Fuera del planeta, cerca de mil millones de estrellas viejas y jóvenes que son fácilmente observables con un telescopio, podría encontrarse también una versión galáctica de «mi», algo llamado « brazos espirales» que son básicamente una recolección o cúmulo luminoso repleto de materia interestelar, impreciso en diversas formas, complejo y difuso. No sé dónde me ubica toda ésta apreciación, supongo que en el punto de lo difícilmente perceptible y, no, no me siento grandiosa por eso. Alguien recientemente me dijo que no debería sentirme «diferente» por «no hacer» las cosas que comúnmente hacen los demás, y ese jodido comentario me ha mantenido pensando y provocó que quisiera escribir todo esto porque, no es así, no soy así, no es de esa forma como quiero que me vean. No me siento «diferente» por lo que hago o dejo de hacer, ni pienso que ser «distinta» me hace mejor que otros, por el contrario, he escrito miles de veces sobre mis ganas de ser normal, porque, pienso que la vida es menos complicada y el mundo es menos cruel con la gente que sabe seguir patrones y caminar detrás de alguien más. Supongo que por un tiempo quise ser una del montón, ahora ya no me preocupa, solo quiero intentar ser «yo» sin que eso me autodestruya, es una lucha constante, una batalla personal, pero, de la manera que sea, no creo que eso me haga ver como una chica pretenciosa. Mi anormalidad no me convierte en un ser superior, no soy una mejor persona por lo que no hago, no soy más, solo materia difusa, ni siquiera me capta el telescopio, así que ustedes, estrellas, solo brillen.