Todo era puro carnaval, incluso esa noche que llegamos a esa bellísima y romántica ciudad. Asombradas nos creíamos en una isla, pues ningún tipo de transporte a rodado funcionaba en aquel lugar.
Como siempre llegar a nuestro lugar de hospedaje fue difícil, pues esas callecitas, que no precisamente eran las de Buenos Aires, tenían múltiples comienzos pero ningún final.
Esa noche miramos asombradas la plaza central con el duomo hacia un costado, artistas tocando música clásica, pues todo eso era pura magia. Sin embargo, nos desmoronamos en la cama. El viaje hasta allí no había sido nada fácil ni cómodo, un billete de categoría turista para dos recién licenciadas era lo que podíamos financiar.
A la mañana siguiente, el desayuno era adorable, creo que cada una había deseado despertarse y desayunar de esa manera todas las mañanas. Emprendimos rumbo a conocer esa ciudad, sabíamos que no nos llevaría mucho tiempo, pero había tanto detalle por observar que prácticamente nos pasamos todo el día paseando, comiendo, rezando y hasta piropeamos a algún joven gondolero en alguna oportunidad.
Compramos muchos regalos, y hasta unas máscaras para nosotras para esa noche poder festejar el carnaval de nuestras vidas.
Al caer la noche decidimos seguir comiendo y hacer nuestra propia “salida y previa”. El simpático mozo nos vio algo delgadas así que sugirió que la pizza no era suficiente así que lo acompañamos con un plato de papas fritas, seguramente todo ese sobrepeso y culpa lo íbamos a reducir nuevamente en nuestras rutinas diarias cuando regresáramos.
Iniciamos nuestra previa en el puerto donde los gondoleros amarran sus góndolas esperando el saludo italiano de algún joven. Nada de eso sucedió. Se nos acercaron dos muchachos, de rasgos muy sencillos (acotación de flor: HORRIBLESSSS) y hartos del turismo pero con toda la intención de conversar con nosotras.
Mi querida amiga Flor, así como en todo el viaje, dejo en mis manos la comunicación. Mi incipiente italiano mezclado con mi fluido portugués, y alguna palabrita en inglés nos ayudaron en toda la noche.
Caminamos por toda Venecia, Cristián uno de los muchachos estaba totalmente impactado con la personalidad de Flor. Y qué mas!! Para sumarle Flor hacía alarde de su elasticidad en plena ciudad.
Nunca fumamos tanto como esa noche para evitar que nos robaran un beso.
Pero al menos el hecho que el amigo solo hablase italiano, y no entendiera nada de inglés me sirvió para perfeccionar o aprender un poquito más de italiano.
Luego de tanta insistencia, al fin volvíamos al albergo... Cristian quería despedirla a Flor... y nunca en mi vida me voy a olvidar de lo mucho que me reí en ese momento. Ya se habían despedido en la puerta y yo casi echándolo y Flor subiendo la escalera, Cristian le grita a mi amiga: “Flor! No te dimenticare de me!!!!” . Yo le traduje a Flor en un tono de hartazgo y de empalago total...Flor dice “que no te olvides de él”.
Me encantó Venecia... me enamoré y al menos yo, sueño con volver a visitarla con algún amor.
¡gracias amiga por tu aporte!