La realidad nunca corresponde a cómo imaginé las cosas y me decepciona siempre. Quizás el error radique en hacer historias previas a los acontecimientos, anticipar situaciones y cómo enfrentarlas. Para que, al final, nada suceda como lo pensé. Mi cerebro parece ser un mejor guionista que la vida. Que la mía, al menos.
Nada pasa como quiero. Lo mío es alucinar. Me he estado permitiendo libertades que no debería y eso me está regresando al viejo vicio de tener expectativas. Hago mal, son frustraciones en potencia. Si ya sabemos que las cosas no terminan bien hay que arrancarlas de raíz. Debería volver al puerto seguro con mis dos amigas, cerrar las puertas otra vez y no dejar entrar a nadie. Todo va a acabar mal, lo sé.
Voy a hacer las cosas mal, es un patrón. Es mi patrón. Bien le dije a Wilson: tengo el impulso de salir corriendo, lo mío es huir.
Vamos a empezar por silencio. Eso siempre es un buen recurso.