Y todos reían.
Sí, siempre había tenido la cualidad de sacarles sonrisas y carcajadas a los demás; no al estilo de un payaso, que, aunque respeto como profesión, aborrezco con todo mi ser. Mi comedia venía de la desazón de vivir, porque por dentro estaba roto, rotísimo, hecho añicos... Y sabía que un chiste o una frase graciosa, podía alegrar un poco a otros, y hacerles olvidar esa mismo vacío que yo sentía.
Lo triste, porque siempre debe haber tristeza en mis historias, era que a mí ya no me salían las risas... Y no era por falta de felicidad, porque me sentía feliz.
La cuestión era que mi felicidad había sufrido una metamorfosis; se había convertido en una sombra: fría, observante, analítica, mortuoria...
- Salustiano Manrique















