No mires hacia el mar. En esta arena clava ya tus dos labios diamantinos. Incendia con tu lengua estos caminos de calcáreo pesar y extinta vena. Muerto está el mundo si tus labios miro. La tierra vuelta ya a un perenne ocaso. Sólo vuelvo a vivir cuando repaso tus brazos, pleamar en donde expiro.
Rapto de amor | José Luis Cano













