Los pasteles de Scott Hove
Aunque no son comestibles, las obras de Scott nos seducen de otras maneras...
Admite no ser fanático de los dulces, pero reconoce que la belleza de la comida le atrae. Lo cierto es que antes de consumir algún alimento lo examinamos con la mirada para que se nos abra el apetito. Es a través de este reflejo condicionado que tenemos todos los seres humanos, que Scott Hove nos invita a hacer varias reflexiones. Algunas de sus piezas poseen amenzantes bocas con colmillos puntiagudos, que parecen hacernos recordar las veces que fuimos atacados por algo que amamos, o violentados por algo que al principio parecía hermoso. Las armas y zapatos cubiertos de merengue y cerezas parecen hacer una reflexión similar, en la que algo que te puede matar puede también ser muy bello, y como se yuxtapone lo femenino con lo masculino.
Ha llevado este concepto a enormes proporciones, cubriendo habitaciones enteras y hasta las paredes de su propio estudio ("Cakeland" en Oakland California) con lo que nos sumergimos en su mensaje hasta el hastío. Aunque su intencionalidad puede ser leída de muchas maneras, lo cierto es que no es fácil ser indiferente a los pasteles de Scott Hove.













