La eternidad, después de los pasillos del súper y la estación de Cambrils en verano, es la incompatibilidad tecnológica. Joder, antes podías pasar la aspiradora por el lavavajillas y batir la mayonesa en la lavadora y todo daba vueltas igual. O puede que la memoria me falle y resulte que todos los enchufes eran, oh, iguales y los electrodomésticos duraban casi toda la vida, al menos la suya. Ahora mi televisor es incompatible con cierto servicio de cine y televisión, que a su vez es imposible ver a través de mi tableta conectada a mi tele porque ese modelo de tableta es incompatible. Podría conectar mi nuevo móvil a la tele, pero resulta que ahora los esmarfons llevan microtarjeta SIM y mi SIM colosal, mi SIM GIGANTE, no cabe en el móvil y tengo que salir a por un duplicado micro. Y de todos modos, no me sirve, porque al final mi tele impide la entrada de audio de cualquier cosa compatible con el sonido.
Nadie oye tus gritos en mi tele.
¿No podía valer la misma tarjeta para todo? Sobre todo teniendo en cuenta que mi nuevo teléfono es bastante más grande que el antiguo (e inservible ya con solo dos años) y le cabría una tarjeta el doble de GRANDE.
Y encima todos esos cables que nos dan cada vez que compramos un dispositivo electrónico no sirven para nada, son basura espacial. Los he probado todos y ninguno encaja en ningún sitio. Los fabrican para volvernos locos. Es obsceno. Cada nuevo modelo de ordenador, de teléfono, de tostadora: un nuevo modelo de cable, de entrada, de enchufe, de agujero. Cada año un libro de matemáticas nuevo, aunque nadie haya descubierto nada mejor que las matemáticas del año pasado, un libro cuyo forro es incompatible con su lomo.
Hoy, hoy, ahora, cada aparato tiene su cable, que a su [pun intended] vez necesita su adaptador. ¿No se podía hacer un cable para todo, con su pitorro para todo, como un botijo? La eternidad es un artesano de los de ahora, actualizado con la última versión del último sistema, que hace pitorros de botijo incompatibles con tu boca; la eternidad es morir de sed porque tu modelo de botijo ya no se fabrica. Y ahora mismo ya alguien está fabricando un cable cuyos extremos son incompatibles entre sí, un cable cuyos mismísimos componentes son incompatibles entre ellos, un cable que será imposible materializar porque cada uno de sus átomos es incompatible entre sí y con los dedos de un montador incompatible con un horario incompatible con su vida.
La eternidad es todo eso y arruinar expresiones como échame un cable. (¿¿¿Cuál???) El apocalipsis se adelantará porque alguien apretará el botón incompatible con la salvación del mundo y solo sobrevivirán cucharachas incompatibles con la marihuana, que no te podrás fumar porque necesitarás un adaptador que será, con toda probabilidad, el adaptador equivocado. Y de todas formas, no sabrás hacer fuego porque ya solo sabremos apretar botones que no sirven.