«Muchos clientes están casados. De hecho, la mayoría de mis clientes lo estaban o tenían pareja. Ninguno se planteaba que le estuviera haciendo daño a su mujer (¡aunque muchos pedían hacerlo sin condón!). Tampoco se podían imaginar que yo estuviera fingiendo "en serio". Creían que me lo pasaba bien. Hay muchos modos de fingir que te lubricas, desde el salivazo a tiempo tapando la maniobra con la melena de medio metro, hasta llevar dentro del coño una esponjita llena de lubricante. Pero la mejor tapadera es la propia vanidad y ceguera masculina. Si estás predispuesto a creer que follas como Dios, y que esa puta que está contigo en realidad es una viciosa, te va a costar "ver" la cruda realidad de su fingimiento o de tu ineptitud. O de ambas cosas juntas.»
- Marta Elisa de León (Las ocultas. Una experiencia de la prostitución)













