Ya no te necesito, y no es porque no contestaras a vuelta de correo, cariño.
Ni por saber que estas líneas, escritas con tristeza, las leerás entre risas.
(...) Ni porque rozarán los rizos tu mejilla –¡Soy maestra en leer acompañada!
Tampoco porque a un tiempo suspiraréis inclinados sobre las mayúsculas desvaídas.
Marina Tsvetáyeva










