También somos nuestra basura
Y lo que hacemos con ella.
El camino que recorre lo que desechamos es misterioso y no reconocido. Como en todo misterio, se esconde un gran valor, esperando ser descubierto.
Nuestra relación con la basura que generamos habla mucho de nuestra desconexión con los ciclos, con la lógica de la naturaleza, con nuestra integridad.
Sin embargo, de a poco vamos haciéndonos conscientes de los eslabones que componen la cadena cada vez que arrojamos algo “a la basura”.
Observar el impacto es inevitable y, si bien es un despertar lento, nos vamos sensibilizando ante las consecuencias directas de nuestros actos y omisiones. Y ahí es donde accedemos a un nuevo escenario, con múltiples posibilidades de acción. ¿Qué podemos hacer?
Llegamos hace rato al punto en el que no puede darnos miedo o pereza nuestra basura; ya no.
Y también es cada vez más obvio que no podemos delegar totalmente ese poder para que alguien más se ocupe, sin antes concientizarnos para exigir los cambios que hagan falta y poner en práctica lo aprendido.
Confiando en nuestra capacidad de transformar lo que sea, cada día puede componerse de pequeñas elecciones para entrar en nuevas experiencias.
Es cierto, el panorama general se muestra como un gran monstruo; el daño, irreversible.
Pero todavía podemos mirar de otra manera, encontrarnos, ser cada vez y virar hacia un modo más armonioso de estar en la Tierra.