Ignis cayó al césped húmedo de espalda, con un golpe sonoro, viendo en cámara lenta cómo su escoba pasaba por delante de sus narices mientras Hufflepuff ganaba el día.
Con el juego acabado, los compañeros de Ignis fueron a recoger sus indignos restos justo en el momento que el equipo contrario pasaba cerca entre vítores y aplausos. Y entre ellos, el jugador estrella de Hufflepuff que tenía la mala costumbre de hacerle morder el polvo de la manera más literal.
—¡Eres un pelmazo, Mavleed! ¡Para la próxima te arranco esa cara bonita!
El susodicho solo se rió de su amenaza, como hacía cada vez que le gritaba cosas similares, y desapareció con sus compañeros agitando una mano de despedida en su dirección.
Cuando pudo recuperar parte de su dignidad, Ignis se encamino fuera del campo de juego y se encontró con quien menos esperó ver. Neva agitó una mano para saludarlo, y rogó al espíritu de Merlín porque no hubiese visto esa humillante caída.
—Oh... hey, hola.
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