La hermana de Keisuke Baji
Smut leve | Romance secreto/prohibido | Drama
• Protagonista masculino tiene 25 años y la protagonista 20 años.
Ser la hermana menor de Baji significaba una sola cosa: protección absoluta.
Durante años, nadie la miró como mujer. Solo como “la hermana pequeña”
Hasta que alguien cruzó esa línea…
Cada noche cruzabas la calle sin mirar atrás, moviendo el bolso hacia un costado y manteniendo una suave sonrisa en el rostro. Tal vez no deberías haber venido... o bueno, si, en realidad querías con todo tu ser asistir a la cita.
Debías llegar exactamente a las 9pm, justo después de que las motos hayan salido del recinto de manera fugaz, cuando el aire aún olía a gasolina y neumáticos quemados. Caminaste apresurada, sujetando con una de tus manos la chaqueta de cuero negra que era la encargada de cubrir tu expuesta piel del vestido color negro que traías. Tus tacones resonaron por el pavimento en un sonido brusco por cada pisada que dabas, el ritmo competía con tu corazón que bombeaba de una forma descontrolada. Suspiraste ampliamente.
A lo lejos, observaste una luz clara, casi amarillenta por los efectos de la oscuridad. De inmediato mordisqueaste tu labio con nerviosismo, pensando qué hacer o qué decir.
No tuviste tiempo de procesar tu diálogo, él no te dejó caminar más y se acercó a ti a grandes zancadas. No bastó un saludo verbal, te sujetó sosteniendo tu cintura al instante en el que se acercó completamente y dejó un fogoso beso en tus labios.
Presionó tu boca con alivio. Se sintió completamente en paz al ver que decidiste llegar a él a pesar de todo.
—Llegaste...
Su pulgar acarició tu mejilla con delicadeza, recorrió centímetro por centímetro de tu piel hasta llegar a tu cabello donde escondió un mechón detrás de tu oreja. Asentiste, dando un paso más cerca y acortando la distancia de sus cuerpos.
—¿Cómo pudiste dudar? —susurraste contra su mentón. Él bajó su rostro, permitiendo que exhales en sus labios —. No voy a dejarte.
Cerró los ojos por unos segundos. Su frente hizo contacto con la tuya, sus narices se acariciaron brevemente.
Sus dedos descendieron desde tu mejilla hasta tu cuello, deteniéndose apenas sobre la piel expuesta por el escote del vestido. No dijo nada. No necesitaba hacerlo. La forma en que sus ojos recorrían cada centímetro de ti hablaba por sí sola. Tu piel vibró por su contacto y por el frío de esa noche.
—No sabes lo difícil que fue no ir a buscarte —murmuró, su voz baja, cargada de algo que no era solo deseo.
Sus manos se deslizaron hasta tu cadera, esta vez con más firmeza, atrayéndote contra su cuerpo. Sentiste el calor que emanaba de él atravesar la fina tela negra de su traje al parecer costoso. Su respiración se volvió más pesada cuando tus manos subieron por su pecho, sujetando la tela de su camisa como si necesitases anclarte a algo real.
—Te dije que no hicieras eso —susurraste, aunque tu tono no tenía fuerza para reprenderlo.
Podías sentirlo firme contra ti. Su abdomen, que antes habías visto lo fuerte y marcado que era, sus muslos amplios y sus caderas... tan punzantes contra las tuyas.
Él sonrió apenas, esa sonrisa que siempre aparecía cuando sabía que estaba cruzando una línea... y aun así no pensaba detenerse.
—Y yo te dije que no me importaba.
Su boca volvió a la tuya, más lenta esta vez, más profunda. No era un beso apresurado. Era uno que te reclamaba como suya. Le importo una jodida mierda si alguien los veía, él no iba a disimular ni reprimir sus sentimientos. Ahora no le importa eso. Iba a dejarse llevar por lo que sentía, en realidad, lo que sentía por ti únicamente.
No podía dejarse llevar por otros de sus pensamientos o emociones, eso podría traer consecuencias. Sin embargo, lo relacionado a ti solo le traía paz y felicidad, así que dejó de reprimir todo.
Una de sus manos descendió peligrosamente por tu espalda, deteniéndose en la curva sobre tu trasero antes de deslizarse apenas más abajo. Tu respiración se quebró contra sus labios.
—Si tu hermano supiera...
El silencio cayó entre ambos como una advertencia.
Él abrió los ojos. La oscuridad no ocultó el brillo decidido en su mirada.
—No me importa.
Y esa era la parte que más te asustaba. Porque tú sí sabías lo que significaba.
Porque amar a alguien así no era solo arriesgar un secreto.
Era arriesgar una lealtad.
Y aun así... tus manos no lo soltaron.
—Sabes que yo le diría ahora mismo, _________ —la seriedad tiñó su voz —. pero entiendo que no quieras decírselo aún. Keisuke puede ser...
—Imposible —completaste su oración.
—Un imbecil —soltó divertido, sonriendo encantadoramente.
—Si él lo descubre... —susurraste.
—Entonces lo enfrentaré.
Una sonrisa suave, casi infantil, apareció en sus labios. Pero no tenía nada de inocente. Le miraste a los ojos directamente, intentando saber que estaba pasando por su cabeza en ese momento.
—Estoy dispuesto a lo que sea —su mirada se desvió hasta tus labios. De los nervios, los humedeciste con tu lengua —. Haré lo que sea si eso significa seguir a tu lado, _________.
Habló como si fuera una declaración, sin dramatismos, solo diciendo su mayor verdad. Tus manos temblaron apenas contra su pecho, tu garganta se apretó repentinamente por lo que tuviste que tragar saliva para aliviarla.
Sabías que no retrocedería por nada ni nadie. Ni siquiera Baji, tu hermano.
La situación era tan caótica, la adrenalina podía llenar tu sistema cada vez que lo veías a escondidas o cuando debían fingir en frente de todos. Cada vez sentías que podrías tener taquicardia fácilmente en esas situaciones. Era complicado, pero te enamoraste tan perdidamente de él desde el primer momento, así que... ¿cómo ibas a dejarlo ir?
Ni en tus pesadillas lo harías
—¿Vamos?
Su inoportuna pregunta hizo click en tu cerebro y recordaste porque estaban ahí. Iban a cenar.
Y si, tu hermano era realmente sobreprotector, por lo tanto, debiste mentirle respecto a la salida nocturna.
—¿A dónde iremos esta noche? —le abrazaste, pasando ambos brazos por su estrecha cintura. Él sonrió, mostrando su hermosa dentadura.
—Es una sorpresa.
Al otro día ya era domingo.
La puerta de tu casa estaba abierta cuando llegaste. Las voces llenaban el interior, con risas fuertes y conversaciones superpuestas. El sonido de las botellas chocando entre sí ya se te era familiar.
Respiraste hondo.
Cuando cruzaste el umbral, él ya estaba ahí. Sentado en el suelo, rodeado de todos. Estaba relajado, una de sus piernas estirada y su espalda apoyada hacia atrás contra una parte del sofá. Su sonrisa llenó toda tu visión y sólo eso pudiste ver, no que tipo de alcohol bebían, ni quienes más estaban presentes, sólo lo viste a él.
Pronto sus ojos encontraron los tuyos.
Por un segundo su expresión flaqueó, su sonrisa cambió levemente. Fue apenas un gesto de su comisura la cual se extendió un poco más. Carraspeaste y desviaste la mirada, caminaste a paso apresurado a la cocina para dejar las bolsas de las compras.
—¡_________! ¿Trajiste mi encargo? —Baji gritó alegre —. ¡Hermanitaaaa! Mi dulce hermana.
—¿Tú desodorante? —preguntaste revolviendo la bolsa y sacándolo —. Si, lo dejaré a la vista para que te lo lleves luego.
—Hey Baji, ¿tú no puedes comprar tus propias cosas? —oíste su voz desde la cocina. Sonreíste inconscientemente.
—¿Ah? No me jodas, Mikey —Exclamó tu hermano. Todos comenzaron a reír y burlarse de él, diciéndole lo poco eficiente que era para su propio bien —. Es solo un favor de hermanos, tu igual le pides cosas a Emma. Idiota.
—Si ya tienes 25, compra tus jodidas cosas tú solo, Baji — coincidió Draken.
Volvieron las burlas e incluso oíste un par de golpes. Era normal, ellos se llevaban así con sus juegos, pensaste.
Luego de ordenar un par de cosas, sonó el timbre.
—¡Llegó la pizza!
Te asomaste de inmediato. Smiley fue corriendo por ella, y todos se acercaron a la gran mesa para comenzar a comer. Trasladaron unas botellas al centro, y luego dejaron cuatro cajas de pizza familiar en la mesa, llenándola.
Por suerte no habías comido antes en casa de Yuzuha, ahora sí que ibas a quitar al menos un trozo a tus amigos.
Te acercaste, quedando cerca de la mesa de pie. Intentaste que no vean tu presencia, pues justo Manjiro se había sentado de espaldas a ti y el único asiento vacío era junto a él, en una esquina. Desde que comenzó su romance a escondidas que tomabas precaución por cada movimiento que realizabas cerca de él. Si, eras exageradamente precavida a pesar de no ver que alguien sospeche de ustedes, pero lo sentías mejor así.
—Oh, ________, ¿vas a quedarte ahí parada todo el rato? —Baji sonrió burlón, guiñando un ojo para demostrar que solo quería tomarte el pelo —. Siéntate, hermanita.
—Qué encantador —murmuraste, acomodándote en la silla junto a Manjiro, quien de inmediato hizo contacto con tu rodilla por debajo de la mesa.
Su rodilla acarició la tuya, un toque lento y casi accidental.
El rubio estiró su mano para dejar un plato en frente tuyo y luego dejó un trozo de pizza ahí. Le miraste brevemente antes de agradecerle.
Por otro lado, Draken discutía sobre algo irrelevante. Chifuyu reía. Mitsuya bebía tranquilo al igual que Hakkai. Nahoya comía a la par de su hermano toda la pizza que podían.
Y luego, bajo la mesa, una mano descendió.
Primero rozó tu muñeca. Apretaste tu mano contra tu falda, bajaste la mirada hasta ver cómo su mano se movía hasta la tuya antes de entrelazar sus dedos con los tuyos. Su pulgar comenzó a trazar círculos suaves en el dorso de tu mano.
Tragaste saliva.
Arriba, Baji habla sobre una pelea y cómo dejó a su contrincante.
Abajo, sus manos se calientan juntas.
Intentando disimular, mordiste un trozo de pizza. Miraste brevemente a cada uno de tus amigos antes de bajar la vista nuevamente, fingiendo que veías la pizza.
Manjiro movió sus manos con lentitud. Estaban entrelazadas pero las dejo a ambas sobre tu muslo, intentando mover tu falda hacia arriba poco a poco. Tu piel se erizó deliberadamente.
—¿Estás roja? —preguntó Keisuke de pronto.
Tu cabeza llegó a crujir por cómo levantaste la mirada hacia él, al otro lado de la mesa justo frente a ti. Frunciste las cejas, manteniéndote serena y disimulando todo.
—¿Ah? No, hace calor pero no estoy roja.
Él rió
—Claro, calor.
Manjiro no dijo nada, y tú rápidamente mordisqueaste de nuevo tu pizza.
Sentiste como su meñique se estiraba fuera de tu mano y tocaba tu piel, aún seguían con las manos entrelazadas muy cerca de la parte superior de tus piernas. Pronto, decidió soltarte y estiró su palma para acarrear tu muslo por completo.
Te atreviste a mirarlo y saboreaste la consecuencia de hacerlo. Él te observó automáticamente, disimuló agarrando su vaso para dar un buen trago de soju. Su mirada fue... electrizante. No te observó con descaro, con pasión, sino con una tranquilidad que decía que seguías siendo suya a pesar de estar rodeada de ellos. Que estaba dispuesto a que él lo odie si eso significa poder tocarte así como ahora, o siquiera poder estar a centímetros de ti.
Él sonríe apenas. Tú... sentiste que el aire desaparecía.
Volviste a observar y quedar atrapada forzosamente en tu trozo de comida. Volviste a comer en silencio, escuchando como todos aumentaban en risas tras terminar dos botellas de alcohol. Intentaste respirar normalmente pero volvió a mover su mano, más adentro esta vez entre tus piernas.
De inmediato tu mano agarró la suya, el apretó tu carne y la moviste más lejos de tu centro. Se negó, su arrastre volvió hacia arriba, tocando la piel sensible de tu muslo y siguiendo por la parte interior. Tu falda se enroscó levemente, solo faltaban pocos centímetros para que pueda rozar tus bragas de algodón.
—Mmh —le oíste carraspear, aclaró su garganta que sin duda estaba tensa.
A media mordida volviste a agarrar esta vez su muñeca, sus venas se aplanaron contra tu mano.
La tensión se podía cortar con un cuchillo y nadie podía notarlo, todos estaban ya ebrios. Todos menos Manjiro, quien solo había mantenido alcohol en su vaso desde que tú habías llegado. Sin duda no necesitaba alcohol esta noche, podía perder el control por sí mismo.
Tu mano seguía aferrada a su muñeca, intentando frenar el avance lento y deliberado de sus dedos. No estaba apurado por tocarte, estaba jugando.
Y eso sabías que era peor. Los juegos que le gustaban eran diferentes, sobre todo cuando estabas implicada.
Inclinó apenas el rostro hacia ti, lo suficiente para que nadie notara la cercanía. Su voz fue apenas un hilo de aire que rozó tu oído.
—Relájate.
Su pulgar se movió, esta vez no hacia arriba, sino dibujando una línea lenta por el interior de tu muslo. No cruzó el límite.
Solo se quedó justo antes.
Tu respiración se volvió irregular.
—Estás temblando —añadió, casi divertido.
Apretaste más fuerte su muñeca, intentando apartarlo. Él no luchó. Pero tampoco se retiró.
Alzó su vaso otra vez, bebiendo con calma mientras sus dedos seguían allí, inmóviles, calientes contra tu piel.
Arriba, Baji seguía hablando de una pelea.
—Y entonces lo lancé contra el suelo— ¡boom! —rió fuerte, golpeando la mesa.
El movimiento hizo vibrar todo.
Tu cuerpo dio un pequeño salto.
Manjiro sonrió.
Creíste que por fin dejaría de tocarte tan íntimamente frente a ellos, pero no. Sus planes fueron más allá. De un segundo a otro sostuvo tu mano, desde el dorso, y la acercó por entre tus piernas.
—¿Qué estás...? —comenzaste a susurrar, con el trozo de pizza cubriendo tu boca de los demás.
Lo miraste, recibiendo una oscura mirada penetrante que empezó en tus ojos y terminó bajando hacia tus muslos. Duró solo un segundo, pero para ti fue eterno.
Su dedo medio se movió contra el tuyo, al llegar a cierto límite la yema de tu dedo hizo contacto con tu ropa interior. Acaricio tus dedos, logrando que se muevan contra tu clítoris de un lado a otro ligeramente, suavemente. Enderezaste la espalda y te moviste más cerca de la mesa, pidiendo que nadie notara lo que sucedía a pasos de ellos.
Su mirada fingida teñida de inocencia se concentró en mirar a sus amigos, sonriendo de vez en cuando. Sus dedos siguieron moviendo los tuyos casi con posesión, presionándolos en tu entrepierna y acariciando cada vez con mayor ritmo repetitivo. Cerraste las piernas, logrando que soltara tu mano pero cortando su juego abruptamente a algo más. Al momento de subir tu mano y buscar tu móvil, para fingir mirar eso en ves de solo observar cada detalle del pedazo de pizza, la palma de Manjiro se cernió en todo tu centro. Chillaste.
—Carajo... —mascullaste entre dientes. Varios pares de ojos se fijaron en ti —. Eh, estoy viendo noticias. No es nada.
La mentira flotó con una naturalidad que sorprendió a Manjiro, su ceja se enarcó y decidió presionarte más.
En un solo movimiento movió su pie ligeramente y encontró el tuyo para luego moverlo hacia su dirección. Tú pierna se separó ligeramente de la otra, lo que obtuvo un mayor espacio entre tus muslos. Luego, simplemente sus dedos comenzaron una exploración minuciosa, que tenía la intención de memorizar cada centímetro de piel. Tocó el lado interno de muslo, moviéndose hacia dentro, presionando con paciencia la tela delgada de tu ropa interior para luego acentuar su dedo medio en el centro.
Apretaste el móvil en tu mano, lo sujetaste con tanta fuerza que dolía.
Su mano movió ligeramente la ropa hacia en frente, tres de sus dedos se deslizaron dentro para perderse en la humedad que comenzaba a hacerse notar cada vez más. Suspiraste temblorosamente e intentaste no moverte de anticipación. Dejaste un codo contra la mesa y dejaste caer tu frente contra tu palma, imitado como si estuvieras simplemente viendo tu móvil hacia abajo y con tu cabello tapando levemente la visión de los demás hacia tu rostro. Tu otra mano se dedicó a deslizar la pantalla, fingiendo que estabas leyendo algo realmente interesante.
Sus dedos se movieron de arriba hacia abajo, tan lento que lo sentías como un jodido castigo hacia tu persona. Ahora estabas molesta, necesitada y totalmente furiosa con Manjiro.
Pero mierda, la excitación podía más. Era imposible regañarlo luego, porque estabas demostrando lo mucho que te encantaba esto. Era aún mejor el saber que esto no debía ser así, que era un secreto y nadie podía verlos. Traería consecuencias, si, pero también trajo tanta adrenalina que provocó una tormenta de emociones dentro de ambos. Era jodidamente placentero.
De reojo pudiste observar hacia abajo, como su mano libre había abandonado su vaso y ahora estaba en su propio muslo. Su mano apretaba con fuerza su pantalón oscuro, estaba en un puño furioso, sus venas se marcaron con notoriedad y estaba un tanto más pálido que de costumbre. Él se esforzaba por no tomarte y llevarte lejos de los demás, quería privacidad para hacer tantas cosas pero era imposible, aunque quisiera debía aguantar.
Y es por eso que se contuvo en follarte con sus dedos, aunque moría por hacerlo. Solo quedó en caricias, un recordatorio que decía como solo él podía tocarte así en estas circunstancias. Le importaba una mierda que lo vean, que Keisuke lo vea. Le daba igual si le partían la cara, si perdía una amistad de años o si se armaba un escándalo tan grande que perjudique a todos sus amigos. Sus prioridades cambiaron extremadamente.
—Mikey, es hora de irnos.
Draken se levantó con un leve tambaleo, los demás algunos ya estaban durmiendo con la cabeza en la mesa. Baji seguía riéndose junto a Kazutora, ni idea tenías de qué estaban hablando.
—Emma me mandó un mensaje, es hora.
Manjiro, con un leve suspiro hondo y extenso, dejó una leve última caricia ordenando tu ropa y luego se puso de pie. Era el único sobrio, así que intuiste que el iba a llevar a Draken a casa.
En el momento en que se giró hacia tu dirección, sutilmente limpió sus dedos llevándolos a la boca. Te guiño un ojo, su expresión burlona mostrando una sonrisa coqueta que hizo que la respiración se te corte a medio camino.
—Adiós, __________ —se agachó para dejar un suave beso en tu mejilla, rozando con su nariz tu piel.
—A-... adiós
Se separó para despedirse con un asentimiento de cabeza de los demás y partió fuera de la casa junto a Draken.
Al día siguiente
Hubo una discusión repentina que empezó con un empujón impremeditado. Había sido Keisuke quien no había mirado por dónde iba, y bueno, él no se iba a disculpar. Sobre todo ya que él "afectado" era un miembro de una pandilla muy famosa en el sector. Era una excusa perfecta para desquitase un poco, pensó.
—Baji, tú siempre ladrando más fuerte que todos... pero cuando importa, desapareces.
Mala elección de palabras del tipo calvo. De inmediato Draken sujetó a Baji de su chaqueta y lo mantuvo en su lugar. A los costados estaba Kazutora, con una expresión seria en su rostro, Mikey, quien se encontraba un poco más atrás con una pizca de desinterés notoria hacia la discusión, Mitsuya y Hakkai también estaban junto a ellos pero atentos a lo que podrían hacer los acompañantes del tipo calvo que había sido empujado.
—¿Qué dijiste? —Baji soltó, dando un paso adelante, forzando a Draken a sujetarlo más fuerte.
—Nada. —Sonrió ladeado— Solo que a veces el perro que ladra fuerte, a veces descuida lo que tiene en casa.
—Habla claro o cállate —Gruñó Draken, enfadado.
—Digo que quizá deberías cuidar mejor lo que tienes en casa.
Silencio.
Instantáneamente toda la ToMan dejó de respirar. Aquella frase les hizo prestar atención verdaderamente a lo que estaba diciendo, y todos se acercaron más.
—¿Qué mierda insinúas? —escupió Baji.
—Está jodiendo —soltó Mitsuya, entendiendo la intención del tipo.
El hombre alzó los hombros con falsa inocencia.
—Nada, nada... solo que he oído cosas.
—¿Qué cosas? —La voz de Baji ya no tenía paciencia.
El tipo lo miró de arriba abajo, soltando una risa perversa. Se oyó el crujir de los dientes de Baji, su puño formándose en un segundo.
—Que tu hermana es más simpática de lo que aparenta —rió. Draken soltó a Keisuke, y este empezó a caminar hacia el hombre— Tranquilo, no me mires así. Solo digo que seguro sabe entretener bien a la gente.
No pasó ni un segundo antes de que su frase fuese cortada por un gran puño que emergió con una velocidad impresionante. El hombre recibió un puñetazo en la mandíbula que resultó en un fuerte ruido tenebroso para quienes estaban viendo. Luego, Manjiro le siguió golpeando, sujetó el cuello de su camiseta y volvió a dar otro puñetazo esta vez en su nariz y luego en su mejilla.
Keisuke quedó observando con asombro. Los demás, aún sorprendidos, comenzaron a acercarse para evitar que alguno de los otros se metan contra Mikey.
—¿Quieres repetir lo que dijiste? ¡Eh! — le dio otro puñetazo luego de lanzarlo al suelo y presionar su rodilla contra su abdomen. El hombre no pudo hablar, la sangre nubló su visión y estalló en su boca—. ¡Maldito bastardo! Repítelo, repite lo que dijiste así te rompo la maldita boca.
Volvió a arremeter con fuerza, su puño se cubrió de sangre casi por completo y sus nudillos se magullaron a la par.
—¡Mikey, ya basta!
Mitsuya gritó, intentando sujetar su brazo.
—¡Mikey!
Draken exclamó, también sujetándolo.
Manjiro arremetió por última vez, estampando al tipo al suelo e incorporándose con lentitud. Su mirada estaba oscurecida casi por completo, mirándolo con odio y desprecio. No se separó hasta que le dio una patada en el abdomen y el hombre se encogió en su lugar. Lo tiraron lejos de ahí y él comenzó a caminar, huyendo antes de que llegue la policía.
En todo ese momento, Keisuke se quedó viendo, pensando que había ocurrido. Solo se movió cuando Kazutora lo movió desde el hombro y le pidió irse con ellos. Sin embargo sospechó algo.
Desde hace años que Mikey no reaccionaba así... y ahora...
No había esperado a que el otro golpee primero, él simplemente se lanzó a pelear. Sin medirse.
Baji permaneció en silencio mientras los demás comenzaban a dispersarse. Draken seguía regañando a Mikey, Mitsuya limpiándole los nudillos con un pañuelo improvisado.
—Te pasaste —gruñó Draken.
—No —respondió Mikey, tranquilo, casi frío —. Él se pasó.
—Era mi pelea —murmuró Baji.
Mikey alzó la vista. Sus miradas chocaron.
—No cuando hablan de cosas que no les competen.
Draken frunció el ceño. Keisuke le miró con duda, intentando descifrar lo tan difícil que era entender a Manjiro.
—¿Desde cuándo te afecta tanto?—respondió Draken, un tanto molesto por ahora estar escapando de la gente para no involucrase con las autoridades.
Mikey no respondió de inmediato y se limitó a encogerse de hombros.
—No me gusta que hablen de personas que no están aquí para defenderse.
Suena lógico, sonó lógico para Keisuke. Sin embargo...
Su mirada y su tono de voz indicaba otra cosa. No quiso preguntar, solo se lo guardó para sí mismo y siguió a los demás hasta las motos. Sin más preguntas emprendieron el camino por separado, cada uno a sus casas.
Baji entra sin tocar a tu habitación. De inmediato le miraste mal, aunque ni se volteó. Se puso a rebuscar en tu armario simplemente.
—Oye, ¿has visto mi sudadera negra? La que tiene el cierre medio roto.
—No, no la he visto.
Sin desviar tu mirada del pc, seguiste en tus asuntos.
Keisuke suspiró, ya perdiendo la paciencia. Antes sí que le tomabas algunas de sus sudaderas, pues era tu hermano y decías que era su deber. Además, su ropa es bonita. Sin embargo, estabas segura que esa prenda no la habías agarrado.
—Revisa el living igual —añades —. Quizá la dejaste ahí.
Keisuke se agachó y buscó en la parte inferior del mueble, movió algunas prendas hasta que su atención fue a una camiseta que estaba arrugada al fondo. Curioso, se estiró para agarrarla.
Al estirarla pudo divisar mejor el estampado. Era sencilla, tenía un logo pequeño atrás y por delante era lisa. Luego, comenzó a recordar que efectivamente era familiar pero no era suya.
Esa camiseta era de Manjiro.
Era la camiseta que usaba en su casa, cuando tenía el día libre y que tenía puesta solo cuando no esperaba que ellos vayan. Lo sabía, varias veces llegaban sin avisar y él estaba con esto desayunado perezosamente.
¿Qué hacía en el clóset de su hermana menor?
Al no escuchar su desorden, decidiste voltear y ver a Keisuke. Cuando él se giró lentamente, extendiendo la prenda con sus manos, te helaste.
Te observó, te miró brevemente mientras palidecías. Su expresión cambió, se endureció y su mandíbula se apretó.
No necesitaba que digas nada, tu reacción le confirmó todo.
Y no, no necesitaba preguntar, él ahora tenía que ir donde el idiota de su mejor amigo a partirle la cara. Si, esa fue la primera opción para Baji. Y eso fue suficiente.
Baji sale del cuarto sin mirarte, a paso firme y rápido, aún sujetando la camiseta en su mano. Tardaste solo dos segundos en reaccionar y corriste detrás de él.
—¡Keisuke! Espera, espera no... —le miraste correr escalera abajo y abrir la puerta de un manotazo— ¡Keisuke, no!
Cuando cruzas la puerta ya era tarde, el encendió su moto y fue en dirección a la casa de Manjiro. Sus llantas chirriaron contra el pavimento antes de desaparecer por la esquina. El ruido del motor se llevó contigo el aire de los pulmones.
El corazón te golpeaba el pecho con una violencia que dolía.
Sabías exactamente lo que iba a pasar.
Keisuke no era impulsivo...
era explosivo
Y Mikey...
Mikey no iba a quedarse quieto.
Corriste hacia la calle, pero era inútil. No podías alcanzarlo a pie. Miraste a ambos lados, desesperada, pensando en llamar a alguien. ¿A Draken? ¿A Mitsuya? ¿Y decirles qué?
"Hola, mi hermano descubrió que me estoy acostando con el líder de la ToMan, su mejor amigo y ahora va a matarlo".
Genial.
Te llevaste una mano al cabello, respirando rápido. No podías permitir que esto explotara así.
Mientras tanto, solo bastaron 8 minutos para que Keisuke llegue a la casa de Mikey.
La puerta de la casa se abrió de golpe, azotando contra la pared. Emma ni siquiera alcanzó a reaccionar cuando Baji entró como una tormenta, respirado agitado y con el cabello desordenado cayendo por el costado de su rostro.
—¿Dónde está? —rugió.
Mikey apareció desde el pasillo, con esa calma irritante que lo caracterizaba. Llevaba una camiseta negra sencilla. Muy similar a la que Keisuke sostenía arrugada en su mano.
Sus miradas se cruzaron por dos segundos.
—¿Qué pasa, Keisuke? —preguntó Manjiro, pero su voz ya no era ligera.
Baji alzó la camiseta y la lanzó contra su pecho.
—Explícame qué hacía esto en el clóset de mi hermana.
Un silencio pesado.
Mikey no se agachó de inmediato. Solo bajó la vista hacia la tela que cayó a sus pies. La reconoció de inmediato, como iba a olvidar la primera noche que metió a la hermanita de Baji a escondidas a su habitación. Flashbacks le vinieron de repente y tuvo que forzosamente no mostrar una sonrisa. Te había dado su playera luego de haber roto ligeramente tu top, sino ¿cómo ibas a llegar a casa sin ropa?
Luego volvió a mirarlo.
Y por primera vez... no le sonrió.
—Keisuke—
—No me llames así.
Su voz tembló. No de miedo, de ardiente rabia.
—¿Desde cuándo? —escupió—. ¿Desde cuándo estás metiéndote en mi casa? ¿Desde cuándo la miras así?
Mikey dio un paso al frente.
—No me "metí" en nada.
Oh bueno...
—¿Ah no? —Baji avanzó también, acortando distancia hasta quedar frente a frente—. ¿Entonces por qué tu ropa está en su habitación?
La mandíbula de Manjiro se tensó. Sus ojos oscurecieron.
No retrocedió. Sin embargo, no pudo mentir, él no era un mentiroso. Odiaba las mentiras.
Entonces, tenía que ser ahora.
—Porque yo la quiero.
La frase cayó como un disparo. Fue como un balde de agua fría repleta de hielo para Keisuke.
Manjiro se esperaba su reacción, por eso cuando el pelinegro cerró su mano y arremetió contra él, este pudo esquivarlo sin problema.
El puño pasó rozando su mejilla.
—¡No me jodas! —rugió Baji, girando sobre sí mismo para intentar otro golpe.
Mikey esta vez no esquivó. Sujetó su muñeca. Apretó firme, empleando la fuerza necesaria para dar a entender que estaba hablando en serio. Sujetó su otra muñeca cuando Baji intentó golpearlo con la izquierda.
—Escúchame —dijo, con una voz baja que no necesitaba volumen para imponerse—. No la toqué sin que ella no quisiera.
Eso dolió más que cualquier golpe.
Tal vez Manjiro debió omitir eso.
Keisuke forcejeó, intentando soltarse.
—¡Es mi hermana!
—Lo sé —respondió en un murmullo—. ¡Lo sé, Keisuke! Carajo...
Emma, desde el pasillo, no se atrevía a intervenir. La rubia algo sospechaba, pero nunca quisiste confirmar nada. Y ella jamás le dijo nada a nadie, claro está.
Baji apretó los dientes hasta que su mandíbula crujió. Sus ojos se encontraban ardientes de violencia, de eso y confusión junto con engaño. Sentía muchísimas cosas en ese segundo.
—¿Desde cuándo? —preguntó esta vez más bajo, pero cargado de furia.
Mikey lo soltó lentamente, intentando que puedan conversar y no hacer trizas la casa con una pelea. Probablemente si se ponían a matarse entre sí la más afectada de ello serías tú, y no quería eso.
Estaba dispuesto a recibir un golpe de ser necesario. Pero sabía que amabas a tu hermano, así que él no iba a tocarlo.
No retrocedió.
—Desde el día en que dejó de ser solo tu hermana para mí.
Otro golpe.
Esta vez sí le dio.
El puño impactó contra la comisura de su labio. La cabeza de Mikey se movió apenas hacia un lado. Sangre. Sintió un sabor metálico recorrer su lengua, con frustración pasó el dorso de su mano por su boca para limpiarla.
Keisuke lo miró enfadado, esperando el golpe que debiese venir pero Mikey no hizo nada, no lo golpeó.
Solo volvió a mirarlo.
—Si quieres golpear a alguien, hazlo —dijo, limpiándose la sangre restante de su comisura con el pulgar—. Pero no voy a arrepentirme.
Eso fue peor.
Jamás lo había visto tan serio y decidido. Keisuke lo vio descolocado, se dio cuenta que esto era algo mucho más serio. No sabía qué sentir, qué decir.
—¿Crees que esto es un juego? —escupió Baji, avanzando un paso. Mikey no retrocedió, levantó la mirada y lo miró a los ojos sin un ápice de duda.
—No, ni esto ni ella es un juego para mí.
La sangre seguía bajando lenta por su labio, pero no la limpiaba esta vez.
—Ella es mi hermana pequeña —soltó Baji, pasando una mano por su cabello, conteniéndose.
—Lo sé.
—Es menor que tú.
—Lo sé —masculló. Manjiro sabía que se llevaban un par de años de diferencia, era consciente y no le importaba lo suficiente.
—La conoces desde... pequeña, joder. Eres un imbecil —Keisuke lo empujó con ambas manos en su pecho, Manjiro se movió levemente —. ¿cómo mierda cruzaste esa línea?
Ahí Mikey titubeó apenas. Simplemente recordando todo, a ellos y a como se desarrolló su relación. Y ese microsegundo fue suficiente para Baji notarlo.
Y explotó
El siguiente golpe no fue anunciado, iba directo a su rostro. Impactó en el pómulo ya herido y rozó su nariz. El sonido fue seco. Manjiro trastabilló un paso atrás, chocando contra la pared.
—¡No te quedes callado! —rugió Keisuke—. ¡Respóndeme!
Mikey levantó la vista.
Sangre.
Su respiración se hizo pesada. Esta vez pudo sentir como su nariz sangró un poco. Conocida que los puñetazos de Baji eran fuertes, siempre usaba sus manos en las peleas y sabía que era su mejor arma. No le sorprendió que con solo tocar un poco su nariz esta haya sangrado. Respiró un par de veces, contó hasta diez y se quedó quieto, no contraatacó.
Baji lo tomó del cuello de la camiseta y lo estampó contra la pared otra vez.
—¡Te pregunté cómo cruzaste esa línea!
Mikey lo sujetó de las muñecas, fuerte esta vez.
—Simplemente sucedió. Ya deberías saber que tu hermana ya no es una niña, Baji —dijo, bajo pero firme.
Eso fue como echar gasolina a una fogata.
Baji le dio otro golpe, esta vez en el abdomen. Mikey soltó el aire, pero no cayó.
—¡Es mi hermana!
—Y no es tu propiedad —respondió, escupiendo sangre a un lado.
Baji lo empujó otra vez, respirando como si hubiera corrido kilómetros.
—¿La tocaste? —la pregunta salió rota.
Mikey sostuvo su mirada.
—Ya te lo dije —le miró fijamente —. No hice nada que ella no quisiera —Baji intentó volver a golpearlo pero Manjiro lo sujetó y dio vuelta, estampó su mejilla en la pared y sujetó sus brazos por detrás de la espalda —. Cálmate ya, _________ llegará y no puede vernos así.
—¿Y ahora te preocupa? ¡Tú la metiste en esto!
—¡No la metí en nada! —gruñó Manjiro, apretando los brazos de Baji contra su espalda—. Ella decidió estar conmigo
Keisuke forcejeó.
—¡Decidir qué, maldito imbécil!
—Ya basta, chicos —Emma se asomó por el pasillo nuevamente.
—Ella decidió que sea yo — Manjiro lo siguió sujetado contra la pared. Keisuke rió irónico —. Tú la sigues viendo como una niña, yo no.
Baji dejó de forcejear por un segundo. Realmente, la veía como lo que era, su hermana pequeña. Y conocía a Mikey, sabía lo que hacía su amigo años atrás, como es de peligroso con los demás.
Mikey lo soltó. Keisuke se giró de inmediato y lo empujó del pecho.
—¿Desde cuándo vienes a mi casa? —preguntó, más bajo.
—Desde cuando ella me deja entrar.
Fue directo y sincero. Baji miró como se le formaba un moretón en la mejilla, y su camiseta ahora teñida de rojo en ciertas partes. Parpadeo, mirando el suelo.
—Tú no eres para ella —dijo finalmente.
La rabia ahora dio paso a la seriedad, Baji estaba seguro de lo que decía y no hizo falta más acciones, solo habló. Majito se mantuvo de pie, viéndolo con sutileza.
—Tú atraes problemas. —Baji alzó la vista otra vez—. Sangre. Enemigos. Policía. Todo lo que tocas termina en peligro —Manjiro apretó la mandíbula, rechinando los dientes —Ella no es como nosotros. Ella todavía puede tener una vida normal. Universidad. Trabajo. Lo que sea. —Señaló el suelo con el dedo—. Tú la vas a arrastrar a esta mierda.
Sonó más maduro que nunca. Es verdad que seguían en la pandilla, algunos tenía trabajos adicionales pero sus reuniones no han cesado. Todos conocían a Manjiro Sano y Keisuke Baji, todos conocían la ToMan. Y si bien, eras hermana de Baji, tu vida había resultado más normal de lo que se esperaría. Te encontrabas trabajando para ir a la universidad en el próximo semestre, y eso todos lo sabían.
—No la voy a arrastrar a nada —Manjiro negó con la cabeza —. Sé a lo que te refieres, tengo a Emma, ¿sabes? —apuntó a su hermana, que estaba detrás de él —. Entiendo lo que dices, pero, no. Yo me encargaré de que haga lo que ella quiera sin ningún inconveniente. No voy a permitir que nadie la toque ni que la metan en nuestros conflictos.
—¿Y cómo piensas hacer eso? —se burló Baji—. ¿Dejarás de ser tú?
—Si tengo que hacerlo lo haré —sentenció.
Sus ojos se abrieron de par en par, tal declaración le dio de lleno. ¿Manjiro dejaría todo por ella?
—Si algo relacionado a la pandilla le afecta —dio un paso más cerca de Baji —. La ToMan se acaba. Esto termina —su voz estaba teñida en verdad. Su expresión no titubeó, él habló firme —. Y si decides acabar nuestra amistad, está bien. Estoy dispuesto a mandar al carajo todo lo que he construido por ella.
—Tú no abandonas lo que construyes —dijo Baji más bajo.
—Ahora tengo otras prioridades —su mirada caló en lo más hondo —. A ella no la abandonaré jamás.
Baji dio un paso atrás.
—Tú eras el primero en decir que la pandilla era lo único que importaba —continuó, la voz más baja ahora—. Que la ToMan era tu familia.
—Lo sigue siendo.
—Entonces no puedes simplemente...
Se quedó callado.
—Estoy eligiendo no perderla —dijo en un tono de voz más bajo, diferente.
Silencio.
Emma miró a ambos, entendiendo que esto ya no era una pelea.
Era un punto de quiebre. Manjiro estaba dispuesto a algo que nunca hubiese dicho en su vida, con tal de estar con su hermana. Ahí él se dio cuenta que esto no podría ser pasajero o un simple lío entre ambos.
Baji levantó la vista una última vez.
—Si la haces llorar —dijo, muy bajo— no voy a pelear contigo como amigo.
Mikey sostuvo su mirada.
—Lo sé.
Y justo en ese momento, llegaste corriendo hacia ellos. Emma te miró con cautela, y luego vio a su hermano. Intentaste calmarte cuando los viste de pie y no destrozando la casa, pero al notar sangre que recorría la nariz y la boca de Mikey rápidamente te acercaste a él.
No dijiste nada, tus manos sujetaron su rostro y te acercaste a él, inspeccionándolo. Al sentir tu piel, Manjiro se relajó y se dejó caer hacia ti, apoyando su frente en la tuya y sujetando tus brazos más cerca de él.
—¿Qué hicieron...? —murmuraste, con la voz temblando mientras tu pulgar rozaba la sangre en su labio. Acariciaste su labio superior, suave y rosa. Te regaló una tierna sonrisa.
—Nada —respondió Mikey bajo, sin apartar la mirada de tus ojos.
Baji observó la escena en silencio.
Ya habías visto que tu hermano no tenía ningún rasguño, así que te demoraste un poco más en girarte hacia él y verlo finalmente. Sujetaste el brazo de Manjiro cerca de ti, simplemente queriendo tocarlo. Keisuke los miró a ambos, pudo notar su complicidad fácilmente y volvió a preguntarse desde cuando pudo ser tan ciego de no verlo antes.
—¿La amas? —preguntó de pronto. Su mirada se volvió a fijar en su amigo.
Mikey no dudó.
—Sí.
Sin titubear. Sin bajar la mirada. Keisuke sintió que algo le apretaba el pecho. Podía notar a kilómetros que no mentía, lo conocía.
—__________ —habló tu hermano. Te miró por primera vez y le devolviste la mirada, pidiendo que te entienda. Él no pudo preguntar, pero asentiste, sabiendo que quería decir.
Mikey respiró hondo.
—No estaría aquí recibiendo tus golpes si no fuera así —mencionó Manjiro, intentado disminuir la tensión.
Silencio.
Emma bajó la mirada desde el pasillo.
Baji pasó una mano por su cabello con frustración, girándose unos pasos como si necesitara espacio para pensar.
—Es mi hermana —murmuró otra vez, pero ya no sonó como reclamo. Sonó como recordatorio para sí mismo.
—Lo sé.
—Si la haces sufrir...
—No lo haré.
—No te estoy advirtiendo como líder —añadió Baji, volviendo a mirarlo—. Te estoy hablando como su hermano.
Mikey sostuvo su mirada sin retroceder.
—Y yo te estoy respondiendo como alguien que no piensa soltarla.
El aire entre ellos estaba cargado. Manjiro bajó su mano para entrelazarla con la tuya, su toque te calmó de inmediato. No habías notado lo nerviosa que estabas ni que estabas temblando ligeramente por el estrés. Al fin y al cabo sabías que debía saberlo tarde o temprano, pero esto te tomó desprevenida.
Baji bajó la vista hacia la camiseta que aún estaba en el suelo.
Luego volvió a mirar a Mikey.
—¿Cuándo pensaban decírmelo?
Ibas a abrir la boca para contestas pero él mismo te cortó.
—Olvídenlo, no me digan nada.
Presiono el puente de su nariz e inhaló con fuerza, pausó y luego exhaló de igual forma. Volteaste hacia Manjiro, intentando comprender que sucedería ahora. Él pareció entender. Su agarre en tu mano se apretó y acarició con su pulgar el dorso.
Keisuke aplanó sus labios, sin poder decir nada. Ya había entendido, ¿lo había aceptado? aún estaba procesándolo, no sabía cuánto debía esperar para poder verlos como pareja. Sin embargo...
Keisuke soltó una risa fingida, y comenzó a caminar. Paso por tu lado y acaricio la cima de tu cabeza, revolviendo tu cabello. Te sorprendió cuando sonrió, sentiste una calidez cubrir tu interior que apagaba por completo la ansiedad.
Baji observó al rubio unos segundos más, evaluándolo como si lo estuviera viendo por primera vez.
Luego negó con la cabeza.
—Siempre supe que eras un problema —murmuró—. Solo no pensé que ibas a meterte en el mío.
Pero ya no había veneno en sus palabras. Solo resignación. Emma soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo y al fin pudo relajarse.
Tú aún sostenías la mano de Manjiro, notando cómo su pulgar seguía moviéndose sobre tu piel, casi inconscientemente. Como si necesitara asegurarse de que estabas ahí.
Baji caminó hacia la puerta. Pero.. se detuvo justo antes de salir.
—No se atrevan a hacer esto —los apuntó a ambos—. en mi casa —añadió sin mirarlos directamente.
Típico de Baji, pensaste.
Eso, curiosamente, fue su forma de aceptarlo.
La puerta se cerro y reinó el silencio. Emma decidió irse, no sin antes dejar una fuerte palmada en la espalda de su hermano, dándole apoyo moral.
Tú miraste a Manjiro, quien seguía viendo el lugar donde había estado Baji.
Y por primera vez desde que entraste... dejó caer la fachada.
Se giró antes de volver a apoyar su frente contra la tuya.
—Lo siento —susurró.
No por amarte, sino por haberlo hecho así. Él no quería, nunca quiso que pasarás por esta situación de forma estresante. Al verte llegar agitada, con el miedo dibujado en los ojos, algo se le apretó en el pecho. Negaste suavemente, acariciando su mejilla.
—No te disculpes —murmuraste, deslizando tu pulgar por la marca rojiza en su mejilla—. Iba a pasar tarde o temprano. Además, yo era quien te decía que aún no le digamos.
Y era cierto. Manjiro nunca estuvo muy de acuerdo en ocultarlos, en ocultarte. De ser por él, desde que le empezaste a gustar lo hubiese gritado a los cuatro vientos.
—No quería que lo supiera así.
Mikey cerró los ojos un segundo bajo tu tacto. Como si tu mano fuera lo único que necesitaba para calmarse.
—Lo sé —susurraste.
—¿Estás bien? —preguntó de pronto, abriendo los ojos.
Te sorprendió.
—¿Yo?
Asintió.
—Llegaste corriendo. Estabas temblando.
Te diste cuenta entonces de que aún no te había soltado del todo. Y tú tampoco a él. Esbozaste una leve sonrisa y te estiraste para dejar un pequeño beso en sus labios. Sonrío de inmediato.
—Estoy bien —susurraste—. Me asusté, eso es todo.
Mikey apoyó su frente con más firmeza contra la tuya. Esta vez sus brazos pasaron por detrás de tu espalda y te abrazó hacia el.
—No quiero que vuelvas a asustarte por mi culpa.
Ahí lo miraste. La culpa teñía su expresión, sus cejas haciendo ademán de juntarse y sus ojos levemente vidriosos.
—No fue por tu culpa.
Se miraron otra vez, más tranquilos luego de ser conscientes de no tener que ocultar más secretos. Manjiro apretó tu cuerpo entre sus brazos y te alzó, cargó tu cuerpo hasta que pudiste estar a su altura para poder besarte con mayor fervor. Sus labios se unieron en sintonía, no tan brusco para no dañar su labio roto pero si lo suficiente firme para transmitir lo mucho que necesitaban esto.
Y por primera vez desde que comenzó todo, no estaban escondiéndose. Solo estaban de pie, juntos.













