Personajes que permanecen en la Historia Griega…
“Eros me sacudió el alma como un viento en la montaña sacude los árboles”. - Safo.
Safo, la décima musa
Introducción
En el estudio tradicional de la historia de la Grecia Antigua se ha indicado que los únicos partícipes de la vida activa; es decir, la guerra, la política, la filosofía, la cienca, etc., eran los hombres. Mientras que las mujeres sólo podían participar de la vida privada: el cuidado de los hijos y del hogar.
Los libros, las investigaciones realizadas con mayor ahínco a partir del siglo XIX, los documentales de televisión, y la gran mayoría de los medios de información han cultivado la idea de que existen muy pocos testimonios de mujeres destacadas en la Antigua Grecia. Y peor aún, existen pocos datos que ayuden a construir la idea de que las mujeres vivían su vida más allá del Gineceo, cuarto de mujeres, a merced de sus esposos, padres, hermanos e hijos.
Dejándo a un lado la posibilidad de que no haya habido interés en investigar la vida de las mujeres griegas más allá de su papel de madres y esposas (y también la idea de que esas evidencias fueron destruidas en el pasado), existe una figura literaria de suma importancia que cuestiona todo lo dicho o supuesto de las mujeres griegas. Su existencia, más que comprobada, hace brotar en la menta una gran pregunta... ¿Habrá sido ella la única?
Se trata de Safo, poetisa originaria de Mitilene, llamada por sus contemporáneos “La décima musa”.
Safo de Lesbos/Mitilene
Aunque su fecha de nacimiento es muy discutida, se piensa que Safo nació en la ciudad de Mitilene, en la isla de Lesbos en el siglo VII a.C. Según algunos estudiosos, perteneció a la vida aristócrata local, por lo que vivió con estabilidad económica. Este dato, así como muchos más, han sido deducciones sacadas de sus propios poemas, así como de los diferentes testimonios que dejaron algunos contemporáneos suyos y admiradores posteriores.
Siendo una mujer aristócrata, seguramente su juventud y vida adulta la pasó en el gineceo, realizando actividades propias de su sexo. Pero el hecho de que se le atribuya la fundación de una escuela de poesía para mujeres, en donde ella misma fungiera como maestra, hace nacer la duda de lo que realmente eran las “actividades propias de las mujeres”. Es díficl pensar que en el amplio y multicultural mundo griego, en constante cambio y movimiento, Safo fuera un caso único.
A esta escuela de poseía Safo la denominó “la casa de las musas”. Además de dedicarse al arte de versas, también se dedicaban a tejer guirnaldas de flores y a ofrendar a los dioses predilectos: Dioniso y Afrodita. La localidad a la que pertenecía Safo, de hecho, era conocida por que sus habitantes eran fervientes seguidores de Dioniso, celebrando fiestas donde el éxtasis y la locura ritual reinaban. Por deseo propio, al parecer, Safo siempre fue ferviente seguidora de Afrodita. El único de los poemas que sobrevive completo es precisamente un himno a Afrodita, donde la misma Safo expresa la fuente de todas sus procupaciones, sueños y delirios: el amor.
Según algunas interpretaciones, Safo se enamoró de varias de sus alumnas e incluso estableció relaciones con varias de ellas. Esto parece contradecir una vieja leyenda sobre su muerte, que relata cómo es que se suicidó por el amor no correspondido de un hombre. Sin embargo, es importante considerar que en el mundo griego no existían distinciones entre el amor por personas del mismo sexo y el amor por personas de sexo contrario. El amor era el amor sin importar quién era el objeto de ese amor. Aunque también es cierto que el matrimonio era una institución de suma importancia. Es probable que, utilizando un término de tiempos modernos, Safo fuera bisexual.
A lo largo de toda su vida Safo se dedicó a la enseñanza y a la escritura. Ella misma inventó un tipo de métrica conocida como “la estrofa sáfica”, y escribió un sin fin de poemas, de los cuales se conocen menos del 10%. De acuerdo a la misma Safo, llegó a la vejez, pues uno de los temas que más le inquietaban era ver el paso del tiempo en su cuerpo, mientras que sus alumnas siempre eran de la misma edad.
Leyenda sobre su muerte
Existe un bello mito que cuenta la historia de Faón, un joven que ayudó a Afrodita a cruzar un río, sin saber que se trataba de la diosa. El joven no pidió nada a cambio del favor, así que Afrodita le otorgó la belleza. Todas las mujeres, incluida Afrodita, amaban a Faón. Y Safo tampoco fue la excepción. Sin embargo, Faón no correspondió a ninguna y Safo escribió un poema rogándole a Afrodita que interviniera para que Faón la amara.
Faón nunca la amó, así que Safo se suicidó en la roca Léucade, arrojandose al mar. Este tema se convirtió en uno de los favoritos de los pintores romanticistas del siglo XIX.
Muchos han interpretado esta historia como una metáfora del amor no correspondido. Debido a que no existe otro dato que de indicios sobre la manera en que Safo murió, la tradición ha decidido continuar utilizando esta historia como el término de la vida de la poetisa griega admirada en el pasado y en el presente.
“Me parece semejante a los dioses aquel
que frente a tí
está sentado y te escucha cerca de tí,
que cantas dulcemente una historia
y ries amable; tu risa me
ha desgarrado el corazón en el pecho.
Pues cuando te miro a tí un instante, entonces me parece
que no puedo decir ni una palabra más,
sino que silenciosamente mi lengua se ha roto,
y de pronto un fuego sutil se ha extendido bajo mi piel,
no veo nada con misojos
y mis oídos zumban.
Un sudor frío me resbala hacia abajo y un estremecimiento
se apodera de todo mi cuerpo y me parece que me falta poco
para estar muerta”.
Safo
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