La última película de Darren Aronofsky, estelarizada por Brendan Fraser (nominado al Oscar por su interpretación en esta obra), sigue las preocupaciones del director por las adicciones, la tristeza, la dependencia, la depresión. Tiene un final paralelo al de El Cisne Negro (basada en Perfect Blue (1997), de Satoshi Kon), en la que el personaje principal parece lograr algo, obtener eso que aparentemente es el motivo por el cual ha luchado toda la película, en el caso de Nina (Natalie Portman), parece ser el reconocimiento de ser la mejor bailarina, venciendo su demonio interno que la hace sentirse insuficiente en ese mundo tan competitivo. Para Charly, el personaje de Fraser, parece ser la afirmación de que puede que haya hecho algo de valor en la vida, que su vida no careció de valor.
Ambos mueren, quizá esa idea final les permite tener un último momento de paz.
La selección de aspecto de la película enfatiza el encierro en el que vive Charly (4:3 - por eso se ve cuadrada). Las tomas, generalmente con paletas de color más bien oscuras, están siempre saturadas (cosa que resultó incómoda de ver por los subtítulos en blanco), a veces en absoluto caos y otras de manera más ordenada, con estantes llenos de libros, con lluvia constante o neblina, con Charly, que nunca cabe totalmente en la toma. Una de las pocas escenas exteriores y con mayor contraste es cuando Liz (Hong Chau) le explica a Thomas (Ty Simpkins) -y a su vez a la audiencia- a quien perdió Charly (y ella).
Quizá no debería, pero mientras la veía, todo el tiempo pensaba en qué recursos ha ocupado Aronofsky en sus cintas anteriores, como Cisne Negro (2010) y Requiem por un sueño (2000). Aunque con soundtracks originales, me remiten constantemente a música instrumental de otros autores. En Cisne Negro es evidente que tenía que ser así. En La Ballena ocurre otro tanto, pero a la fecha no puedo saber a que me recuerda. El ambiente sonoro está construido con cuerdas que suenan al mar, a la playa, incluso tiene sonidos de aves, es pesada. Disfruto mucho que el audio sea un elemento de construcción de la escena, porque además tenemos varios momentos de silencio, de audio de ambiente, donde se nos muestra la cotidianidad de Charly, quizá de manera pornográfica, vemos su lentitud al moverse, la dificultad para dormir y bañarse, enfatizada por cuerdas de baja frecuencia que suenan a barcos, a cantos de ballenas.
Abundan las historias en las que se enfatiza lo importante de arriesgarse a ser y hacer lo que uno quiere, a soltar todo y largarse para poder vivir la felicidad. Pero nadie en esta historia parece haberse beneficiado de este salto al vacío. Claro que esto pasa en las cintas de Aronofsky, es una historia muy triste. A pesar de exponernos este patetismo, de explicarnos las fuentes de su tristeza, Charly no queda como una víctima, es un ser humano que tomó decisiones, se arrepiente de sus decisiones, se siente culpable y es esa culpa la que lo hace querer morirse, comer a atracones, buscar desesperadamente un vínculo con su hija (Ellie), a quien no ha visto en años, incluso lo hace querer autodestruirse. Charly no es el único que pierde, ese contraste redimensiona su posición.
Recuerdo un poco After Life, de Ricky Gervais, la mayor parte de la serie, obviamente, se centra en la pérdida de Tony (Interpretado por el propio Gervais), pero en algún capítulo llegamos a la conversación con Matt, su cuñado, quien expone que desde la muerte de su hermana (esposa de Tony) se ha dedicado a cuidarlo y no ha podido vivir su propio duelo. Liz, amiga y cuidadora de Charly, está en la misma posición que Matt. Conoce a Charly, lo cuida incluso de la posibilidad de ser lastimado por Ellie (Sadie Sink), pero también expone que está cansada de cuidar a alguien que se ha abandonado hace tanto.
Me pareció visualmente diferente a las otras dos cintas, quizá porque siempre estamos viendo a Charly desde afuera. ¿Para enfatizar su encierro? Requiem y Cisne Negro, por el contrario, siempre están enfatizando la vista de los personajes, sus ilusiones, alucinaciones, deseos y temores. Podría ser para enfatizar cómo se ve Charly, porque incluso en más de una ocasión pregunta si es repugnante, también podría ser porque Charly así se ve a sí mismo. Si no viéramos su obesidad no veríamos lo horrible que él se siente.
Recientemente leí que la comunidad XXL opina que el uso de prostéticos para aparentar obesidad en los actores es una absoluta falta de respeto. Entiendo que cuando la obesidad es un tema de burla y comedia (como suele pasar en los medios audiovisuales), el que te pongas una panza falsa es ofensivo e hiriente; pero, ¿Qué ocurre en este caso? Fraser comenta que él tuvo depresión y muchos kilos más de como lo vemos en las fotografías más recientes. ¿Eso lo pone en una situación diferente a alguien esbelto? Verdaderamente quiero aprender, leerles si tienen una opinión al respecto, no tanto si les parece una exageración o no, o inculso si es así, por qué les parece una exageración.
¿Ustedes que opinan? ¿Alguien acá se identifica con este discurso?
Yo, el zorro estelar, quizá he vuelto, quizá no.