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𝔍𝔲𝔢𝔳𝔢𝔰, 27 𝔡𝔢 𝔇𝔦𝔠𝔦𝔢𝔪𝔟𝔯𝔢 𝔡𝔢 2018, 9:23 a.m
Aunque los aeropuertos tengan la fama de ser lugares la mar de tediosos y ruidosos, no es el caso del aeropuerto de Roma, donde amo ir y en el cual viviría si no fuera porque es un lugar bastante transitado.
El olor, la gente, el buen servicio son otros de los tantos aspectos que caracterizan a este lugar. Qué alegría vivir en Roma y viajar en sus aerolíneas…y me alegra que, ahora, mi hija va a poder disfrutar de esto y espero que siga disfrutando de ello durante muchísimo tiempo.
Fabrizio, el nuevo guardaespaldas de la familia, es quien nos acompaña esta vez ya que todavía no es seguro que salga por ahí sola y menos con una niña tan pequeña a mi cargo. En nuestro primer día iremos a visitar distintos lugares, y, al día siguiente, he quedado en encontrarme con Christian en el hotel y eso es algo que me alegra bastante. Mi hija va a estar muy contenta de conocerle… al igual que al pequeño Renzo. Por fin un amiguito para ella.
Embarcamos un par de horas después; Fabrizio, un par de asientos más atrás para no levantar sospechas. No es que haya muchas personas que se dediquen a cuidar de otras hoy día y no quiero que me miren raro. Siempre tuve un problema con la opinión de la gente aunque con el paso de los años eso haya ido cambiando poco a poco, aparte de eso, si alguien decide seguirme o atacarme, no lo hará sabiendo que hay alguien a mi cargo. Para coger a alguien, hay que hacerlo por sorpresa, cuando más desprevenido se encuentre. Eso es algo que he aprendido desde que era un bollito de 6 años.
Una hora y media es lo que tardamos, casi dos e incluso tres en recoger las maletas, ir a hacer el chequeo típico y conducir hasta el hotel. Son apenas las 11 de la mañana y ya estoy cansada; Grezia parece ser todo lo contrario a mí. Sonríe… sonríe muchísimo y eso me da fuerzas… las fuerzas que me faltan. También mira todo lo que le rodea. Sus ojos grandes y azules son lo más hermoso que he visto en mi vida, y qué decir de sus manitas… va a ser pianista, o escritora. Ya la veo en casa robándome el piano o con miles de lápices esparcidos por el suelo, con una obra de arte en la pared, o un poema, quién sabe. Lo raro de todo esto es que no haya pedido de comer todavía, porque dormir, duerme mucho…
Y ahí está ella, con su típico llanto de gatito resfriado, pidiendo comida. Agradezco que estemos en el coche con Fabrizio y haya algo de privacidad, aunque si hubiéramos estado en público la hubiera alimentado igual.
Durante media hora permanezco absorta en mis pensamientos… y en el paraíso natural griego. Todo es demasiado raro a través de la ventanilla del coche… Estoy deseando llegar para sentir el aire puro. Tocar cada roca, cada casa, sentir los rayos del sol y las cristalinas aguas del mar Mediterráneo. Espero que a ella también le guste…miro a Grezia, observando de nuevo su belleza. ¿Cómo una personita tan hermosa ha podido salir de mí? Cada día la amo más. No solo por su belleza, sino por su compañía, por la forma en la que hace que me sienta plena, completa, en su risa, su llanto. Ya ha acabado y eructa casi al instante. Me río porque no la espero, y no sé si es por mi risa o porque le ha hecho gracia el sonido de su propio eructo, pero ha hecho que la sonrisa se ensanche en mi rostro. También llegamos al hotel… y se ha vuelto a dormir.
Delina Mountain Resort, 12:04 a.m
El hotel es una auténtica gozada y nosotras estamos más que instaladas… así que ahora toca ir de turismo. Como Grezia lleva durmiendo desde que acabó de comer y que es capaz de dormir en cualquier posición, decido que para ir más cómoda, que la niña se sienta segura y, avanzar con más rapidez, voy a envolverla en un fular anudado a mi espalda.
Una vez estamos listas, es hora de partir…estoy nerviosa, son nuestras primeras vacaciones juntas. Mis primeras vacaciones con lo que más amo en el mundo, en el país que lleva su nombre.
Paseo por las calles coloridas de la isla de Creta y lo primero que llama mi atención son los colores que adornan cada pequeño milímetro. Rojos, amarillos, azules, verdes, rosas, blancos… ¿por qué no vivo aquí? Quiero decir, Roma es maravillosa… pero este lugar me transmite una paz inmensa. Veo a lo lejos el cartel de una pequeña y también colorida cafetería: tengo que entrar sí o sí.
Una hora después ya estoy fuera. He pedido algo para llevar porque me ha faltado comida por probar, cómo no… son unos dulces algo raros, pero deliciosos… ¿las Amygdalotás? Creo que se llamaban así y básicamente son unas bolas pequeñas elaboradas con almendras aromatizadas, por ejemplo, con agua de rosas o flores de naranja. He comprado un kilo, así que ya puede durarme todo el día. Serían como los buñuelitos típicos, pero más ricas.
Avanzamos y siento el movimiento de Grezia en mi pecho. Al poco tiempo de mirar hacia abajo, veo sus ojos mirándome… quiere ver lo que hay a su alrededor, cómo no. Deshago el fular y la coloco de forma que pueda ver lo máximo sin que se me escape por uno de los lados. Me hace gracia que ría casi al instante y, al caminar por las calles de la isla, observe todo como una auténtica loca. Su cabecita no deja de moverse, quiere captar todo cuanto sea y la entiendo… porque yo estoy igual. Quien nos vea debe pensar que somos dos locas que no salen de casa en su vida.
Como ya es la hora de comer, marchamos presto al hotel, yo para tomar algo que me mantenga despierta, y Grezia para llenarse la tripita hasta la hora de la merienda. A las tres y media tenemos cita en uno de los montes más importantes de Creta para visitar el observatorio y la cueva de Zeus.
Monte Ida, 15:37 p.m
El teleférico se ha retrasado un poco, pero al fin… aquí estamos, en la inmensidad y el pico más alto de la isla de la que estoy enamorándome cada vez más. Nuestra visita va a comenzar dentro de poco y el guía turístico no duda en explicarnos la historia de este fantástico lugar… Grezia no deja de mover la cabecita, justo como antes, en las calles de la ciudad, pero… a veces parece atenta, incluso yo diría que está aprendiendo muchísimo en esta visita. Al parecer, el Monte Ida o Ida cretense, se alza en el valle de Amari, en el centro de la isla. Es el pico más elevado, con una altura de 2456 metros. El observatorio de la universidad de Creta está ubicado en el pico secundario Skinakas, a pocos metros de donde nosotras nos encontramos. Su imponente macizo ocupa la parte central de la isla, en los territorios de las prefecturas de Heraklion y Rétino. Algo curioso sobre este lugar es que, según la mitología griega, en una cueva (llamada localmente Ideon Antron o Cueva de Zeus) nació Zeus. Rea, su madre, lo ocultó allí para protegerlo de su padre Cronos, puesto que éste devoraba a sus hijos…
Es fascinante. La historia, la mitología, todo lo que estamos aprendiendo en un único día. Voy a hacerlo más a menudo. Querer es poder… y el saber nunca tiene límites.
Ya son casi las seis de la tarde… y necesitamos descansar. Llamo a Fabrizio y ponemos rumbo al hotel… las próximas horas hasta dormir las pienso ocupar en mimar a mi hija, comer a montones y observar el hermoso atardecer que está a punto de ponerse.
Mañana será otro gran día… mañana todo lo malo estará olvidado por completo, yo lo sé… por eso hice este viaje, por eso emprendimos este viaje.











