Forastera (Diana Gabaldon)
—Bueno, si fuiste un tonto, Jamie, ya has pagado por ello. —Apoyó la mano con suavidad en la espalda de su hermano para cubrir las peores cicatrices—. Debió de dolerte mucho.
—Sí.
—¿Lloraste?
Jamie apretó los puños.
-¡Sí!
Jenny giró para ponerse frente a él, con la cabeza erguida y los ojos rasgados grandes y brillantes.
—Yo también —confesó con voz queda—. Todos los días desde que te llevaron.




















