En la vida todos estamos sujetos a recibir golpes, al encuentro con el dolor, a las pérdidas, a la derrota. Todos estamos sujetos a retos, a adversidades. En ello, es muy importante saber ser residentes, soportar los embates y circunstancias propias de la vida. Pero más allá de ello, quizás en lo que nos deberíamos enfocar es en ser longánimas, practicar la virtud de la longanimidad. El ser humano puede aprovechar la adversidad , puede aprovechar el dolor, no solamente par soportarlo, sino para ser mejor. Los seres humanos, cuando superamos el dolor, nos volvemos mejores. Recordémoslo: superar una adversidad i incrementa nuestra capacidad para ser felices.
Tengamos en mente la divisa antropológica que Hemingway planto en "El viejo y el mar" : “Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”. No todos los hombres, se entiende: sólo aquellos, los héroes de sus ficciones: guerreros, cazadores, toreros, contrabandistas, enamorados, hombres comunes que superan el miedo, aventureros de toda suerte y condición, que, como el pescador, están dotados de la virtud emblemática del héroe hemingwayano: el coraje.














