Hace un par de días el director Blas González tuvo la gentileza de entregarnos personalmente en el taller de Del Prete, el voluminoso y espectacular catálogo de 150 Años de Arte Argentino, encomioso esfuerzo de la Comisión Ejecutiva en celebración del sesquicentenario.
Después de recorrerlo Del Prete y yo nos hemos detenido en los estudios cíclicos. En los espacios en que se nos recuerda, en especial el de 1940-50, a su cargo, no podemos dejar de alto algunos errores y omisiones en lo referente a la historia del arte no-figurativo en nuestro país. Reiteradas veces hemos dejado constancia, escrita y documentada, de que las primeras muestras de arte no-figurativo en la Argentina fueron realizadas por Del Prete en los años 1933 y 34 en los salones de Amigos del Arte. La primera con pinturas y “collages”, papeles de color y piolines pegados traídos de París. La segunda con esculturas: yesos en talla directa, alambres y pinturas y maquetas. Es inadmisible no figure su nombre al hablarse de escultura no-figurativa. Afortunadamente de esas muestras quedan obras, muchas fueron destruidas por la angustiosa falta de espacio y la incomprensión del ambiente. Están, además, las fotografías tomadas en las mismas salas. Posteriormente muchos de esos trabajos fueron exhibidos en otras exposiciones: en 1944 en Comte y en Sirio junto a otras esculturas en hierro y en 1946 en la retrospectiva en Peuser. En el año 49, en Cavalotti, expone 100 obras abstractas: pinturas, relieves en madera y objetos. En el 51 realiza su primera retrospectiva abstracta con 120 obras de 1932 al 51, en los espaciosos salones de la Secretaría de Cultura (quedan colgadas varios meses…). De todas estas muestras hay catálogos y fotos que las ilustran profusamente.
De 1933 al 44 Del Prete lucha solo en Buenos Aires en un medio hostil para el arte no-figurativo. Eso y la dificultad en conseguir sala es lo que hace en los años siguientes alterne en sus muestras lo abstracto con lo figurativo. Los demás nombres que comienzan a figurar en estos últimos años en que esa tendencia se ha hecho moda son precursores… a posteriori.
En el año 58, en ocasión de la primera muestra de escultura no-figurativa que se realiza en Estímulo de Bellas Artes, tam-bién me cupo en suerte tener que hacer estas declaraciones. Fui invitada a participar (ya que se recordaban mis trabajos del 47 al 49) y me sorprendió no ver en la lista el nombre de Del Prete. Repetiré a usted lo que en aquella ocasión manifesté por escrito: dada mi vinculación personal con Del Prete me violenta tener que ser la que testimonia, pero ante el silencio de otros y por haber visto y participado en el movimiento abstracto argentino desde los primeros años, no puedo dejar de hacerlo. En el año 37 conocí a través de Del Prete y su obra el arte no-figurativo y oí los nombres, nuevos entonces, de Mondrian, Kandinsky, Brancusi. Fue para mí una revelación y mi entusiasmo me llevó a las primeras experiencias. Desde el 37 acompañé a Del Prete en su lucha por la no-figuración. En el 45, en Müller, en una muestra individual con trabajos de distintas épocas, expuse varios no-figurativos que los nominaba Composición o Construcción (del 37 al 45) y los primeros relieves titulados Plástica. En el 46, en Müller también, otra muestra, esta vez puramente relieves abstractos y algunas esculturas que llamé Objetos. En ambas exposiciones recogí bastantes palabras negativas.
En el 44 algunos jóvenes del grupo llamado Concreto se presentan en el taller de Del Prete con la revista Arturo y se vinculan con nosotros. Nos acompañan en las muestras que realizo en Müller y en las posteriores de Del Prete, en la de Cavalotti dan una conferencia y hasta le ofrecen una comida.
En 1947, en la primera muestra de Arte Nuevo de tres días, en Kraft, organizada por Del Prete y los Concretos, así como la de Nuevas Realidades (Van Riel), de los años 48 y 49, participé con obras de rigurosa no-figuración. En la de Kraft con dos relieves del año 46 y en las de Van Riel con seis obras en cada una, ocupando en ambas en la sala III todo el ángulo que va de la entrada al teatro a la sala V. Afortunadamente también quedan de ellas obras, catálogos y fotografías.
En otras muestras no-figurativas individuales, posteriores al año 50, he vuelto a exponer trabajos del 37 y años siguientes:
en el 52 en Müller (28 abstracciones, años 37 al 52); en el 54 y 56 en Van Riel: pinturas, relieves, objetos. En el 58 en los salones de la Asociación Estímulo realicé una retrospectiva abstracta con más de 80 obras: pinturas, esculturas, dibujos, de los años 37 al 58.
Para la exposición del sesquicentenario, de las dos obras solicitadas elegí una del 49 pues me pareció más significativo para esa ocasión esa fecha que enviar las dos del año en curso.
Señor Rodríguez: me he tomado el derecho de hacerle saber todo esto que creo que usted desconoce. El párrafo en que usted coloca mi nombre en la serie de “artistas independientes que se expresan con lenguaje abstractizante pero relacionado de alguna manera más o menos intencionada con la visión figurativa” junto a Candia, Domínguez Neyra y Chiesa, no es el que me corresponde. El hecho de que tanto Del Prete como yo no hayamos lanzado “manifiesto”, ni dado conferencias o participado en mesas redondas, ni estemos abanderados a una tendencia exclusivista, no es motivo para que se tergiverse y pase por alto la lucha sorda y amarga de aquellos largos años, precisamente ahora que críticos e historiadores del arte de vanguardia se afanan y rivalizan en dar a conocer el origen del movimiento no-figurativo argentino. No dudo y soy la primera en reconocer lo que muchos artistas han luchado en nuestro país y se han esforzado por el arte nuevo, pero cuando se trata de puntualizar hechos y fijar fechas, es necesario ir a las fuentes directas. Esto lo aprendí una vez por todas en los días ya lejanos en que fui alumna del profesor Ricci en la Facultad de Filosofía y Letras. Las fuentes en este caso son, en primer lugar, las obras y luego las crónicas (si las hubo), los catálogos y las fotografías del tiempo en que se realizaron. Todo esto, Señor Rodríguez, está a disposición suya y de los demás interesados en esta historia. Es demasiado volumen para enviarlo por carta.
Sin otro motivo, saludo a usted cordialmente,
Yente