Si mi destino fuesen las tierras extranjeras, me agradaría envejecer en un país donde la luz se filtrase cual sonrisa amarilla, grisácea, y prados hubiera con ojos de agua y aceras ornadas de olmos, arces y perales; vivir en paz, nunca señalado, en una nación de buenas gentes unidas, cual corazón junto a corazón, ciudad junto a ciudad, y calles y faroles avanzando por el césped. Cielo y nubes, dóciles o crueles, cautivos quedarían en canales de trémula agua, toda ella deseo de reflejar a las estrellas.
Josep Carner


















