Del pañuelo que cae contra el piso
y declara la guerra entre dos cuerpos,
desprendidos por un mismo ataque,
víctimas de un último intento.
Conocedores, desafortunadamente,
de los puntos débiles y vulnerables
que se escudan con una historia.
Una historia que se ha intentado
eliminar del pasado, borrar del recuerdo,
anclar al olvido que se esconde acobardado,
tras las pupilas brillantes de una noche
asustada, consciente, resignada,
a impregnarme de una lluvia que
derrama vasos de agua a medio beber,
que deslava la ropa con olor a invierno,
que clausura el extrañar de un
alma limpia de impurezas,
de una prosa cursi sin terminar.
Me desprendo y pierdo, al final,
pues me envuelve y caigo,
por la dolorosa e inestable sensación
de una partida que se limita al propósito
del que se viste un cuerpo para fingir
que no ha dolido, que no ha llorado,
que no se ha rendido por amor,
el paso que rompe el ruido y lo disuelve,
para abrirse camino entre la malaventura
y el fracaso de un sueño concurrido,
consolado y embargado por su efímero existir.
Michell Alejandra INTERVALO
|De alguna fecha que ya no recuerdo|