La música no hace surgir en el corazón nada que no esté ya allí; por eso, aquel cuyo sí interior está apegado a algo distinto de Dios es incitado por la música al deseo sensual, pero aquel que está interiormente apegado al amor a Dios es movido, al escuchar música, a hacer Su voluntad...
La gente ordinaria escucha música según la naturaleza, y los novicios escuchan con deseo y temor, mientras el escuchar de los santos los lleva a la visión de los dones y las gracias divinas, y éstos son los gnósticos, para quienes escuchar significa contemplación.
Pero, finalmente, está el escuchar del espiritualmente perfecto, a quien, a través de la música, Dios se le revela sin velo.
AL-SUHRAWARDI

















