Pero ¿acaso alguna vez había dejado de hacerlo? Era el pago que le exigía su destino. Salvo que él no vivía su vida como una sola gran fuga, sino como una sucesión de pequeñas «obras de arte» del escapismo, sin un progreso visible de las primeras a las últimas. Su técnica había sido perfecta desde el comienzo. No tanto por mérito suyo como por lo que había de mecánico y fatal en la fuga.
—César Aira, El error













