Déjame buscar en mi desquicio la cordura, déjame acariciar tu mano y besar tu alma. Deja que las olas del mar nos guíen. Déjame amar cada cicatriz de tu corazón y reparar ese dolor; deja que revele cuán valioso eres, no me alejes. Deja el miedo a ser amado y permite que te muestre. Déjame tomar tu mano y mostrarte mi mundo, enséñame el tuyo.
Déjate llevar por ese inusitado sentimiento tuyo, tan real. Sempiterno afecto que nos recorre la piel y llega hasta los huesos. Ese fragoroso amor que muestra tu mirada, no se puede ocultar. Y cada que me tocas llega a ser mortal. No me dejes, amor mío, y sólo déjate querer, no te vayas nunca porque ya te metiste en todo mi ser.