Ya son varios los meses en los que me he visto sumida en una mezcla de emociones que no logro digerir por completo.
Haciendo un análisis exhaustivo de la raíz del cambio en el aspecto emocional de mi persona, fue que llegué a la conclusión de una sola cosa…
Desde pequeña disfrutaba al llevar una vida tranquila y más o menos en torno a un plan. Era como si estuviera siguiendo unos pasos descritos previamente por alguien y que me llevarían a alcanzar la tranquilidad y felicidad absolutas. Sin embargo ¿Quién es esta persona, ente que dicta las reglas del juego, los pasos que uno debe seguir? ¿nuestros padres, maestros, demás familiares o amigos, o incluso la figura religiosa/espiritual a la que cada quien le guarda devoción?
La respuesta era muy simple y sin embargo resulta por traer consigo un miedo incluso mayor…
El único juez de nuestros movimientos, el ser que dictó las reglas que en realidad son implícitas e intangibles, somos nosotros mismos.
Por más normas que dicte la sociedad, si nosotros decidimos no escuchar, no seguir, no cumplir, en realidad es algo que no trasciende emocionalmente. Empieza a afectar cuando nuestras decisiones nos van trazando nuevos roles en la vida, cuando nos salimos del plan que habíamos diseñado nosotros mismos en nuestra mente. Es entonces cuando se desencadena un cambio en nuestro interior, pareciera que las cosas se nos salen de control, que nuestro bienestar se ve alterado y la tranquilidad y estabilidad desaparecen.
Hay una bomba emocional que se nos sale de las manos, que no podemos contener y que parece propagarse a manera de virus, un virus imposible de erradicar.
A pesar de lo caótico del asunto, pareciera que esta transición trae consigo aspectos satisfactorios. Hay sensaciones desconocidas que empiezan a radicar en nosotros, nuevos anhelos, surgen dudas, en general se vive en un ambiente en el que reina la intranquilidad pero que no desestabiliza la salud emocional.
Es algo complicado de explicar, pues hay un choque entre los aspectos positivos y negativos que pudiéramos encontrar. Hay emoción, alegría extrema, anhelos; pero estos a su vez vienen acompañados de miedos, angustia y depresión. Esto último surge del hecho de considerar que nos salimos del plan inicial y entonces nos llena la incertidumbre.
Nadie nos dijo que llegaríamos a este punto de sentir que todo lo conocido, lo que habíamos planeado, lo instituido como correcto no satisface más nuestras necesidades…
Si ya nos salimos de los patrones conocidos como social/moralmente aceptados, no hay entonces nadie que pueda decirnos los pasos a seguir.
A partir de este momento, el único camino que podemos seguir es aquel que se va forjando día a día, que trazamos con el compás de nuestro sentir, que nos deja una sensación de lleno en el alma.
Todos somos diferentes, es por esto que cada quien debe tomar sus decisiones con base en uno mismo solamente. Los métodos a seguir no aplican para todos, a menos que queramos llevar una vida frustrada y plana.
Una vez que nos damos cuenta de que queremos algo más de la vida, no podemos continuar en el juego ordenado de la sociedad. Despertamos y tenemos que experimentar por nuestra propia mano, el miedo se irá yendo poco a poco y las experiencias traerán consigo un vivir completo.