LA CIUDAD QUE FUE: LOS PARQUES ACUÁTICOS ABANDONADOS EN CHAPULTEPEC
Texto por Victor CT
Datos por Alexis Palma
La ciudad ha cambiado de sobremanera a lo largo de los años; lugares nuevos llegaron, otros pasaron a formar parte de lejanos recuerdos, nostálgicos para el que le tocó disfrutarlos y una curiosidad para los que saben que existieron a través del anecdotario colectivo.
Este es el caso del Parque Atlantis y el balneario La Ola, que posteriormente pasaría a llamarse El Rollo, espacios contiguos que fueron unas de las principales opciones recreativas para los chilangos en los años 80 y 90. Ubicados en la Tercera Sección de Chapultepec, estos sitios enfocados a las actividades acuáticas cerraron entre diversos problemas administrativos.
Las instalaciones quedaron en total abandono, tornándose un punto de interés con el pasar de los años para los exploradores urbanos que deciden echar un vistazo a estos silenciosos vestigios de lo que algún día fuera un sitio lleno de vida.
Por el lado de Atlantis, la enorme pared que solía recibir a los visitantes con el logo plasmado se alza agrietada, precedida del acceso provisional que te lleva directo al corazón del inhóspito parque. Entre figuras empolvadas de animales y muros desgastados, el primer lugar que llama la atención es un gran domo que en su interior no guarda más que escombros y un profundo eco.
El lugar tenía además la llamada Gruta Marina, un pequeño museo donde se educaba sobre diversas especies con exposiciones especiales que llegaban a incluir esqueletos de grandes mamíferos como las ballenas. También disponía de una zona de acuarios donde se podía conocer gran variedad de peces.
Al centro, una profunda fosa se asoma con agua estancada dentro de ella y una pelote playera que se mueve empujada por el viento, como uno de los últimos remanentes de lo alguna vez que fuera su principal atracción: el estanque de los delfines.
Este punto que antaño fuera el de mayor interés, hoy luce rodeado de Graffiti y unas solitarias gradas púrpura desde las cuales se contemplaba el show de los lobos marinos.
Durante sus últimos años también se ofertaba la delfinoterapia para personas con discapacidades motrices, además de fungir como sitio de fiestas infantiles. Finalmente el parque cerró en 2012 tras el anunció una remodelación que nunca se realizó.
En la parte que correspondía al Rollo aún se aprecian los toboganes, con capas de polvo y hojas secas que hacen increíble pensar que aquí había grandes aglomeraciones durante su momento de mayor éxito. Secciones como las regaderas yacen sin techo, pero ampliamente intervenidas por dibujos muy llamativos, al igual que la taquilla donde alguno que otro murciélago aprovecha la quietud para descansar.
La que fuera la alberca de olas aún conserva agua acumulada por el paso del tiempo, con un sonriente cocodrilo que parece resguardar uno de los sitios más amplios dentro de las instalaciones abandonadas. Curiosamente, aquí el agua no luce tan solitaria como en el caso de Atlantis, ya que se puede observar el brincoteo de los renacuajos que hicieron de esta área su hogar.
Utilería desgastada entre la maleza, el eco constante que retumba en cada una de las paredes vacías y la sensación de que alguna vez fue un sitio reluciente vuelven de este sitio uno de los puntos más interesantes de la Ciudad, recordándonos de lo implacable del tiempo, no solo por el desgaste material en sí, sino por los momentos que aquí se vivieron y ahora no son más que recuerdos.
*La zona es propiedad privada y se requiere un permiso especial para visitarla sin mayor contratiempo*











