Contagiando emprendedurismo.
¿Cómo se dio la posibilidad de hablar, en qué me beneficiaba, en qué se beneficiaban los alumnos oyentes, cómo me preparé para darla y cuáles fueron las repercusiones?
Mi hermano menor, Jason, está actualmente cursando la carrera de Publicidad en la Universidad de Ciencias Económicas y Sociales y al comentar que trabajaba en Un Mate, muchos de los ejercicios que hacían en las clases de ´Redacción Publicitaria´ usaban nuestro ejemplo como caso de estudio. Eventualmente, el profesor Ricardo Palmieri le preguntó a Jason si alguno de los fundadores podría acercarse a hablar unos minutos. Accedí encantado, y mi única condición fue que me den 3 semanas para preparar la charla. Mi intención era dejar una huella, buscaba poder influir de manera positiva en la vida de alguien.
En las 3 semanas que tenía, usé mi tiempo libre disponible luego de mis responsabilidades laborales y de mi entrenamiento para definir qué esperaba dejar como mensaje final de la charla, cómo distribuiría 7 años de enseñanzas y aprendizajes en una breve presentación, y cuál era la mejor manera para interactuar y llegar a conectar con los alumnos.
Cuando me propusieron hablar, acepté automáticamente porque ya tenía bien presente que cualquier oportunidad que se me presentase para poder compartir mis ideas, mi experiencia y mi visión, me ayudaría mucho a recibir retroalimentación acerca de las dudas que le surge a la gente, el nivel de curiosidad acerca del mundo del emprendedurismo y poder ver con cuánta información cuentan las personas en estos temas. Hablar sobre mis experiencias pasadas y mis proyectos futuros en público abre el abanico de infinidades de puntos de vista, que me sirven profundamente para cuestionarme y analizar ciertas decisiones que tomé, y contemplar otras alternativas en el futuro. Me brindaría también exposición en medios, dándole más prestigio y valor percibido tanto a mí como profesional, como a la marca Un Mate. Me abriría puertas para futuras charlas, y sería un gran aporte para el libro que en este momento estoy escribiendo.
Los oyentes recibirían información de primera mano de un orador que arrancó un emprendimiento a partir de una necesidad, que la transformó en idea, y esa idea la llevó a un plano real en forma de objetivos y un plan de acción para poder alcanzarlos. La charla sería un desglose de pasos concretos llevados a cabo para hacer de esa idea una realidad. Recibirían consejos prácticos y cotidianos de un emprendimiento que nació sin condicionamientos, sin restricciones ni máximas. Fue un experimento, una necesidad de guiarse por sus propias convicciones y su instinto más allá de las ideas ya aceptadas como válidas en el mundo laboral actual. Sería una charla que responde a muchos de los interrogantes que tienen los jóvenes hoy en día. Esta charla culminaría con una enseñanza final, un mensaje de motivación que apuntaría a contagiar aunque sea a una persona a guiarse por sus pasiones y armar un plan de acción que le permitiera alcanzar sus más anhelados sueños.
En las 3 semanas que tenía para preparar la presentación me concentré en 3 pilares. Contenido histórico, mensaje final y lenguaje.
La primer parte fue la más fácil, fui testigo de todos los hechos que me llevaron desde el inicio del emprendimiento hasta el día de hoy. Ya había dado una charla en la Universidad de La Empresa (UADE) en 2015, por lo que tenía un boceto o por lo menos un lineamiento para poder guiarme. A su vez, el presente libro me había hecho estar más consciente de todo mi trayecto en esta travesía que algunos llaman Negocio, y había incorporado nuevas anécdotas y situaciones que fui recordando, actualizando el discurso original.
En cuanto al mensaje, se trata de un trabajo un poco más fino, en el que se busca de asociar una línea de tiempo y situaciones puntuales a los puntos que uno quiere remarcar como importantes. Se debe hacer un análisis exhaustivo de lo que uno considera como bases del éxito propio y luego transmitírselo al público de manera tal que se sientan cautivados y no pierdan el hilo de la historia que se trata de contar. Los mensajes deben ser fácilmente reconocibles durante la presentación, y como en toda historia, deben poder cerrarse con un mensaje final que acopie todos los anteriores y quede una idea clara al final del relato. De otra manera, el oyente no recordaría un punto conciso, sino ideas sueltas que eventualmente se irían diluyendo o perdiendo entre los miles de mensajes que reciben a diario consciente e inconscientemente.
El lenguaje no es solo oral, sino que igual de importante es el lenguaje corporal. El lenguaje oral incluye el tono de voz, las pausas, la velocidad y el hincapié que se hace en cada oración para captar la atención del público en los momentos claves. La manera en la que proyectamos nuestra voz a través de nuestra postura, el movimiento de las manos, la mirada, impactará en la manera en la que el oyente capte el mensaje. El lenguaje es esencial para lograr que cada concepto sea percibido de la manera en la que esperamos y se logre el objetivo buscado.
Una buena historia sin mensaje final y dictado en un tono monótono no tendrá el mismo efecto que una historia que deje una idea clara al final del relato, y sea transmitida de manera tal que las personas del otro lado se sientan partes de ella, captando los gestos utilizados para generar suspenso, expectativa, haciéndolos partícipes de los subibajas de la historia.
Todo esto se practica, y mucho.
Como en todo en la vida, lo que no se sabe se puede aprender a través de la prueba y error, en libros, videos o consejos de alguien experto en la materia. Para practicar la charla, utilicé un espejo de cuerpo entero en el que podía ver mi postura y mis gestos a medida que presentaba la charla para mí mismo, usando el televisor como proyector de las diapositivas que había preparado tal cual iba a tener el día de la exposición oral, y cronometré todos mis intentos. Usé los consejos del libro “Talk Like Ted” de Carmine Gallo, que reúne todos los puntos que tienen en común las presentaciones más exitosas de la cadena de charlas Ted (www.ted.com). Ted es una organización sin fines de lucro que dicta charlas en diferentes rubros, siendo todas ideas innovadoras y que buscan mejorar el mundo en el que hoy vivimos en las más variadas áreas. Se caracterizan por ser charlas cortas, cerca de los 18 minutos de duración, y con alto impacto en los oyentes.
Analicé el video de la charla que había dado en Noviembre de 2015 en la Universidad de la Empresa (UADE), enfocándome en las cosas que podría mejorar y en los puntos que me gustaría mantener de esa experiencia pasada. Grabé también mis prácticas para ver como aplicaba lo aprendido y qué debería ajustar. Usé diferentes ángulos para no acostumbrarme a un punto específico ya que el día de la charla mis ojos estarían sobre un nuevo escenario, y debía estar preparado para eso también. Así fue que empecé practicando frente al espejo, y luego fui variando con las cuatro paredes de mi departamento. Me enfoqué en puntos clave que debía recordar y lo hice sin ayuda durante la práctica, porque no quería depender de ningún elemento que no tendría durante la presentación. El día de la exposición me preocupé en estar tranquilo, no era momento para improvisar. Lo aprendido y estudiado ya estaba hecho. El ensayo ya había terminado, aquel día era día de actuar.
Me cercioré que no me falte nada: pendrive con la presentación (también me la mandé por mail a mi casilla laboral y a la personal), clicker para dar la presentación inalámbricamente (evitando tener que usar el teclado y de esta manera afectando el clima de la charla), muestras de los mates que comercializamos y una botellita de agua para hidratarme previo a la presentación y durante las preguntas & respuestas que continuaron al finalizar mi presentación.
Me sorprendió la atención de los alumnos, recibí mucho contacto visual y no percibí inquietud en el público, lo cual me dio confianza y seguridad para seguir haciendo las cosas de la manera que lo venía haciendo. La primera pregunta que recibí al terminar de hablar y dar lugar a preguntas del público fue: “¿Cómo haces para hablar tan bien? No la veía venir, fue una grata sorpresa que respondí detallando todo lo arriba expuesto. Las preguntas caían una tras otra, sin silencios incómodos entre una y otra, fue como una conversación en doble vía, en la que los alumnos evacuaban sus dudas en cuanto a preguntas técnicas relacionadas a decisiones en las áreas operativas, de marketing, de ventas, y otras más relacionadas con su curiosidad sobre el hecho de que exista mercado de Yerba Mate en Latvia o en Taiwán. Me preguntaron sobre mi vida personal y proyectos futuros, cerrando con un aplauso extensivo tanto de ellos hacia mí, como mío hacia ellos.