A través de los ojos del dragón- Minecraft con noobs- 1
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Elyas se vio despertado por la agitación proveniente del pueblo, levantándose de un salto y dirigiéndose inmediatamente hacia la puerta de su hogar al oír los gritos de los guardias. De causar tal excitación debía tratarse de una verdadera amenaza.
--¡Alguien ha penetrado la muralla!--
El alboroto le espabiló nada más poner un pie fuera, enviando a los aldeanos que veía salir de nuevo al interior de sus hogares. Escaló con destreza adquirida uno de los muros del pueblo para divisar la situación desde la máxima perspectiva.
--¡Elyas! ¡Elyas, ¿qué pasa?!--
Se volvió a ver a quién le llamaba. Su compañero Herny le miraba desde la puerta de su propio hogar, con una expresión de tremenda confusión en su rostro. Sus demás compañeros evacuaban igualmente sus viviendas ante la alerta general.
--¡No os acerquéis!-- Ordenó con firmeza y estupefacta alarma al oír a los guardias avisar de la presencia de un dragón. --¡Quedaos en vuestras casas!--
Se aseguró de verles ingresar de nuevo a la seguridad y procedió a continuar hacia el centro de la agitación.
"¡No puede ser!" Pensó al tiempo que empuñaba su arco y corría a lo largo de la muralla, acercándose lo más que pudo y dirigiéndose hasta la esquina donde los protectores del pueblo se encontraban reunidos en torno al intruso. Dos grandes alas negras se hallaban cerradas a manera de escudo y barrera en torno a la criatura.
Cargó su arco y se preparó para disparar junto a los guardias, cuando de pronto las oscuras alas resplandecieron con un destello de luz violeta y en un instante se desvanecieron entre una lluvia de partículas brillantes, dejando en evidencia al ser bajo ellas.
--¡Alto, alto! ¡No disparéis!-- La orden de Elyas fue dada con afán al ver que tras los recién desvanecidos apéndices yacía un muchacho, que se apegaba lo más físicamente posible contra el muro, con una mano presionada con fuerza contra su pecho y empuñando amenazador una espada que refulgía con el poder de un encantamiento hacia la multitud que le acorralaba.
Elyas bajó con prisa, repitiendo con vigor la misma orden mientras se abría paso entre los guardias para ver de cerca al desconocido. Indicó a los demás hombres que se alejaran un poco, a la espera de poder averiguar de quién se trataba, y qué hacía allí.
--¡Que no le engañe con facilidad! ¡Su disfraz no es suficiente! ¡Esa es una bestia!--
Les mandó a callar, deteniéndose frente al chico. Algunas zonas de su cuerpo, entre ellas su rostro, dejaban en evidencia su raza, cubierto de escamas negras como la noche y duras como la obsidiana. Dos grandes ojos de un morado brillante, comparable a los de los enderman con un par de agudas pupilas estrechamente contraídas miraban fijamente a Elyas, disparando dagas hacia él y amenazándole con la sola intensidad de su mirada, retándole a acercarse. Elyas bajó su arco, tratando de mostrarse lo más ameno posible y dio un paso hacia él.
--Hola, yo-
Un espadazo agresivo en su dirección estuvo a poco de abrirle el estómago, alcanzando a rozarle y rasgar su camisa, haciendo una larga pero superficial herida en su abdomen.
Una flecha, lanzada por detrás suyo impactó en el brazo que yacía a lo largo de su pecho y rebotó en las escamas ahí. Rápidamente los vibrantes ojos amatista bajaron hacia su pecho y un gruñido de evidente advertencia escapó de la garganta del intruso, a la vez que la fiereza de su mirada se intensificaba hacia la multitud. Un débil llanto emanó desde el pecho del muchacho. O, más bien, desde algo sobre su pecho.
Los ojos de Elyas se abrieron con sorpresa al darse cuenta de que lo que el otro presionaba bajo su mano no era parte de su cuerpo, sino más bien un delicado algo, que, a juzgar por lo pequeño de su tamaño y los suaves quejidos que profería, bien podría ser un-
--¡Parad, parad! ¡Alto! ¡Nadie tiene permiso a disparar! ¡Alejarse, todo el mundo!--
Los demás obedecieron con cierta duda, retrocediendo unos cuantos pasos. Cuidadosamente, Elyas se agachó frente suyo, dejando el arco en el suelo a su lado, sin tratar de acercarse para no alarmarle y se dirigió nuevamente hacia él, con voz suave y amistosa.
--Traes un bebé contigo. Dime, ¿es tuyo? ¿Necesitáis ayuda?--
Presintió por su mirada que quizás estaba esperando por una respuesta que no llegaría; pensó que tal vez el chico no hablaba, o no le entendería. Nunca había estado tan cerca de un dragón, y nunca había visto uno en forma humana (o, más o menos humana). No sabía exactamente cómo dirigirse a él.
La espada seguía fuertemente presionada en su mano derecha, cruzada en altura frente a su pecho, preparándose para atacar y proteger al pequeño ser bajo su abrazo. También lucía agotado, y extremadamente desconfiado, pero Elyas logró notar que su incomodidad aumentaba al ver o sentir moverse a alguno de los hombres fuertemente armados tras su espalda, y no tanto al estar él mismo, desarmado e inofensivo frente suyo.
"Es comprensible", pensó.
Decidió ordenar a los guardias retirarse, teniendo que insistir varias veces ante la negativa general y la reiteración de una amenaza por parte de los protectores.
--Repito, nadie tiene permiso a disparar, guardad las espadas; trae a un bebé en sus brazos. No quiero que alguno resulte herido.--
--¿Una cría? ¡Habría que aprovechar y deshacerse de ella cuando aún es fácil!--
El muchacho en el suelo se tensó evidentemente al notar la excitación levantarse entre sus perseguidores, y las miradas ansiosas que se fijaban en el delicado bulto envuelto en telas oscuras en su pecho. El filo en su mirada se hizo tan agudo como el de la espada que nuevamente apuntaba hacia ellos.
--¡Silencio! ¡Ya basta! ¡Escuchadme todos ahora mismo!--
Elyas se incorporó de golpe y encaró de nuevo a los guardias, mirándoles con severidad y cierta exasperación ante su terquedad. Los suaves lloriqueos de la criaturita tras él hacían eco en sus oídos. Le revolvía el estómago imaginarse a los otros hombres arrancándole de los brazos que con tanta devoción le protegían, solo para asesinarlo.
--Todo aquel que ignore mis órdenes y no desaparezca en este instante podrá ir olvidándose de la vida dentro de estos muros, e ideandósela para sobrevivir entre los creepers y los zombies, ¡fuera todo el mundo!--
La mayoría le miró como si estuviera loco, pero no tuvieron más opción que obedecer al monarca de aquel pueblo, guardando por fin sus armas y comenzando a retomar sus puestos asignados.
Elyas suspiró con pesadez viendo a la turba alejarse, volviéndose luego de nuevo hacia el chico y retomando su posición gacha frente a él.
--Confío en que si hubieras venido a atacarnos eso mismo habrías hecho ya. Presiento que vienes en busca de refugio o ayuda, más con ese pequeño que llevas ahí.-- Meditó un momento, pensando qué hacer ahora.
--Te invito a quedarte en mi casa, ahí nadie podrá hacer daño a alguno de vosotros, y yo me aseguraré de ello.-- Se incorporó nuevamente, inclinándose hacia él para ofrecerle su mano como impulso para levantarse.
De nuevo la espada se interpuso entre ambos en una rápida reacción, esta vez casi a punto de hacerle despedirse de unos cuantos dedos.
--... Entiendo, sí. Nada de acercarse.-- Suspiró mirando su mano, aún en una pieza. --Sígueme, por favor.--
Se dio la vuelta y caminó unos cuantos pasos, antes de girarse para comprobar que él no le seguía, aún en su sitio en la esquina de la muralla. Sabía que no le entendía, pero para ello le comunicaba sus intenciones con acciones.
--Por favor, acompáñame.-- Agitó su mano hacia sí mismo, en un gesto para que se acercara. Se preocupó de que quizá estuviera demandando demasiada confianza solo por el hecho de no haberle atacado, y no le extrañaría si fuera así y el muchacho no tuviera interés de fiarse de él tan pronto.
El dragón le miró fijamente unos segundos, antes de desviar su mirada hacia un guardia que patrullaba cerca y gruñir con rabia en su dirección. Al verle alejarse finalmente, regresó su mirada a Elyas y luego al bebé en sus brazos, y tras unos segundos empezó a incorporarse con dificultad, apoyándose bastante en el muro. Se notaba muy débil, y Elyas de nuevo se preocupó de que pudiera estar severamente herido, pero intuía que él no le dejaría acercarse para examinarle. Por el momento solo deseaba llevarle a la seguridad de su hogar si accedía a ello, y ya después dejarle descansar.
El muchacho caminó lentamente tras él, negándose a alcanzarle o adelantársele, muy probablemente sin intenciones de darle la espalda. Se veía en su mirada que era astuto, y daría su confianza en las cantidades necesarias para no poder arriesgarse a salir posteriormente perjudicado.
Elyas llegó hasta la puerta de su hogar, abriéndola completamente y dándole espacio para que ingresara. Él no lo hizo, alternándose entre mirar hacia el interior y a Elyas desde su lugar frente a la puerta. Quizá desconfiara, y pensara que pudiera tratarse de una trampa.
--Eres bienvenido, por favor sígueme para que puedas descansar.-- Recitó atravesando el marco, esperando que su desconfianza se disipara lo suficiente para que accediera a seguirle.
Pudo verle vacilar, pero igualmente terminó por seguirle adentro, a una distancia prudente.
Le guió hasta su habitación, donde se hallaban dos camas separadas.
"Bueno, ¿y ahora qué?" Obviamente deducía que bajo ninguna circunstancia él le dejaría dormir cerca, probablemente ni siquiera en la misma habitación. Mientras pensaba qué hacer, la primera solución que encontró siendo llevarse una de las camas a su salón, o cualquier otra habitación, le vio dejar con cuidado al bebé sobre sobre uno de los colchones, dándole a Elyas una intensa mirada de advertencia y luego este observó atónito como empujaba la otra cama para juntarlas.
"¿Qué? No puede ser que... ¿me deje dormir junto a él?"
Una vez estuvieron una junto a la otra, le vio destenderlas casi por completo, usando las sábanas y almohadas para hacer una especie de nido en torno al pequeño, no sin antes detenerse a examinar las níveas y suaves telas con extraño interés, amoldando su construcción hasta verse satisfecho con el resultado y tumbándose en la cama contigua, dándole la espalda a Elyas.
Se acomodó junto al bebé, poniendo un brazo protector sobre su pequeño cuerpo y finalmente se volvió hacia Elyas, viéndole con una expresión lánguida y expectante, parpadeando perezosamente con una muy notable dificultad para mantener los ojos abiertos.
--Yo... creo que tengo algo de lana de sobra para...-- El dragón exhaló un pesado suspiro. --... Hasta mañana.--












