Los sentimientos no tienen tiempo.
Zona de Opinión
Escritos de un CatRabbit
Hace algunos años, en una de esas reuniones del grupo de amistades del colegio, mi amiga Natalia nos expresaba lo feliz que estaba con su novio —actualmente exnovio—. Todos los presentes estábamos muy emocionados con el rumbo que estaba tomando su vida, cuando de la nada:
— … lo mejor de todo es que lo amo —puntualizó ello con serenidad y amor. Varias de mis amigas se miraron y, frente a esas miradas de complicidad, hundí mis labios en mi boca de manera habitual a aquellas cosas que me asombran—. ¿Pasa algo? —cuestionó Natalia algo confundida, seguramente por verme hacer esa cara.
— Pues Nata… ¿No es como muy pronto decirle “Te amo” a tu novio? —pregunte con prudencia en un tono muy suave y amigable.
— Para nada mi “Bony”. Yo quiero a mis amigos y… él ya fue mi amigo, ahora es mi novio.
Recuerdo que me quedé callado y dejé el tema a un lado, pues lo vi como esa mentira que se dice uno mismo para no enfrentar la realidad. De regreso a mi casa me empecé a preguntar: ¿Será que uno puede amar o querer a una persona tan rápido?
Al llegar a mi hogar. Mi pregunta quedo en el olvido.
Los siguientes meses me dedique a seguir con mi existencialismo. Un buen día, me pregunté ¿Qué es amar? ¿Qué es querer? ¿Qué es apreciar? ¿Qué es adorar?
Recuerdo que cuando tenía 14 años ya me había cuestionado lo mismo, e incluso llegue a la conclusión de que el orden o “nivel de amor” era el siguiente: Te adoro, Te amo, Te quiero y te aprecio. ¿Por qué? Bueno, pues porque en aquel entonces era muy religioso y “adorar” para mi tenía un significado más grande que amar. Incluso, tuve una pareja con quien nos decíamos “Te amodoro”. Si vieran mi cara de vergüenza mientras escribo esto y recuerdo aquellos tiempos: se reirían… pero bueno, que se podía hacer: ¡Fue una expareja que tuve en el 2012, era todo un puber!
Saben, creo que las personas que nos preguntamos tanto por los sentimientos y su lógica muchas veces nos perdemos del disfrute que pueden ofrecer. En aquella relación del 2012 me enfoque por ser el mejor novio, por decir “Te amo”, por dar las buenas noches y muchas cosas más. Y cuando todo se acabó, me regañaba por no haberme permitido disfrutar más. Me castigaba y sentía que le debía a mi ex; un grave error.
Pero de todo eso aprendí algo: Si sientes algo; ¡dilo, exprésalo y vívelo! Y bajo ese pensamiento empecé a vivir mi vida: lloraba cuando algo me producía tristeza o dolor, sin importar el lugar. Créame, es algo incomodo, pero liberador.
Años después, recordé a mi amiga Natalia cuando estaba en una videollamada con una persona maravillosa. ¿Por qué debería esperar a verle en persona para decirle que le amo? Me pregunté y, en menos de cinco segundos, me encontraba diciéndole “Te amo” por cámara a una persona con quien llevaba tres meses y con quien duraría tres años. Una de las mejores relaciones de mi vida, hasta el momento.
Algunas veces, por cuestiones del tiempo, la rutina y las responsabilidades olvidamos algunas lecciones de vida. Y eso fue lo que me ocurrió el pasado viernes, pero para que me comprendan vamos a contextualizar un poco las cosas.
En estos momentos me encuentro en mi fase de prácticas universitarias. Conte con la suerte de poderlas llevar a cabo en mi propia universidad, bajo una gran cantidad de beneficios que no pensé llegar a tener. Todo gracias a mi promedio académico y mi tutora de prácticas.
Inicie mis prácticas en la última semana de agosto. Saben, el tiempo se ha pasado rápido y he aprendido bastante, no solo de mi trabajo sino también de las personas, sus historias y forma de ser.
Mi jefe inmediato fue una persona que desde el primer momento en que hablamos, supe que transformaría mi vida. Desde el momento en que me entrevisto y me presente como alguien tímido, ella aclaro que no le parecía que lo fuera. Ella nos dio la confianza de decir muchas cosas durante la entrevista que no esperábamos comentar. Luego, por sus obligaciones, nos asignaron a otra entrevistadora. Una mujer muy estructurada y profesional con quien no pudimos abrirnos mucho.
Y ahí aprendi: “La amabilidad y calurosidad abren puertes y personas”.
Obviamente la segunda entrevistadora estaba haciendo su trabajo, de ello no cabe duda, pero hubo tantas cosas que no pudimos responder como queríamos —la entrevista fue junto a mi gran amiga, Natalia Lafaurie—. Cuando salimos, no dejábamos de lamentarnos por no haber dicho tantas cosas.
Unos días después fuimos contratados. Y aquella mujer que nos entrevistó de primeras, nos recibió con calurosidad. Ahora en adelante iba a ser nuestra jefa. Nos presentó al equipo de trabajo y las practicas empezaron.
Las semanas posteriores fueron de aprendizaje inigualable. Mi jefa, siempre tan dispuesta y noble nos guió siempre. Con mi amiga Natalia, no dejábamos de sorprendernos porque nunca habíamos conocido a una persona como ella: Una mujer muy guapa, con un tono de voz melódico, una amabilidad sin límites y una forma de ser tan única. Realmente nos habíamos ganado la lotería.
El pasado viernes, mi jefe llegó algo tarde por otras obligaciones. Nos llamó a todo el equipo y nos llevó a la sala de juntas para darnos una noticia que no me esperaba: había renunciado.
Apenas nos informó la noticia, quede mudo y sentía mi corazón a mil. Mientras uno de nuestros compañeros le agradecía por todo, me cruce con la mirada de Naty y ambos estábamos impactados. En esos momentos me empezó a llamar mi tutora de prácticas, otra profesional a quien admiro y quiero bastante. No era el momento, así que rechace sus llamadas.
Cuando llego el turno de Naty y el mío para hablar, nos quedamos callados. Salimos de la sala de juntas y salimos del edificio para llamar a nuestra tutora.
— Hola mi “Bony”, ¿Cómo estás? —saludo mi tutora. Un leve suspiro liberé y le comenté lo impactado que estaba por lo que acaba de pasar. Ella también quedo en Shock.
Unas horas después, mi jefe se paro frente a todo el equipo del área y les comento su partida. Ella mientras hablaba, sus ojos se llenaron de lágrimas. Voltee a mirar a Naty y estaba a punto de llorar, igual que yo. Esperamos que acabara y salimos a las zonas verdes.
Me sentía muy mal, parecía que mi pecho iba a estallar y mi garganta igual. Apenas pronuncie que quería llorar, salió de mi todo. Me senté en una banca a llorar desconsolado.
¿Cómo mi jefa, con quien había compartido menos de tres meses, me podía hacer sentir de esta manera?
Naty estaba en las mismas, llorando. Deje de buscarle explicaciones y llore entre lamentos. Un buen rato después mi amiga le escribió para que saliera, pero la vimos acompañada y nos fuimos.
Cuando hubo la oportunidad, nos acercamos a su puesto de trabajo. Necesitábamos decirle que le deseábamos lo mejor en su nueva etapa de la vida, pero mientras hablaba y le expresaba ello, mi garganta se ahogó y sin darme cuenta tenía mi cara empapada en lágrimas. Miré a mi amiga y la vi como nunca la había visto llorar. Ambos estábamos tan afectados… pero en parte me alivio que no solo fuera un sentir propio, pues temía que estuviera llorando por muchas cosas que llevaba hacía meses guardando; pueda que si, como pueda que no.
Llego la hora del almuerzo y no salimos a almorzar. Naty no había traído almuerzo por un malentendido y yo estaba tan, pero tan triste no que no tenía hambre. Yo juraba que nada me detendría el hambre: cuando mi abuelo falleció no me significo un impedimento para seguir comiendo, pero me había engañado; si había cosas que me podían dejar sin querer hasta comer.
El resto de jornada hice mis responsabilidades, pero me perdía en mis pensamientos o sencillamente me quedaba como inerte, sin pensamientos ni nada. Luego me encargue de colaborar con una recolecta para darle una pequeña fiesta de despedida y, sin duda, sé que le gusto.
Al llegar a casa, deje todo atrás y volví a sonreír. Antes de ir a dormir estuve hablando con una amiga, Geral. Ella no podía creer lo afectados que estábamos por la noticia de mi jefa.
— Bony, super extraño eso. Llorar así por alguien que acabaron de conocer es re-denso. Le cogieron mucho cariño y pues muy triste. Esperar que les vaya bien con su nuevo jefe. No te predispongas, ¿Qué tal vengas cosas mejores para ustedes? —comentó en un mensaje por Whatsapp. Agotado lo leí y me quedé dormido pensando la respuesta.
El sábado era el último día que compartiría con ella. La jornada fue extraña, pero pese a todo logre cumplir mis responsabilidades. Cuando fueron las 12:10 pm, me acerque con mi compañera a despedirnos de nuestra jefa. Nuevamente le deseamos lo mejor y le dimos un abrazo.
Al salir del edificio, Naty se estaba riendo.
— Bony, ¿Ya vas a llorar?
— Pues no… solo me dio sentimiento, pero ya —conteste mientras respiraba profundamente para seguir y no llorar.
De camino al transporte, estaba caminando inerte cuando Naty me expreso: “Bony, cuando estas triste se te nota mucho”. Y sí que lo estaba, lo suficiente para dejar de hablar todo el tiempo y quedarme en silencio.
Y en ese momento volví a recordar otras tres lecciones:
1. No fue un “hasta nunca”, fue un “hasta pronto”.
2. La vida sigue y hay que continuar.
3. Y —la más importante—, las personas y sus actos te pueden hacerlas querer en cuestión de semanas, días, horas y segundos.
Y fue esta última la que más me enseñó. Solo me queda desearle lo mejor a mi jefa y agradecerle por haberme enseñado tanto. Un fuerte abrazo para ti, los mejores éxitos, y porque no, te quiero.
Llegue a la parada del bus y me despedí de Naty con un sonrisa de gratitud en mi rostro cachetudo.
Más de la Zona de Opinión
Hay pasos que no queremos dar pero tal vez deberíamos por Bony Moünier.
¡Un año en Surreal Cult Space! por Bony Moünier.
Muertes calladas, sangre derramada por Mara García.
Ser adulto y tener responsabilidades por Bony Moünier
Del por qué es tan positivo tener el arte en mi vida por Camilo Cornejo.
El Poder de la Gratitud por Bony Moünier
Sobre lo injusto que es ser el “consejero amoroso” de tus amistades y familiares por Bony Moünier.
Felicidad en pasiones insatisfechas por Brian Párraga.
El Juicio y el Conflicto como Predisposición Cerebral desde la Natalidad por Camilo Cornejo.
Los Payasos Asesinos: ¿Solo De Halloween O De Siempre? por Bony Moünier.
Amor y Valentía por Bony Moünier











