Mi rasgo tóxico: Es que me preocupo por la gente que ni siquiera piensa en mí.
— Oríah ☁️.

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Mi rasgo tóxico: Es que me preocupo por la gente que ni siquiera piensa en mí.
— Oríah ☁️.
Avr
Siento injusto que la persona que me dañó, me maltrató psicológicamente, le este yendo tan bien la vida, pero el karma llega tarde o temprano.
Creí en Dios porque necesitaba aferrarme a algo.
–V.
“Es mejor equivocarse siguiendo tu propio camino que tener razón siguiendo el camino de otro."
– Fyodor Dostoyevski
Créditos a quién corresponda.
Abby Maddox.
En mi memoria quedarán todas las promesas que un día finjiste que serían verdad.
-Disperso
F U E G O - D E S C O N O C I D O
Parte 2
!Lee la parte 1 aquí!
[...] y bajamos a unos pocos metros de su casa. Fueron unos pocos metros muy largos, no había manera ya de parar a aquella fiera. ¿O sí?
Subimos las escaleras a toda velocidad. Algún vecino salió a gritos y no pudimos evitar echarnos a reír.
—¿Falta mucho? —grité.
—Qué poco aguantas, “desconocido”. Espero que eso no sea un mal presagio.
—Un caballero no habla de esas cosas —contesté con el hígado saliéndome por la boca.
Era un ático precioso. Lástima. Entramos y soltamos las bolsas en el sofá. Creo que rompimos alguna botella.
—Ven, ponte cómodo —dijo.
—¿Te sirvo una copa?
—Por supuesto, caballero.
En menos de 20 minutos, según mi Ethan Elliot, ya nos habíamos bajado botella y media de vino argentino de 50$. La comida se quedó helada y nos dio igual, no le hicimos caso. Ambos teníamos la boca ocupada y no precisamente hablando.
Nos sentamos en el sofá y desde ahí podíamos ver las luces de toda la ciudad. Tomamos varias copas más y poco a poco nos fuimos quitando la ropa entre de besos descoordinados. Tomó el control, me arañaba la espalda, ponía mi mano en medio de sus prietos muslos suplicando que le diera placer.
—Nena, ¿tienes un condón o puedo entrar ya? —pregunté.
—Voy un momento al baño. Traigo uno. —dijo ella.
Esperaba que de ahí saliera una diosa envuelta en fuego. Mientras, yo observaba la casa. Parecía una gran aficionada a la buena lectura y al cine negro. Tenía varios trofeos con símbolos orientales en una de las estanterías. No me dio tiempo a preguntar.
—Cierra los ojos —me dijo mientras divisaba una sonrisa en su boca.
—¿Qué quieres hacerme? ¡Pervertida!
—Tú hazme caso. No te arrepentirás.
Reconozco que aquello me hizo sentir algo incómodo, pero, ¿qué podía perder? Justo en ese instante noté sus finos dedos agarrándome el paquete. Y no, no era el de Lucky Strike. Lo que pasó después no tengo palabras para describirlo. Me apetecía fumar y prendí un cigarro, mientras ella hacía su trabajo yo quería disfrutar al máximo de mi momento de gloria. Le di un par de caladas y de repente paró.
—Ahora te toca a ti —dijo sin ningún tipo de reparo.
Cogió mi cigarro y empujó mi cabeza hacia su entrepierna. Su gemido era fino, pero completamente penetrante. Nadie olvidaría ese sonido. Entonces fue cuando me agarró del pelo. Agresiva, muy agresiva. Sacó mi cabeza de ahí abajo y la acercó a su pecho. Mientras, me susurraba cosas al oído.
—Creo que tú tienes el fuego que a mí me hace falta... —Susurró.
Y ahí se me heló la sangre.
—¡Argh! ¡¿Se puede saber qué haces?! —grité.
Me quemó la cara con lo poco que quedaba del cigarrillo. Esa mala puta había topado con el tío equivocado. Así que me abalancé sobre ella con fuerza. Se resistía, mucho, tanto que logró darme la vuelta y morderme la oreja. Creo que ya sé de qué eran los trofeos. No paraba y repetía una y otra vez…
—”Creo que tú tienes el fuego que a mí me hace falta”.
Estuve forcejeando durante un rato, pero no había manera de deshacerse de aquella zorra. Entonces fue cuando lo vi todo claro.
—Hmm… ¿te gusta? Déjame ver qué hora es. —dijo.
—Para qué quieres saber la hora maldita furcia, ¡me estás destrozando!
—Mi tío tenía un reloj exactamente igual que ese y yo sólo hacía que contar los segundos mientras me susurraba al oído “creo que tú tienes el fuego que a mí me hace falta” a la vez que me desgarraba por todos lados a base de brutales embestidas. ¡Joder! ¡Sólo era una puta cría de 9 años! — dijo, entre rabia y llanto.
—La, la, lay… ¿Layla?
Poco después de ser empalado como un cerdo todo empezó a arder. Se oían sirenas.
***
—Creo que ha sido provocado, agente Shellby.
—Una lástima, parecía un ático precioso.
—Hemos encontrado unos pocos restos. Varón adulto, no podemos asegurar la edad. Están totalmente carbonizados. No hay rastro de la dueña y faltan partes del cadáver, así va a ser imposible hacer un reconocimiento.
—¡Qué puto asco! Llévate esa basura lejos de mí. Espera… ¿eso no es un Ethan Elliot? Guárdamelo cuando hayáis acabado con esta “barbacoa”.
***
Soltó las bolsas negras en un callejón, cogió la chaqueta y sacó un Lucky Strike del bolsillo mientras caminaba para salir del vecindario...
-Siete
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—Jay Constanza a.k.a “Jay Takumi 1616”