Sean santos, porque yo, el SEÑOR su Dios, soy santo— Levítico 19:2

#batman#dc comics#bruce wayne#tim drake#dc#batfam#dick grayson#dc fanart#batfamily
seen from United States
seen from Japan

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from China
seen from China
seen from United States
seen from China
seen from China
seen from United States
seen from China
seen from China
seen from United States

seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from United States
seen from China

seen from India
Sean santos, porque yo, el SEÑOR su Dios, soy santo— Levítico 19:2
"Ama il prossimo tuo come te stesso" (Levitico, 19:18). Troppo spesso ci dimentichiamo di quel 'come te stesso'. L'amore di sè, dunque, non come autocelebrazione narcisistica ma come base fondante della possibilità di amore per l'altro. "Se posso dire a un altro “ti amo”, devo essere in grado di dire “amo tutti in te, amo il mondo attraverso te, amo in te anche me stesso”. Se un individuo è capace di amare in modo produttivo, ama anche se stesso; se può amare solo gli altri, non può amare completamente. La capacità di stare soli è la base per la capacità di amare l'altro." [E. Fromm] La coppia è l'unione di due unità, non di due metà.
Si la homosexualidad no fuera pecado, Dios no lo señalaría como medio de perdición. Dios no cambia y la ha condenado, lo hace y lo hará mañana. Pero la homosexualidad no es lo único que se marca en la Biblia como error
Saber si está bien usar piercing o tatuajes se hace difícil de entender para muchos en un tiempo donde los hábitos de vida se están imponiendo por la moda, el contacto con otras culturas y por los medios de comunicación. Existe demasiada información que genera mucha confusión y no es raro que la gente ni siquiera se pregunte su hay problema en usar piercing o aún esté dudosa, si conoce de Dios, sobre cual conducta que se debe tomar para agradar al Señor antes de realizarse un tatuaje.
El Salvador trataba constantemente con los hombres, no para alentarlos en cosa alguna que no estuviese de acuerdo con la voluntad de Dios, sino para elevarlos y ennoblecerlos. “Me santifico…—declaró—para que también ellos sean santificados”.
Ponte de pie en presencia de los mayores. Respeta a los ancianos. Teme a tu Dios. Yo soy el SEÑOR— Levítico 19:32
No se vuelvan a los adivinos ni a los espiritistas, ni los busquen para ser contaminados por ellos. Yo soy el SEÑOR su Dios.— Levítico 19:31
Donde terminan las reglas, comienza la sombra
Hay libros que no se leen, se evitan. Levítico ha sido uno de ellos durante mucho tiempo. No porque no diga nada, sino porque dice demasiado. Porque no consuela al ego. Porque no ofrece caminos rápidos. Porque no deja al hombre en el centro.
Durante años fue reducido a una lista de reglas antiguas, a sacrificios que ya no entendemos, a un lenguaje que parece ajeno. Pero Levítico nunca quiso ser cómodo. Nunca quiso ser claro para la carne. Fue escrito para revelar una grieta: la distancia entre lo que el hombre es y lo que necesita ser para vivir.
Cuando se mira con atención, el texto no grita. Susurra. Repite una verdad una y otra vez, con sangre, con fuego, con silencio: no puedes llegar por ti mismo.
El Estudio del libro de Levítico nace de escuchar ese susurro. No de corregirlo, ni de maquillarlo, sino de dejarlo hablar. De permitir que cada sacrificio diga lo que siempre quiso decir. Que cada altar señale algo más allá de sí mismo. Que cada norma imposible cumpla su función: llevar al límite… y romperlo.
Nada en Levítico está puesto para perfeccionar al hombre. Todo está ahí para mostrar su fragilidad. El sacerdote no salva. El sacrificio no es definitivo. El rito se repite porque nunca alcanza. Y en esa repetición cansada se proyecta una sombra, cada vez más clara, cada vez más precisa.
Una sombra que no es ausencia, sino promesa.
El Estudio del libro de Levítico no convierte el texto en algo moderno. Hace algo más incómodo: lo devuelve a su verdad original. Muestra que la santidad no se construye. Que la culpa no se gestiona. Que el reposo no se practica. Todo eso se recibe, o no se tiene.
Hay algo profundamente contracultural en este libro. En un mundo obsesionado con el “puedes”, Levítico insiste en el “no puedes”. En una cultura que empuja a encontrar dentro, Levítico señala siempre hacia fuera. En un sistema que premia el esfuerzo, Levítico deja al esfuerzo sin premio.
Y sin embargo, no es un libro oscuro. Es honesto. Es un texto que no promete lo que no puede cumplir. Por eso, cuando se entiende, descansa.
El Estudio del libro de Levítico no añade luz artificial. Solo quita capas. Quita la prisa. Quita la culpa mal entendida. Quita la religión. Y lo que queda es una sombra nítida, constante, imposible de ignorar.
Una sombra que no apunta al pasado, sino a alguien que estaba por venir.
Quizá Levítico no sea el libro que queríamos leer. Pero tal vez sea el libro que necesitábamos para dejar de fingir que podemos.