[I'm here at The Gardens on El Paseo in Palm Desert, California, and I'm looking for this funky joint though have you peed somewhere and wish to tell me about it an eclectic breakfast and lunch experience you won't forget.]

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[I'm here at The Gardens on El Paseo in Palm Desert, California, and I'm looking for this funky joint though have you peed somewhere and wish to tell me about it an eclectic breakfast and lunch experience you won't forget.]
[El Paseo's kind of known as the Rodeo Drive. Infernal lot of bad gas round the place. We were kind of the casual place for me.]
El paseo, de Robert Walser. Club de lectura con Vicente Luis Mora. – @vendoenbcn in Booklr BCN on Tumblr
Los temas principales tratados en el video son los siguientes:
1. La vida y personalidad de Robert Walser
Una parte importante del video está dedicada a presentar la biografía del escritor suizo Robert Walser: su infancia difícil, la enfermedad mental de su madre, sus numerosos trabajos, su internamiento en sanatorios psiquiátricos y su peculiar forma de vivir y escribir. También se destaca su humildad y su escaso interés por el reconocimiento social.
2. El paseo como experiencia vital y creativa
El núcleo de la obra analizada es el acto de caminar. El paseo aparece como una actividad esencial para el protagonista y para el propio Walser: le permite observar el mundo, inspirarse y crear literatura. Se presenta casi como una profesión o una necesidad espiritual.
3. La observación de la realidad cotidiana
El libro muestra cómo elementos aparentemente insignificantes —calles, árboles, personas, comercios o paisajes— se transforman en materia literaria. La mirada del paseante convierte lo cotidiano en algo extraordinario y poético.
4. El proceso de creación artística
Se reflexiona ampliamente sobre cómo surge la creatividad. Según la interpretación expuesta en el video, la creación nace de:
la observación y la percepción;
la atención a los detalles;
el trabajo mental inconsciente;
la experiencia directa del mundo.
5. La relación entre literatura y experiencia interior
El paseo no es solo un recorrido físico, sino también un viaje interior. A medida que avanza la obra, el protagonista pasa de observar el exterior a explorar su propia conciencia, emociones y pensamientos.
6. La enfermedad mental y la percepción de la realidad
Varios participantes interpretan la obra como el reflejo de una mente inestable. Se analizan posibles episodios de exaltación, delirios, crisis psicológicas y estados depresivos que influyen en la manera en que el narrador percibe el mundo.
7. La crítica a la prisa y a la modernidad
Walser contrapone el ritmo pausado del paseo a la velocidad de la vida moderna. Critica la aceleración representada por los automóviles y reivindica una forma de vivir basada en la atención y la contemplación.
8. La literatura como placer estético
Hacia el final del debate se destaca el disfrute de la obra por su estilo literario: el lenguaje elaborado, el humor, las conversaciones extravagantes y la belleza de la prosa, más allá de cualquier interpretación psicológica.
9. La influencia literaria de Walser
Se comenta la importancia de Walser en la literatura del siglo XX y su influencia sobre autores como Franz Kafka, Walter Benjamin o Jorge Luis Borges, así como el papel de Carl Seelig en la conservación de su legado.
En síntesis, el video gira en torno a El paseo de Walser como una reflexión sobre el caminar, la observación, la creación artística, la experiencia interior y la capacidad de la literatura para transformar la realidad cotidiana en una experiencia poética.
El Paseo (The Walk) Artist; Elena Dudina
Palabrerío ibérico, o la venganza de las palabras sin pedigrí
https://alexodogherty.com Hay palabras que entran en los diccionarios como en un club inglés: escoltadas, bien peinadas, recomendadas por académicos que jamás se han atragantado con una tapa de pringá. Y luego están las otras: las que no saben conjugarse con propiedad, pero se deslizan entre dientes como refrán dicho a media caña. De estas últimas se alimenta Alex O’Dogherty en Palabrerío…
Una madre
Una madreDiana AradasEl Paseo, 2023 Emiliana es la protagonista de Una madre, primera novela de Diana Aradas; una joven que vive enjaulada en su hogar, vigilada por una familia que la controla y protege en exceso. A través de la ventana de su dormitorio puede ver el mar, las aves volando libremente, y le invade el deseo de una huida que pronto se ve frustrada por un embarazo. Aradas teje una…
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El sendero abierto (2021)
Hace ya varios años, a finales de noviembre de 2018, en una de esas temporadas en las que el insomnio viene a visitarme en mitad de la noche, decidí que la única forma de combatirlo era levantarme y salir a caminar por las calles.
Con un tiempo húmedo, nuboso y frío, daba largos paseos por la ciudad y no regresaba a casa hasta estar completamente rendido al cansancio.
Estas dos fotografías en concreto, realizadas sobre el Puente de Isabel II, popularmente conocido también como Puente de Triana, fueron tomadas durante aquellos paseos nocturnos.
Son muchos los escritores, músicos, científicos, filósofos, o pensadores que alaban las excelencias de caminar. Beethoven, Darwin, Rousseau, Stevenson o Heisenberg, por citar algunos, recorrían varios kilómetros al día, gracias a lo cual conseguían dar con ideas que serían clave para los trabajos que desarrollaban.
El filósofo danés Søren Kierkegaard, amante del deambular sin rumbo por Copenhague, afirmaba lo siguiente: “He llegado a mis mejores ideas caminando y no conozco ningún pensamiento tan agobiante que no pueda dejarse atrás después de recorrer grandes distancias a pie”.
No se si serán nuestros mejores pensamientos los que conseguimos extraer tras una buena caminata, pero si es verdad que en muchas ocasiones pasear ayuda a conectar ideas, a relajar la mente y disipar pensamientos que pudieran ser incompatibles con el descanso.
Robert Walser, el paseante por excelencia, en su libro “El paseo”, hablaba así de las magníficas cualidades de caminar: “Toda la tristeza, todo el dolor y todos los graves pensamientos se habían esfumado, aunque aún sentía vivamente delante y detrás de mi el eco de una cierta seriedad”.
El hecho de sentirnos mejor durante el momento en que caminamos puede corresponderse estrictamente a los procesos que se generan en nuestro cuerpo por motivo del ejercicio físico. Pero quizá también, he pensado en alguna ocasión, puede deberse a la naturaleza nómada de nuestros antepasados que de alguna manera sigue aún presente en nuestra sangre, incitándonos a permanecer en constante movimiento.
Olga Tokarczuk, escritora polaca galardonada con el premio Nobel de Literatura 2018, nos conduce por este mismo sendero en su libro “Los errantes”, hablando así de su naturaleza nómada: “Mi energía es generada por el movimiento: el vaivén de los autobuses, el traqueteo de los trenes, el rugido de los motores de avión , el balanceo de los ferrys”
Más adelante Tokarczuk, continúa reflexionando sobre el movimiento y la percepción del tiempo por nuestros antepasados, y de cómo afectaría todo esto a sus vidas: “Los pueblos sedentarios viven en un continuo bucle, frente a los nómadas que se vieron obligados a inventar otro tipo de tiempo, más acorde con el hecho de viajar. …un tiempo lineal, más útil, porque permite medir el proceso de ir acercándose al destino,… Cada momento es diferente y nunca se repetirá por lo que anima a correr riesgos y tomarlo todo a manos llenas, a no desperdiciar ningún instante.”
La búsqueda de una vida más fácil por parte de nuestros antepasados, gracias al hallazgo de la agricultura, permitió la transición de cazadores-recolectores nómadas a cultivadores sedentarios establecidos en asentamientos humanos permanentes, que les traería consigo los ansiados beneficios esperados. Pero esta nueva etapa, también les conduciría, sin saberlo, a una situación de aumento de la población, incremento de focos de enfermedades infecciosas, así como al agotamiento de los recursos y la lucha por los mismos.
A este momento de cambio en la historia de la humanidad lo denomina Yuval Noah Harari en su libro “Sapiens” como “El mayor fraude de la historia”. Esa pequeña piedra, que nuestros antepasados arrojaron en el estanque del pasado, generó una perturbación que se ha ido propagando poco a poco en el tiempo hasta llegar a nuestros días, en forma de embravecidas olas de mar que se estrellan una y otra vez contra la costa de la civilización.
Aquella noche durante el paseo, mientras me aproximaba al puente, inmerso en mis pensamientos, sentí justo antes de atravesarlo que había algo amenazador en el ambiente que no invitaba a cruzarlo.
Una espesa niebla envolvía la pasarela convirtiendo a los caminantes en seres solitarios que deambulaban por una ciudad desierta, alejados unos de otros como tristes siluetas escondidas y temerosas de la luz del día.
El río, que discurría silencioso bajo el puente, se agitaba como un manto negro lentamente mecido por el aire.
Las farolas, que custodiaban ambos lados del paseo, flotaban en la noche como frágiles y titilantes esferas a punto de romperse.
Al fondo de la escena, y como llamando mi atención, se distinguía un tenue resplandor, un hilo de luz, como un lejano augurio de épocas remotas arrastrado por el viento hasta esta orilla.
A veces pienso, cuando vuelvo a ver estas fotos, que en cierto modo el futuro se estaba revelando ante nosotros, en ese mismo momento, como en una novela de Charles Dickens.
La humanidad, en ocasiones, tiene que cruzar puentes, y anda entre tinieblas y en mil vacilaciones, confiando que en su camino, pueda vislumbrar luz en la oscuridad.