieza, el Huaso estaba colocando hielo alrededor de una botella de champaña dentro de un balde metálico. Formando un caminito hasta la cama, había puesto velas aromáticas encendidas, al igual que en el velador y en el escritorio, y “sentado” en la cama, encima de las almohadas, estaba Mumble, el pingüino de peluche que le había regalado al Huaso para su cumpleaños, y frente a él, una bandeja con brochetas de frutas. No pude contener una sonrisa al ver lo hermoso que se veía todo.
—Feliz aniversario, amor —me dijo al verme cerrar la puerta tras de mí.
—Feliz aniversario para ti también, amor —le respondí, acercándome a él. Se sentó en la cama y me tomó de la mano para que me sentara a su lado—. Te quedó hermoso todo.
—¿Te gusta? —me preguntó, dándome un beso, mientras con su mano derecha acariciaba mi cara.
—Me encanta —le respondí con una sonrisa—. Aunque quizás la champaña es demasiado, ¿no crees?
—¡No! —dijo riéndose—. Son dos años que hay que celebrar, aparte el año pasado no lo celebramos porque somos muy aweonados —nos reímos ambos.
El Huaso estiró el brazo para agarrar la bandejita con brochetas, que estaban al otro lado mío.
—Bueno, esta perfecto —acepté con una sonrisa y un beso. Tomé una brocheta de la bandeja, que me ofrecía el Huaso y me comí un cuadrito de sandía. Él tomó otra y puso la bandeja a su lado—. Pongámonos mas cómodos.
El Huaso accedió de inmediato. Nos quitamos los zapatos y pantalones, y nos sentamos apoyándonos en el respaldo de la cama. El Huaso destapó la champaña y la sirvió en dos copas que estaban en el velador.
Nos pusimos a conversar, comentando la película, mientras el notebook del Pato reproducía una playlist de spotify con nuestra música favorita.
—Mijito rico Owen —decía mi pololo.
—Estaba mejor Claire —dije bromeando.
—Larry, por favor —se rió, por lo inverosímil de mi comentario.
—¿Qué?, ¿acaso no puedo encontrar rica a una mina? —le pregunté, fingiendo molestia.
—Si puedes, pero con Owen al lado dudo que la hayas mirado mucho a ella —se volvió a reir.
—Idiota —le dije riéndome también, y golpeándolo con un almohadón.
—No te devuelvo el almohadonazo solo porque está mirando nuestro bebé —dijo señalando con el mentón a Mumble, que ahora estaba cómodamente sentado en el velador.
Nos besamos y dimos por cerrado el tema de la película, y no pude evitar preguntarle por algo que me tenía pensativo de hace días.
—¿Amor? —comencé diciendo.
—Dime.
—¿Tienes algo que contarme? —le pregunté.
—No, nada. ¿Por qué? —respondió un poco descolocado.
—Es que el otro día, cuando se suponía que iríamos al cine, te noté medio tenso. Enojón, mejor dicho, y después cuando salí a hablar contigo estabas muy raro —le expliqué.
—Ah, no era nada —dijó casi de inmediato, sin darle importancia—. Solo estaba cansado y quería estar contigo esa tarde, y el Bryan lo arruinó, es todo.
—¿Estas seguro? —insistí—, porque te conozco, y a pesar de que no me gustaría, sé que si no pasara nada, te habrías venido enojado a tu casa, y no me habrías esperado afuera como lo hiciste.
—Pero Larry —me miró a los ojos—, me di cuenta que sobre reaccioné. Entendí que el Bryan te necesitaba, estaba mal. ¿No puedes aceptar que estoy tratando de ser menos egoísta?
—No es eso —me sentí un poco culpable—. No eres egoísta —intenté arreglarlo.
—Mira, yo sé que soy un imbécil a veces, y que te he hecho sufrir por eso —negué con la cabeza, pero él continuó—. Estoy tratando de cambiar eso. Dejar de pensar solo en mí, y ser capaz de entender que tú también tienes que estar ahí para tus amigos cuando te necesiten.
Nos miramos en silencio por un par de segundos, y luego él me besó.
—¿Aunque ese amigo sea el Bryan? —le dije en broma, después del beso.
—Aunque ese amigo sea el Bryan —confirmó él, riéndose.
Nos volvimos a besar, esta vez de forma más pasional. El Huaso tomó su copa de champaña y la derramó en mi ropa interior.
—Chucha, lo siento —dijo fingiendo que había sido accidental—, voy a tener que sacártelo, para que se seque.
Me reí por su ocurrencia.
—Si no queda otra alternativa —le seguí el juego.
Me volvió a besar y bajó por mi abdomen hasta llegar a mi bóxer. Le pasó la lengua, saboreando la champaña derramada, y luego me bajó la prenda, dando inicio al siguiente nivel de la noche.
Siguiente Capítulo: El Fin








