No sé si serás la mujer de mi vida
Sólo lamento las cuatro columnas que tengo colocadas justo en frente de mi campo de visión, o más bien en el campo que “tú” generas, en mi campo de visión. Además, que la atmosfera es la perfecta, aunque tú no lo sepas, ya que en mis auriculares suena The Scientist de Coldplay, muy apropiada para el momento. La barra del mostrador hace la “L” más larga que se puede ver en un bar, aunque para mí, se me hace corto el camino que recorres para poder verte, o quizás, tú lo haces demasiado rápido para mi gusto, lo único que capta mi cerebro a slow motion es tu sonrisa, creo que eso fue lo que me llamó la atención, esa expresión dulce y arrebatadora, que me causa una sensación muy reconfortante, tanto que hasta me atonta.
Tanto, que hace que quiera volver a verte al menos un día más, tanto, que cuando te agachas a colocar cosas y no veo esa cara, automáticamente se me produce en el corazón un pequeño sobresalto en la válvula izquierda de mi corazón, ese pequeño sobresalto que te hace saber que estás vivo. No sé, pero quiero decirte que eres mi pequeño oasis, en el desierto de mi día a día, el poder verte ¿qué, veinte minutos?, ¿quince minutos?, ¿tal vez diez?, pero me alegra y me anima para seguir mi día.
Incluso me da algo de vergüenza que coincidan nuestras miradas,
ya ves,
me causas tanto impacto que estoy escribiendo esto.
Me encantaría saber muchas cosas de ti, y no por nada en especial, sino por todo en concreto. Perdóname pero siento la necesidad de verte mientras trabajas, y no por entretenimiento sino por gusto, la manera en la que das el cambio a los clientes sonriéndoles tan amable, eso solo lo podemos disfrutar los observadores, ya que ellos no lo apreciarán nunca, porque seguro que no valoran la mejor sonrisa que van a ver probablemente en todo el día.
No sé si tendrás novio, no sé si serás la mujer de mi vida, el capricho del día, la emoción del momento o la musa de este pequeño relato, pero sea lo que sea, te doy las gracias. Te doy las gracias por hacerme observar, por querer detenerme a observar las cosas, por volverme a ilusionar a mí, y a mi corazón, por hacerme feliz sin hacer nada, por inspirarme por hacer que vuelva ese pequeño retardo en la válvula izquierda de mi corazón.
Gracias, por hacerme volver a sentir vivo.