La soledad de las tardes silenciosas y el sueño pesado.
Son las cuatro y voy por la cuarta taza de café en esta casa no hay luces prendidas excepto el foco arriba de mi. El tiempo se siente como una cucaracha boca arriba agonizando. No todos los días se puede escribir, a veces no sale; se ocupa de un empujón, un poco de serotonina, de soma. El vacío llena este espacio donde las teclas no suenan; trato de escribir sobre la Ciudad de México, recordar a qué sabía la combinación del epazote y el elote, recorrer alcoholizado el centro, la arquitectura de la cineteca y un documental. En realidad, no visité muchos lugares me la pasé comiendo y borracho pero la pasé bien. Si lo analizo creo que hice lo mismo que hago acá, me faltó ver algunos museos, criticarlos de forma burlona si es que había algo que criticar y volver caminando por la noche a ver qué aventura ocurría. En general, valió la pena, hubo muy buenas fotos que la mayoría ya perdí o regalé. He podido escribir algo acerca de esto, eso me hace feliz, trataré de dormir con este calor. Espero no despertar empapado. Se me olvidaba, no tengo ninguna queja con los chilangos, son chidos.















