;; Put ‘Claimed’ in my ask box and I’ll use a number generator to decide what you get : A kitten.
{ Reveille, dos días antes de la sorpresa }
Tenia en sus manos al compañero perfecto para el joven de aquellas tierras lejanas del Desierto más árido, ese joven que en ocasiones lograba frecuentar, sabía mucho tanto de él como también del pequeño gatito, porque el mismo noble vio por aquel compañero que hoy recibiría algo mejor que un bien elaborado escondite, hoy ganaría a un valioso amigo como lo es Aladdin. Definitivamente, nació para alguien mucho mejor.Hace más de una semana Vanessa arribó a la Mansión, preocupada como siempre, sin embargo para con todos quienes le rodeaban, incluso con él que siempre se la pasaba de empalagosa; ahora ya no era así, otra emoción además de la amargura le embriagó que le trajo un tanto afligida, muy extraño, ya que ella no era una persona malhumorada, ni mucho menos dependiente de alguien. Eso significaba que era tiempo para preocuparse, para ver tanto por ella, como por su pequeño amigo con cola. Las manos del noble trabajaron con detalle, con cuidado, con un poco de amor…Difícil de confesar, pero más importante, lo que sentía era real. Y sin querer, su corazón le llevó en sus recuerdos al día exacto cuando llegó a casa, días después de que Iris llegara a su vida como a una luz risueña, y danzante de cada día. Este minino ahora protagonico, también era una luz en su vida, solo que había un problema; Por ser más pequeño que Iris, necesitaba cuidados, mismos que Elliot no siempre le podría dar, ya que él no estaría todo el día por él. Aquel detalle no era porque él mismo noble no quisiera, sino porque había cosas que le demandaban siempre, estar al pendiente de Reveille.
¡Hey espera, no actúes así ahora, no es el mejor momento! Tienes que quedarte quieto, ¿entiendes?
Demandas donde los lazos fraternales, no existían, eran fantasías o secretos de tumba, opciones para el mundo…pero jamás para él. El minino comenzó a moverse, a jugar con el listón rojo que se suponía decoraría la tapa de la caja. Se veía adorable, mucho, tanto que en cualquier momento le podría hacer flaquear a Elliot en torno a sus decisiones con él. Era un fastidio así como de igual manera era parte de su mundo, de lo que había en todas partes que a él le hacía realmente feliz.
Por si fuera poco, los juegos del pequeño no acabaron ahí, su inocencia trajo consigo movimientos sin sentido, y más travesura danzante en su pequeño cuerpo, el minino comenzó a correr en círculos cerca de la mano de Elliot que quedó extendida a centímetros de él con intenciones de frenarlo, sin embargo nunca fue así.
El travieso juego acabó al instante con un dedo entrelazado junto al listón rojo. Fue una sorpresa para el mismo noble cuando al querer alejar la mano, este pequeño amigo no se lo permitió, porque; en él sostenía un lado contrario del destino que en ambos alguna vez nació.
La sorpresa llegó a él como a un golpe fuerte en la cara, más no había dolor, no era exactamente eso, solo, una ola de sentimientos que había llegado a él con algo de fuerza, ahora así menos podría dejarle ir.
…tché, eres todo un bobo.
Los pómulos en su cara, sus facciones faciales, incluso la piel en sus brazos se tornaron frágiles, enternecedores y nostálgicos después de su pequeña confesión. Elliot levantó al pequeño una vez más antes de dejarle ir llevándole con cuidado a un costado de su mejilla derecha mientras que con ternura frotó su rostro junto al de él, en su rostro una sonrisa se dibujó. Simplemente era algo inevitable. Que feliz estaba por ello ahora.
Antes de que te vayas, deberás de entender un par de cosas: Numero uno, te prometo que estarás bien. Aladdin es…una persona respetable, incluso valiosa. Numero dos, este hilo que yace en mi dedo unido a tu boca permanecerá, tendrás que protegerlo con valentía. Y…numero tres, pensare en ti, a diario. Para que en un futuro, no olvidemos lo importante que es la fuerza de una promesa.
Con sus palabras firmes ahora podía irse tranquilo, ese sentimiento sería mutuo, que bien. Finalmente pasado los minutos, Elliot le soltó y deposito en la caja que partiría lejos, pero con cuidado, recobrando las labores que hace un rato tenía con él, llegando al final del día en donde aquella tapa sellaría todo lo que hoy quedaría aquí. Antes de que se fuera, le regaló una ultima mirada acompañada de una sincera sonrisa, y entonces…la caja se cerró.