Tú-yo-nosotros... Nosotros no importamos nada. Somos un accidente en el amor; nomás un accidente —una caída de piedra, el vuelo de una hoja, un lamento.
Los amorosos - Jaime Sabines
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Tú-yo-nosotros... Nosotros no importamos nada. Somos un accidente en el amor; nomás un accidente —una caída de piedra, el vuelo de una hoja, un lamento.
Los amorosos - Jaime Sabines
Vía ricmant
Cuando conocí los ojos de Jaime Sabines
Hace ya varias lunas, mi madre me dijo: —Ven, te voy a presentar a don Jaime Sabines… A lo largo de los muchos años que caminamos juntas, mi madre me había contado que, cuando era una jovencita, ella y sus amigas de la cuadra en la que vivía se reunían a jugar y a platicar. Cuando ya estaban reunidas casi todas, no faltaba quien dijera: —¡¡¡Vamos a la tienda de los Sabines!!! En ese momento se enfilaban hacia la tienda de telas El Modelo y, una vez juntitas, de pie, justo antes de la entrada, se asomaban sigilosamente de una en una. —¡Está escribiendo! —exclamaba una de ellas. —Qué raro. —No voltea. Si no hacemos algo no va a levantar la cara. —Que se pare una de nosotras en la entrada para que la vea su hermano Juan. Esos eran los comentarios entre ellas, entre risas y empujones, hasta que escuchaban la voz de don Juan, su hermano, que, recargado en el mostrador de la tienda, al darse cuenta de la bulla le decía con una sonrisa: —Levanta la cara, Jaime. —¿Qué? —contestaba Don Jaime. —Que levantes la cara. Míralas, sólo vienen a verte —replicaba don Juan. Justo en ese momento, don Jaime veía hacia la entrada de la tienda, al momento que todas empezaban a gritar: –¡¡¡Miren, volteó!!! ¡¡¡Miren sus ojos!!! ¡¡¡Alzó la mirada!!! ¡¡¡Ayyy… Yupiii… ¡Sus ojos!! ¡¡¡Guauuu!!! Y así se conjuntaban los gritos de algarabía. —¡¡¡Me viooo!!! ¡¡¡A mí también!!! ¡¡¡Viva!!! Tras lograr su objetivo, se echaban a correr hacia la casa entre carcajadas llenas de emoción, porque había volteado a verlas. Esto me contaba mi mamá y yo pensaba que todo se trataba de una travesura. Una travesura en un Tuxtla hermoso, inolvidable, de puertas abiertas en el que podías jugar, conversar y correr libremente con tus amiguitas por las calles. Pasó el tiempo y, hace como unos doce años, yo tenía como 41 años, mi mami como 68. Y una noche pasamos, como de costumbre, a comprar queso y crema con doña Lety, en la tienda que hasta hoy día se encuentra ubicada en la 10ª Poniente y 2ª Sur aquí, en Tuxtla Gutiérrez. Yo estaba buscando unos totopos cuando siento que me jalan de la mano, al tiempo que me decían: —Ven, ven pronto, te voy a presentar. Era mi mamá. Estaba muy emocionada y repetía: “te voy a presentar; bueno, nos vamos a presentar”, justo cuando ya estábamos paradas frente a la ventanilla del copiloto de un auto y en cuyo asiento estaba sentado don Jaime Sabines. Mi mamá, visiblemente emocionada, le dijo: —Don Jaime, mucho gusto. Soy Aydeé Ramos Grajales y siempre lo he admirado. Le presento a mi hija, Mercedes. —Mucho gusto, Don Jaime. Es un honor –le dije. Y, sin más preámbulo, en tanto que el tiempo apremiaba, mi madre exclamó: —Mira hija sus ojos… son únicos!!! Nunca habrá otros ojos iguales. Saludamos a Doña Chepita, su esposa, quien amablemente nos escuchaba y, junto con el poeta, no paraban de reír al dar cuenta de la anécdota narrada por mi madre de, cuando jovencita, corría con sus amiguitas a la tienda para ver los ojos de Jaime Sabines.
Hoy, andado el tiempo y tras ver esta fotografía de Don Jaime, que generosamente nos comparte Pilar, he vuelto los ojos a las interminables tardes cuando mi madre corría a la tienda de telas. Y he podido entender por qué las jovencitas querían ser vistas por los ojos de Don Jaime Sabines.
Mercedes España En Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; al comenzar marzo de 2020.
[…] Esto es urgente
porque la eternidad se nos acaba.
Jaime Sabines.
Yo creo, en verdad, que la mayor imprudencia que he cometido es no haberme muerto al nacer. Porque eso de estar aquí y no aceptar las cosas como son, es debilidad.
Jaime Sabines
-Jaime Sabines.
La Consentida - Splatoon
Felices Fiestas Patrias!!!
"Y pasas, y siento que el aire se estremece, y todo yo, inmóvil, soy deseo y angustia y necesidad de ti.
Jaime Sabines. Cartas a Chepita
“...es tuyo y mío ese lugar de nadie.”
Jaime Sabines