En ocasiones, cuando el cristiano de turno que tengo delante no lo toma como una afrenta, discuto sobre religión.
Digo “cristiano” porque si algo hay que defina a este país desde tiempos inmemoriables es su cristianismo.
También su catetismo (que no catequismo), pero eso ya para otro día.
Tuve la suerte de estudiar un mínimo de religión que me permitió suspender el único examen de toda mi primaria: no había estudiado la vestimenta del Papa, y claro, al hoyo.
Bien pensado, creo que fue el punto de inflexión en que comencé a cuestionar lo del “acto de fe”.
Ya había hecho la comunión (qué bici más bonita, una mountain bike azul oscura, que todavía anda por casa) y los Domingos estaba lo de ir a misa y escuchar alguna vez lo que decía el cura.
Allí se pasaba el día hablando de las cartas a los Corintios, sobre los que sigo en la más absoluta ignorancia, y de los buenísimos valores que la religión nos brinda.
El amor al prójimo, o lo que uno puede entender como compañerismo.
Los “no robarás” y “no matarás”, clásicos.
Menos mal que Dios mandó a Moisés escribirlo en una tabla, si no milenios después continuaría habiendo guerras y caos, así en general. Con lo bien que estamos ahora, eh.
Muriendo en la playa a los ¿5, 6 años?.
Lo mejor era la forma de lavar tus pecados, que eran siempre los mismos: discutir con tus padres, insultar a tus hermanos, no hacer caso y que te echaran de clase.
Rezar a un Dios al que jamás viste, del que sólo oías hablar, cuyo profeta debió ser el Marty McFly de la época. Una mezcla entre el pringado de clase, Oprah y David Copperfield.
El tío se dejó matar para que nos perdonaran los pecados del resto, un tío generoso.
De los que no se ven a menudo. Aunque si quieren que les diga una cosa, morir por los posibles ¿pecados? Que cualquier persona estándar haya cometido es algo bastante tremendo. Dramático.
Si estoy dando toda esta chapa en forma de monólogo escrito, es porque la pregunta no es si crees en Dios o no. Eso no ayuda.
No ayuda porque las razones por las que ensalzáis a vuestro Dios, son simplemente características de la raza humana.
Vuestro Dios, que tanto veneráis, es humano. Lo es, de veras. Es una bonita metáfora del ego del hombre, si se piensa un poquito.
El adjetivo humano se usa como sinónimo de “comprensivo” y “sensible”.
La pregunta es si merecemos tal adjetivo. Todo lo bueno que teníamos como “animal inteligente”, lo hemos perdido. Ya no somos lo que fuimos, ahora somos otra cosa.
Deshumanizados, pero muy cristianos.
Esta noche, miles de personas incluirán en sus plegarias al niño sirio de la playa.
Mañana, se levantarán tranquilos, beberán café y comerán una tostada y con las mismas a trabajar.
Al fin y al cabo, es ley de vida. Yo qué culpa tengo. Pecado no es.
Culpemos a la guerra. Culpemos a los bancos. Culpemos a quien sea. Amén.