Los demonios de la ciencia
¿Crees que los demonios que amenazan a la ciencia están todos fuera de sus límites?
A la ciencia hay que exorcizarla, para que la gente ajena a ella no huya como si de un supuesto poseso se tratara. Paradójicamente muchos de los peores enemigos de la ciencia se encuentran dentro de ella. Los demonios de la ciencia son los cientificistas (o cientifistas). (Hay otros demonios, como los científicos deshonestos o aquellas entidades que financian investigaciones tendenciosas, pero ya se tratará eso en otra ocasión).
La ciencia es una actividad humana y el conjunto de conocimientos adquiridos a través de ella. La ciencia no es la Ley de la naturaleza sino el instrumento que nos ayuda a explorarla. La ciencia, por lo tanto, es susceptible de errar por diversas razones, principalmente porque está sujeta a los errores humanos. Por supuesto que la ciencia es el mejor instrumento que tenemos hasta ahora para obtener conocimientos precisos y confiables, y se puede verificar, corregir y mejorar. No es estática y evoluciona junto con el pensamiento y la tecnología de la humanidad.
El problema es cuando se dogmatiza, cuando se vuelve ideología y se la quiere delimitar detrás de los barrotes que generan el miedo al cambio y el natural instinto de autopreservación humano. Entonces surgen los cientificistas que consciente o inconscientemente actúan como fanáticos de una religión. Prácticamente no hay forma razonable de convencerlos de que están comportándose de esa manera.
Para darse una idea básica de lo que es el cientificismo vamos a comparar la ciencia con el ajedrez (sé que es una comparación burda pero tiene un propósito). Los ajedrecistas serían el equivalente a los científicos. El ajedrez tiene reglas y éstas prácticamente no han cambiado de forma significativa como para decir que el ajedrez ya no es ajedrez. Sus reglas tienen un objetivo específico: desarrollar el juego hasta que haya un ganador. También hay otros juegos con sus propias reglas y eso es genial si no te gusta el ajedrez o simplemente quieres diversificar tus aficiones.
¿Qué pasaría si hubiera un grupo de personas que le dieran el estatus de ideología al ajedrez y la radicalizaran? Bueno, para empezar creo que no podría haber variantes de juego y sólo habría movimientos canónicos que limitarían bastante la creatividad y la libertad a la hora de jugar. Enseguida, es posible que estas personas comenzaran a creer que el ajedrez es el único juego válido y todos los demás (damas, go, serpientes y escaleras, lotería, etc.) sólo imitaciones o formas primitivas de jugar. Todo mundo estaría obligado moralmente a jugar ajedrez (o saber sus reglas) pues de lo contrario sería un ignorante o un «enemigo» del Ajedrez. Lo peor de todo sería que no habría posibilidad de discutir el asunto con los ajedrecistas radicales pues para ellos el caso está cerrado. En la ciencia, estos radicales se llaman cientificistas y creen que la ciencia es la Verdad absoluta en lugar de una ventana a la verdad (concepto bastante discutible, por cierto).
Y no estoy etiquetando arbitrariamente ni me estoy refiriendo a quien de forma honesta y abierta practica o divulga la ciencia con convicciones firmes e intenciones reales de compartir y enseñar. Me refiero a los que se lanzan al mundo como cruzados medievales a descalificar e incluso insultar por no pensar de forma igual a ellos. Tampoco estoy haciendo apología de las pseudociencias u otras actividades humanas cuyo fin, deliberado o no, ocultan el conocimiento del cosmos. Muchos menos estoy quitándole su verdadero valor a la ciencia auténtica.
El cientificismo está cargado de prejuicios y es más una filosofía materialista que una práctica científica. Hace que los divulgadores que lo padecen parezcan profetas o predicadores.
Parece ser que la solución parcial al asunto se trata más de educar que de castigar o excluir (se caería en la misma actitud de intolerancia). Siempre hay salidas que conducen a un diálogo fructífero y eso hay que buscar.
Créeme, yo mismo he pasado por comportamientos similares (o es posible que esté inconscientemente sujeto a alguna ideología restrictiva actualmente) pero estoy abierto al diálogo y eso espero de los demás. De hecho, mi petición es siempre la misma: si estoy en un error y quieres que me dé cuenta de ello o tienes algo que aportar para enriquecer el tema puedes hacerlo con total libertad.
El conocimiento se construye codo a codo y no debiera estar sujeto a dogmas ni ideologías que lo único que provocan son desconfianza, rechazo o, peor aún, reacciones violentas. Hay que expulsar a los demonios de la ciencia para hacerla más libre y más efectiva. Hay que educar el pensamiento y las emociones para evitar que se radicalice la práctica científica. No sería agradable ver de nuevo un episodio de la Inquisición (ahora Científica) en la vida real.







