Tal vez ya va siendo tiempo de que nos enojemos, sí, de que nos enojemos mucho.
La ira (el enojo) puede ser una emoción tan potente como atemorizante.
También puede ser un sentimiento que nos guíe hacía importantes decisiones, a veces decisiones difíciles de tomar.
Puede ser señal de los problemas de otras personas, de nuestros problemas, o simplemente de problemas que debemos enfrentar.
Negamos nuestra ira por una serie de razones. No nos damos permiso para permitir que aflore en nuestra conciencia, al principio.
Entendamos que la ira NO DESAPARECE; se asienta en capas bajo la superficie, esperando a que estemos listos, a que nos sintamos seguros y que estemos lo suficientemente fuertes para lidiar con ella. Lo que solemos hacer en vez de encarar nuestra ira y lo que ésta nos está diciendo acerca del cuidado de uno mismo, es sentirnos dolidos, victimados, atrapados, culpables e inseguros acerca de cómo cuidar de nosotros mismos.
• Podemos aislarnos, negar, dar
pretextos y esconder la cabeza en la
arena, por un tiempo.
• Podemos castigar, desquitarnos,
levantarnos y preguntarnos.
• Podemos perdonar repetidamente a
la otra persona por conductas que
nos lastiman.
• Podemos temer que alguien se aleje
si enfrentamos la ira que sentimos
hacia él o ella.
• Podemos temer que tengamos que
alejarnos nosotros si nos
enfrentamos a nuestra ira.
• Podemos simplemente tener miedo
de nuestra ira y de la potencia de
ésta.
• Podemos no saber que tenemos
derecho, una responsabilidad
incluso, para con nosotros mismos,
de permitirnos sentir nuestra ira y
aprender de ella.
”Hoy comenzaré a permitir que
afloren mis sentimientos de ira
ocultos y/ó reprimidos. Tendré valor
para encararlos. Buscaré dentro de
mi entender cómo debo cuidar de mí
mismo con la gente hacia la cual
siento ira. Dejaré de decirme a mí
mismo que algo anda mal conmigo
cuando la gente me victimiza y me
siento enojado por la victimización.
Hoy sé que puedo confiar en que mis
sentimientos son señal de que
existen problemas que necesitan mi
atención”.
El enojo es una energía necesaria para poner límites. Es el sentimiento que ”nos avisa” cuando alguna situación o persona está cruzando nuestros límites, cuando nos sentimos invadidos, anulados y/ó agredidos.
El enojo es la punta del iceberg, debajo muchas veces hay dolor, vergüenza, necesidad de re-conocimiento, rechazo, humillación, traición, inseguridad...
Nuestro objetivo es tener la capacidad de poner límites sin la necesidad de llegar al enojo y/ó de engancharnos; es poder prevenir las situaciones de abuso y mal-trato
Pongamos atención a nuestros enojos. A veces el enojo es la única manera que tenemos de cuidarnos... de separarnos... de des-apegarnos... Un enojo reprimido puede convertirse fácilmente en depresión y enfermedad.
Tengamos presente que lo reprimimos por miedo a lastimar al otro, sólo que al hacerlo muchas veces nos dejamos de lado.
Honrémosle hoy como LA energía de acción, movimiento y de autocuidado que también es.