La payola es como el espíritu santo. Quienes somos de fe cristiana, creemos en él, pero "nunca lo hemos visto". Pasa en la industria de la música: todos señalamos en los pasillos a éste o a aquel; algunos directores de radio musical envidian el poder que ésta tiene sobre otros directores, cómo catapulta carreras artísticas y radiales y compra mejores carros, apartamentos o lujos, pero nadie "verdaderamente", y on-the-record declararía ser un payolero o denunciaría a otro payolero.
El silogismo es perfecto: oímos hablar de payolas en la radio, pero nunca vemos cómo se efectúan los pagos, quiénes los hacen y quiénes los reciben. Lo que sí vemos de forma evidente es cómo la payola ha construido, durante décadas, carreras gigantescas, relevantes no solamente a nivel comercial, sino también social.
Para muchos en la industria, la payola como mecanismo de impulso de una canción es bueno, y en realidad, si se mira desde la perspectiva del artista lo es, porque cumple con el cometido de promoción para el que originalmente está concebido.
Para otros, la payola es el mismísimo diablo. El causante de los dolores y sufrimientos del artista que no tiene plata. El catalizador de toda la corrupción en la industria de la música. El maligno poder del dinero, como siempre, al servicio de los que lo tienen. Pero la satanización de la payola alcanza su máximo esplendor cuando la gente dice que "sólo los malos artistas payolean", porque es la única manera de que sean escuchados.
Respeto ambos acercamientos de la gente. No solamente de la gente que ama la música, sino también de la gente que pertenece a la industria. Sobre todo porque ahora, como director de emisora, debo estar más informado de lo que ha sucedido en la radio musical mundial en los últimos 60 años, y más que condenar la práctica o aceptarla - aclaro que no estoy de acuerdo con ella y que mi criterio como programador de música no está a la venta -, debo entender la payola como la aceitada máquina que propulsó carreras musicales astronómicas sin discriminación de género, sexo, color de piel, religión y mucho menos, formato. Incluyendo dentro de esas carreras, a la de una de mis bandas favoritas, Pink Floyd, con uno de sus discos más importantes.
Así es: Pink Floyd es una de las payolas más importantes de la historia.
Dick Asher era el gerente de la división internacional de CBS Records - hoy SONY MUSIC - en 1979. Había descubierto y desarrollado con éxito la carrera de un artista español llamado Julio Iglesias, y su pasión por el artista se tradujo en lo que los jefes de Asher adoraban: un artista vendedor de millones de discos con márgenes bajos de inversión produce, por supuesto, mayores utilidades. Los jefes de Asher le pidieron que se encargara de toda la operación de CBS de la misma manera que lo había hecho con Julio Iglesias. Lo empoderaron para recortar los costos y de esa manera ganar más. Walter Yetnikoff era ya el presidente de CBS y se perfilaba ya como el más poderoso hombre en la industria. Yetnikoff aceptó y avaló a Asher como gerente encargado de CBS Records.
Asher llamó a su secretaria y pidió una reunión con las cabezas de todos los departamentos de la disquera para revisar con ellos prioridades y presupuestos. Era el invierno de 1979 y la competencia artística para arrancar 1980 sería dura, con lanzamientos muy importantes de la época viendiéndose ya en las tiendas, y muchos de ellos sonando bien en la radio. Off The Wall de Michael Jackson estaba ahí. También Breakfast In America de Supertramp y el sorprendente Regatta De Blanc de The Police, que con el impulso y la gestión del sello A&M había demostrado que un sello independiente podía también hacer grandes artistas si tenía buenas canciones.
LA HISTORIA DE "ANOTHER BRICK IN THE WALL, PT. 2"
Dentro del repertorio de nuevos lanzamientos de Columbia Records en 1979 estaba programado el de THE WALL, una obra conceptual del grupo británico Pink Floyd. La banda había trabajado durante un año completo en el desarrollo del que se convertiría en una de las obras de rock progresivo más importantes de la humanidad. Una de las canciones del disco, ANOTHER BRICK IN THE WALL, PT. 2, llamó la atención del productor Bob Ezrin, quien aconsejó a Waters que la alargara, porque poseía el espíritu de un buen sencillo de radio. La base de la canción estaba inspirada musicalmente en el disco - el bajo de Waters y la batería de Mason habían sido hechas con el estilo del disco de la época, con la intención de burlarse del género musical. Waters le echó la madre a Ezrin y le dijo que la canción se quedaría de 1 minuto y 20 segundos.
Ezrin no se rindió. Sabía que tenía una canción memorable en sus manos, pero necesitaba repetir el coro y la estrofa una vez más para tener un éxito de radio. Ante la negativa de Waters y de Gilmour, envió a uno de sus ingenieros a una escuela primaria cerca al estudio del grupo y le dijo: "grábemele a esos chinos 24 veces el coro, póngamelos a cantar bien británicos, escoja la mejor toma y hágale, métalos en la canción."
Cuando Waters volvió al estudio y encontró el coro de niños metido dentro de la canción, no tuvo cómo decirle que no a la iniciativa de Ezrin. La canción de 1 minuto y 20 segundos ahora duraba 3:11. Waters estaba feliz. Y Ezrin había construido un himno histórico y legendario para Pink Floyd. Ahora lo único que necesitaba era que sonara en radio.
LA PROMOCION INDEPENDIENTE
Dick Asher era ridículamente estricto con los presupuestos de mercadeo de los artistas. Al ver los números que la gerencia de promoción de radio de CBS proponía para mercadear el primer sencillo de THE WALL, el ahora gerente encargado se escandalizó. En la columna de "promoción de radio independiente" había una suma de dinero que el disquero consideraba vulgar y exagerada. Asher sabía además que ese dinero era payola.
Asher intentó un experimento. Sabía que no podía echarse encima a la gerencia de promoción de radio cancelando los presupuestos de promoción independiente de todos los artistas, pero encontró en Pink Floyd al perfecto conejillo de Indias. Sabía que THE WALL sería gigantesco, que llegaría muy lejos, que sería un álbum para la posteridad, y que con o sin radio, vendería mucho. El manager del grupo, Steve O'Rourke, estuvo de acuerdo con la decisión de Asher de no destinar dineros para promoción independiente de radio del sencillo. La gira del álbum estaba ya vendida, sin que el álbum saliera al mercado. La canción era un hit indiscutible, "un palo", como decimos en Colombia de las canciones que se vuelven éxitos. Los gerentes de CBS apretaron los dientes, y Dick Asher logró su cometido. Le quitó la payola a ANOTHER BRICK IN THE WALL, PART. 2.
EL MURO
La canción salió a la radio en enero de 1980. El álbum en 1979 fue número 1 en los listados de LP'S y CASSETTES de la revista Billboard. La gira fue inolvidable.
Pero la radio NO PUSO ANOTHER BRICK IN THE WALL.
Pasaron dos meses. Entre enero y marzo de 1980 la radio se negó rotundamente a poner la canción. Queen mientras tanto, reinaba literalmente en los listados de radio con "Crazy Little Thing Called Love".
O'Rourke, manager de Pink Floyd, visitó a Asher a su oficina y le planteó su natural preocupación. Estaba bien que el ejecutivo quisiera reducir costos y hacer de Pink Floyd un ejemplo, pero necesitaba que Pink Floyd fuera número uno en el mercado de radio norteamericano, y tenía la canción perfecta para hacerlo. Necesitaba pagar para sonar.
Asher no tuvo otra opción. Reasignó el presupuesto de payola, y en tres semanas, ANOTHER BRICK IN THE WALL, PT. 2 fue número 1 en los Estados Unidos. Estaría allí durante tres semanas y luego CALL ME de BLONDIE le quitaría el reinado.
El ejecutivo se mantuvo firme a su convicción. No le gustaba pagar por sonar. No porque fuera moralmente malo, sino porque para él, era un mal negocio para CBS. Un negocio que además podía costarle la licencia de operaciones a la gran casa de artistas como Michael Jackson, Bruce Springsteen y Pink Floyd. A pesar de haber asignado muchos presupuestos, incluyendo el de la payola que hizo que Pink Floyd fuera número 1, nunca estuvo de acuerdo, mientras estuvo en el puesto como gerente encargado.
"Another Brick In The Wall, Part 2" es a la fecha una de las canciones más importantes, reconocidas, populares, cantadas, reproducidas e inolvidables de la historia del rock.
Walter Yetnikoff, el zar de la música pop y presidente de CBS Records despidió a Dick Asher en 1983.